Alivio y cautela en Europa por la apertura de Ormuz, cuando le queda poco combustible para aviones


El anuncio de Teherán de que el Estrecho de Ormuz queda abierto de inmediato a la navegación de buques comerciales de cualquier nacionalidad provocó un suspiro de alivio en las capitales europeas y en los cuarteles generales de las compañías aéreas, porque la situación es tensa y hasta el jueves empezaba a pensarse que los aviones iban a quedarse pronto en tierra.
Fatih Birol, director de la Agencia Internacional de la Energía, dijo el jueves en una entrevista a la agencia Associated Press lo que los dirigentes nacionales europeos y de las instituciones de la Unión Europea no se habían atrevido a decir en público: Europa tiene combustible para aviones para seis semanas y la temporada de viajes turísticos del verano boreal, muy importante económicamente para muchas regiones europeas, no está asegurada.
El anuncio iraní tranquiliza un poco a los europeos, pero la Comisión Europea sigue adelante con sus planes para presentar la próxima semana un plan que debe asegurar capacidad de refino suficiente con la infraestructura que hay en Europa. Se trata de hacer un inventario de refinerías europeas que podrían producir más combustible para aviones, incluso de tomar medidas coercitivas si fuera necesario.
Algunas aerolíneas ya empezaron a tomar medidas, sobre todo porque el precio del carburante se ha duplicado y equivale aproximadamente a un tercio del costo operativo de las aerolíneas. La holandesa KLM, del mismo grupo empresarial que la francesa Air France, suspendió ya más de 80 vuelos.
La alemana Lufthansa suspendió toda la actividad de su filial CityLine. El 15% del combustible para aviones que se sirve en los aeropuertos europeos tiene que pasar por el Estrecho de Ormuz, según los datos que maneja la Comisión Europea.
Birol cuenta en la entrevista que la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y la respuesta del régimen iraní atacando a sus vecinos del Golfo Pérsico que acogen bases estadounidenses provocó “la mayor crisis energética que hemos enfrentado jamás”.
Birol advierte que el impacto de la crisis será “precios más altos de la gasolina, precios más altos del gas, precios más altos de la electricidad”. Aunque los precios mayoristas del gas en el mercado europeo son, de hecho, incluso más bajos porque el bloque aprendió a diversificar suministradores cuando tuvo que dejar de comprar gas ruso.
Birol lleva semanas advirtiendo a la Comisión Europea y su agencia publicó hace más de un mes una lista de medidas a tomar por los gobiernos para reducir el consumo energético. La Comisión Europa ya copió algunas de esas ideas en recomendaciones enviadas a los gobiernos.
Se trata de tomar medidas como el fomento, e incluso la obligatoriedad, del teletrabajo al menos un día a la semana, abaratar los precios del transporte público o limitar la velocidad en autopistas porque un auto a 100 kilómetros por hora gasta hasta un 15% menos que un auto a 120 kilómetros por hora.
La expectativa de una reducción de suministros de hidrocarburos está haciendo crecer la inflación. En marzo el aumento del índice de precios al consumidor de la Eurozona alcanzó el 2,6% en la Eurozona, cuando en febrero fue del 1,9%, tasa ideal porque entre las tareas del Banco Central Europeo está la de mantener la inflación justo por debajo del 2,0%.
Con 2,6% el Central europeo tendrá que tomar medidas en las próximas semanas o meses para contenerla, forzando una subida de tasas que hará daño a muchos países del bloque, que apenas crecen más allá del 1% anual. En el conjunto de la Unión Europea esa inflación es ya del 2,8% cuando en febrero, antes de la guerra, era del 2,1%.
La inmediata apertura del Estrecho de Ormuz a la navegación comercial internacional debe hacer que los temores de la falta de combustible y la subida de la inflación puedan contenerse en las próximas semanas o meses, pero los europeos aprenden con esta crisis que no pueden fiarse de suministradores que pueden dejarlos sin combustible. O que la guerra puede reanudarse en cualquier momento si el Gobierno de Benjamin Netanyahu decide que le interesa que la guerra siga, aunque no sea del interés de Estados Unidos.
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