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La vertiginosa ascensión de Paula Blasi: “Otras huyen de la presión, yo la necesito” | Ciclismo | Deportes

Corona Paula Blasi (Esplugues de Llobregat, Barcelona; 23 años) el Col de la Gallina, en la escarpada Andorra, y baja, y sube, y vuelve a bajar a lomos de la Colnago, disfrutando de uno de esas largas sesiones de entrenamiento que tanto le entusiasman antes de sentarse a leer, tocar el piano o editar vídeos, su último pasatiempo, y valorar por vídeollamada una primavera de ensueño. En su primer curso completo en el WorldTour —subió del filial al primer equipo del UAE hace justo un año—, Blasi se ha graduado con honores: victoria en la Amstel Gold Race, podio en la Flecha Valona y quinta en su primer Monumento, la Lieja-Bastoña-Lieja. Semana fantástica la suya, pese a acudir sobre la bocina por las bajas de otras compañeras. “Ha sido un boom”, admite, pura energía también tras la pantalla, donde transmite una pasión desbocada por la disciplina y por la búsqueda de los límites humanos a pocas horas de enfrentarse (desde este domingo hasta el 9 de mayo) a su primera Vuelta a España.

Pregunta. Es la ciclista del momento.

Respuesta. Estoy asimilando todo aún, pero sí que es verdad que estos días he tenido la sensación de, tío, ¡por fin! Es difícil de explicar, porque obviamente no me esperaba los resultados que he tenido, pero también había algo dentro de mí de sentirme capaz. Ahora estoy en paz por haber podido demostrar de qué pasta estoy hecha.

P. La de las grandes ciclistas.

R. Es algo que vengo hablando desde hace meses con mi entrenador [Fran Escolá, con quien comenzó a trabajar en su etapa de duatleta, con 19 años]. Yo tenía unos números en los entrenamientos que no terminaba de sacar en las carreras. También porque, claro, al subir del equipo de desarrollo, me tocaba trabajar cada día desde el kilómetro cero hasta el 80; y aunque tengas unas piernas increíbles, eso te impide luchar por las victorias. Acabar en un top-20 así ya es una locura, porque has trabajado cuatro veces más que cualquier líder. En esos días, yo pensaba, ay, el día que no tenga que trabajar…

P. Pero a la Amstel Gold Race llegó sobre la hora por las bajas y con el objetivo de trabajar para sus compañeras. Y ganó.

R. Mi rol era trabajar, sí, pero cuando me vi en la fuga y sentí que podía ganar dije, mira, Paula, como se te ocurra dejar de dar un pedal ahora… ¡Llevas todo el año esperando este momento! En teoría no era una fuga para ganar, pero pensaba, mira, ya que estoy delante, voy a tratar de aprovecharlo y voy a tirar, tirar y tirar, porque si me dan cinco kilómetros y no me cierran el hueco, por mucho que haya una Demi [Vollering] o una Kasia [Niewiadoma], me voy.

P. Y se marchó sola.

R. Yo siempre entreno sola. Me gusta. Y ese día me dio ese venazo de decir, no quiero ir con nadie. Así que arranqué a Vinke [su compañera de fuga] y me fui. Luego cuando vi que quedaban 20 kilómetros a meta, pensé, uy, igual me he precipitado, pero oye, de perdidos al río. Tiré como una posesa, me puse lo más aero que pude y salió perfecto.

P. Empezó en este deporte hace solo dos años, cuando dejó atrás el duatlón, el triatlón y las carreras de medio fondo por las lesiones. ¿Se siente ya ciclista?

R. Uf, buena pregunta. En mi contrato pone que soy ciclista, y se me paga por ir en bici, así que diría que sí. Pero si lo pienso, creo que nunca voy a ser una ciclista convencional. Sigo saliendo a correr, sigo yendo a la nieve [practica skimo]… Lo único que ha cambiado en estos dos años es mi prioridad.

P. ¿El equipo entiende esa faceta multidisciplinar? ¿No le asusta el sobreentrenamiento?

R. Yo lo que trato de explicarles es que a mí me hace bien, que soy ciclista, pero también atleta. A mí, si me dejas sin salir a correr, te duro en el ciclismo un año. Me quemaría. Es verdad que todavía les cuesta entenderlo, y me dicen: “Paula, tienes que descansar, sin descanso no vas a mejorar”. Pero yo les respondo: “No salgo a correr para mejorar. Lo hago porque me hace conectar y estar en paz”.

P. Ahora, además, tiene resultados que refuerzan su postura.

R. Han pasado pocos días, pero ya he notado algunos cambios. En el equipo ha cambiado un poco mi rol: por fin soy final support [escalafón superior al de hace solo unas semanas]. Y se nota, porque, vale, no eres líder como tal, pero dejas de estar los primeros 80 kilómetros trabajando y comiendo viento. También he notado otras miradas dentro del pelotón. Tonterías como que Vollering te llame por tu nombre, por ejemplo. No cambia tu forma de pedalear, pero sí tu confianza.

P. ¿Siente más presión?

R. Es que eso de la presión… Siempre tendemos a decir que no hay que meter presión, o incluso veo a compañeras que huyen de ella, pero yo lo veo al revés: yo pido la presión. La busco y me gusta. Significa que se espera algo bueno de ti, así que me parece muy positiva. Es más, la necesito.

P. Llega la Vuelta a España, su primera grande. ¿Se ve capaz de ganarla?

R. A ver, ahora mismo no. ¡Sería muy loco, vaya! Pero mi objetivo sí es aspirar a ganar una Vuelta o un Tour de Francia. Creo que tengo el perfil para ello. En las grandes vueltas, además, puedo sacar provecho de mi punto fuerte: la recuperación. Con mi forma de entrenar, que es con muchísimo volumen, mi cuerpo se ha acostumbrado a recuperar muy, muy bien. Así que cuando todas acusen la fatiga, yo espero estar fresquísima. No puedo esperar a que lleguen esas últimas etapas en Asturias.

P. Les Praeres y el esperado Angliru, al fin en la Vuelta femenina y como colofón final.

R. Buah, ¡le tengo unas ganas locas! Y en realidad, es triste, porque en el pelotón femenino rara vez tenemos subidas así. Si queremos emoción, tenemos que ir a los grandes puertos. Somos profesionales, y este año tenemos una oportunidad de demostrarlo, así que estoy muy contenta. Ojalá nos pongan cada vez más, aunque las esprínters me odien por decir esto.

P. Y después de la Vuelta, ¿el Tour?

R. A ver, en mi calendario teórico no está, pero ya sabemos que estas cosas cambian de un día para otro. A mí me encantaría correrlo, está claro, pero antes tengo que hablar con el equipo. Sé que desde enero estoy como reserva y que hemos tenido algunas bajas, así que huecos hay, lo sé, pero no hay nada seguro todavía. Aún tenemos que reunirnos y ver qué pasa.




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