¿Descontrol, retroceso o estrategia de negociación con China en la mira?


Desde que asumió el 20 de enero, especialmente en las últimas semanas, Donald Trump tiene al mundo en estado de alerta total. Los mercados globales tiemblan y viven desde hace semanas montados en dramáticas montañas rusas, sobre todo desde que el presidente anunció la imposición de aranceles a todo el mundo, en el llamado Día de la Liberación.
En estas semanas implantó tarifas globales, algunas a niveles inéditos, las pausó, las subió, las bajó, negoció, amenazó, y finalmente este miércoles congeló el aumento a la mayoría de los países del planeta para darles una pausa de 90 días para negociar, pero enfocó los cañones contra China al imponer un arancel del 125%.
Trump implementó al pie de la letra algunas reglas de su comportamiento descriptas en su libro “El arte del acuerdo”, que escribió hace décadas, cuando era apenas un ambicioso empresario inmobiliario neoyorquino.
La primera es negociar desde una posición de fuerza. Primero hay que atacar y atacar de entrada: “Al que viene con un cuchillo, responder con una bazooka”, dice. El segundo es tratar de lograr un acuerdo y, si hay un problema, negar todo. El tercero: nunca admitir una derrota y siempre cantar victoria.
El mundo pudo ver en estos días un poco de su libreto. Trump ya había advertido en su campaña que impondría aranceles con el objetivo declarado de equilibrar el desbalance con algunos países y estimular la economía estadounidense. Pero fue 10 veces más a fondo que en su primer mandato: colocó una bomba neutrónica con sus tarifas globales, un nivel que no se veía desde antes de la Segunda Guerra Mundial. Allí atacó inéditamente a aliados y enemigos casi sin distinción.
Desde allí pudo ver los daños de su ofensiva: un descalabro tremendo en los mercados y en el comercio global no solo por las tarifas sino por el nivel de incertidumbre si realmente las implementaría o no. Economistas, analistas, los más importantes bancos de inversión, el FMI, la Reserva Federal e incluso miembros de su propio partido le advirtieron que la economía global y la de Estados Unidos se encaminaba a una recesión y a una posible espiral inflacionaria. Como indicaba su regla número dos, Trump nunca admitió este problema que era inevitable y que incluso podía dañar las chances electorales el año próximo.
¿Ante estas fuertes presiones Trump retrocedió? Subió los aranceles a China del 104% al 125%, lo cual es claramente una escalada. Pero al mismo tiempo, suspendió durante 90 días la aplicación de aranceles a la mayoría de los otros países. Esto se interpreta como un gesto para abrir una ventana de negociación, evitar un conflicto comercial global inmediato, y concentrarse primero en China, que es su objetivo principal. O sea, con China, Trump está duplicando la apuesta, pero con el resto del mundo, retrocede o pisa el freno, posiblemente para no aislarse totalmente o no ahogar la economía de Estados Unidos para no provocar un daño electoral en las legislativas del 2026.
Francesco Bianchi, director del Departamento de Economía de la Universidad John Hopkins dijo a Clarín que “Trump no está cambiando completamente de opinión sobre los aranceles. Una posible explicación es que quiere dar tiempo a algunos países para negociar un acuerdo. También es posible que ahora esté más centrado en la creciente confrontación con China. Posponer el drástico aumento de aranceles para otros países permitiría a su administración centrarse en lo que considero su principal objetivo. Esta estrategia también podría obligar a otros países a elegir un bando: Estados Unidos o China”.
El caos no es amigo del bolsillo. Que suban los precios de productos de consumo habitual en EE.UU. como zapatillas, celulares y automóviles, menos. Endurecerse con China le sirve para mostrar firmeza ante su base, mientras que posponer medidas para otros países le da margen para no tensar demasiado la economía global, que podría volverse en su contra antes de noviembre.
Trump ya cantó victoria, su regla de oro número tres. Pero la escalada con China sigue y aún puede tener fuertes consecuencias comerciales que terminen golpeando a los estadounidenses y a las ambiciones electorales de Trump.
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