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Rohrmann: «Si se repiten las lluvias, podemos esperar crecientes más altas»

El ingeniero en Recursos Hídricos, Hugo Rohrmann, realizó un amplio análisis sobre la situación hidrológica del río Paraná y advirtió que la actual crecida podría representar solamente el comienzo de un período de mayor actividad, asociado al desarrollo del fenómeno climático de El Niño y a las precipitaciones que se esperan durante la temporada que se extiende hasta abril de 2027.
El especialista explicó que el calentamiento de las aguas del océano Pacífico ecuatorial continúa intensificándose y que, de acuerdo con las perspectivas climáticas que mencionó, entre octubre y diciembre se registrarían los mayores valores de calentamiento de este episodio.
En ese contexto, sostuvo que las lluvias abundantes sobre determinadas regiones de Brasil y las cuencas de los ríos Iguazú y Paraná provocaron el rápido ascenso del nivel del agua, con consecuencias directas para las localidades ribereñas del Chaco y Corrientes. «Este es el primer pulso, la primera crecida del río Paraná a consecuencia de ese fenómeno de El Niño que se está desarrollando en la zona del océano Pacífico ecuatorial», explicó.
Asimismo, Rohrmann manifestó su preocupación por la evolución del escenario hidrológico durante los próximos meses, especialmente porque la temporada de lluvias recién comenzó y el Paraná ya presenta niveles elevados. «En mi opinión, ahora hay que estar muy atentos, porque esta temporada de lluvia recién empezó, termina en abril y el río Paraná ya no está bajo como cuando empezó esta creciente», advirtió.

lluvias en Brasil e Iguazú explican el crecimiento del río
Al analizar las causas de la actual situación, Rohrmann señaló que las precipitaciones se concentraron principalmente sobre la cuenca del río Iguazú y sectores del Paraná próximos a la represa hidroeléctrica de Itaipú.
A diferencia de lo ocurrido en esas regiones, explicó que las lluvias en la parte norte de la cuenca del Paraná se mantuvieron dentro de parámetros relativamente normales.
Esta distribución desigual de las precipitaciones provocó un aumento considerable del caudal del Iguazú, acompañado por mayores descargas provenientes de Itaipú. «Esta crecida que llegó a 7.30 metros, 7,40 metros en Corrientes-Barranqueras fue motivada por mucha lluvia sobre la cuenca del Iguazú y sobre la cuenca del Paraná más cercana a Itaipú», detalló.
El especialista indicó que el funcionamiento de la represa brasileña también interviene en la evolución de los niveles del río, debido a que las autoridades deben regular las descargas cuando el volumen de agua alcanza determinados límites operativos. «Cuando ese límite se está por superar o se supera, abren las compuertas. Y eso es lo que se ha visto», señaló.
Según explicó, la combinación de precipitaciones intensas y mayores caudales provocó que el Paraná pasara de una situación de aguas bajas a niveles considerablemente superiores en un período relativamente breve. «Eso motivó que, en dos o tres semanas, desde un río bajo, acá en nuestra zona que estaba en tres metros, se llegó a esta altura máxima», precisó.

El descenso es lento y no se descarta un repunte
Rohrmann también se refirió al comportamiento reciente del Paraná y explicó que nuevas precipitaciones sobre la cuenca del Iguazú están dificultando un descenso más pronunciado de las aguas en las costas chaqueñas y correntinas.
Indicó que las lluvias registradas durante los últimos días estuvieron concentradas principalmente sobre el Iguazú, mientras que los aportes desde sectores superiores de la cuenca del Paraná fueron menores.
Esta situación permite, según su análisis, que Itaipú administre sus descargas sin generar incrementos adicionales significativos en determinados puntos del sistema. «Se están manteniendo ahí alrededor de 28 metros», indicó al referirse a los niveles en Puerto Iguazú.
Asimismo, explicó que la represa de Yacyretá cumple una función de regulación que influye sobre el comportamiento del río aguas abajo.
Sin embargo, aclaró que el descenso en la zona de Corrientes y Barranqueras continúa siendo muy lento. «Está descendiendo uno, dos, tres centímetros por día, prácticamente nada», describió.
Incluso advirtió que las condiciones hidrológicas podrían generar un nuevo incremento de los niveles durante los próximos días. «Hasta es esperable que de acá a una semana vuelva a crecer, a raíz de esa situación del río Iguazú, 10, 20 centímetros», sostuvo.
Por ese motivo, insistió en la necesidad de mantener un seguimiento permanente de las precipitaciones en Brasil y las cuencas que alimentan al Paraná.
El Niño podría generar crecientes hasta abril
Uno de los aspectos centrales del análisis de Rohrmann estuvo relacionado con la evolución del fenómeno de El Niño y sus posibles consecuencias durante los próximos meses.
El ingeniero explicó que este fenómeno climático no produce efectos uniformes sobre todas las regiones de Sudamérica, sino que su influencia depende de la distribución geográfica de las precipitaciones.
Como ejemplo, recordó el episodio de El Niño de 2023-2024, cuando las lluvias extraordinarias afectaron principalmente al estado brasileño de Río Grande do Sul y provocaron graves inundaciones en Porto Alegre, mientras que el Paraná no experimentó una crecida de magnitud comparable.
En cambio, sostuvo que el episodio actual presenta una distribución diferente de las precipitaciones, con mayor incidencia sobre las cuencas del Uruguay, Iguazú y Paraná, especialmente en sectores cercanos a Itaipú.
También mencionó al este de Paraguay, Misiones y parte de Corrientes entre las regiones que están recibiendo importantes aportes de lluvia.
Para Rohrmann, esta situación coincide con las perspectivas que habían planteado los servicios meteorológicos de la Argentina y Brasil.
«Ya se están confirmando los pronósticos de los servicios meteorológicos de Brasil y Argentina», expresó.
No obstante, remarcó que el principal motivo de preocupación es que todavía resta atravesar buena parte de la temporada lluviosa. «Si se repiten los mismos fenómenos de lluvia en cantidad y en la zona, es dable esperar nuevos crecientes del Paraná y más altas que esta», advirtió.
De esta manera, planteó que la evolución del río dependerá tanto de la intensidad de las próximas precipitaciones como de la frecuencia con que se produzcan y de los niveles que presente el Paraná antes de cada nuevo episodio.

Las mayores crecientes podrían ser en 2027
Al ser consultado sobre la altura máxima que podría alcanzar el Paraná, Rohrmann aclaró que no existe una manera precisa de establecer un valor definitivo, debido a la cantidad de variables que intervienen en el comportamiento de una cuenca de semejante extensión. «No, eso no se sabe, nadie lo puede afirmar, porque depende de qué cantidad de lluvia cae», respondió y explicó que una sucesión de precipitaciones abundantes durante varias semanas podría provocar incrementos mucho más importantes que los actuales.
Por el contrario, si los episodios de lluvia se producen con intervalos prolongados, el río podría mantener niveles semejantes a los presentes o registrar aumentos moderados. «Si esa cantidad de lluvia es consecutiva, a lo largo de dos, tres, cuatro semanas, un mes, lloviendo mucho, puede crecer en demasía, puede crecer mucho», señaló.
En ese sentido, el especialista planteó una advertencia de particular relevancia para las poblaciones ribereñas del Chaco y Corrientes: los mayores efectos hidrológicos del actual fenómeno de El Niño podrían manifestarse durante 2027. «En mi opinión, las máximas crecidas de esta consecuencia del fenómeno de El Niño en la cuenca del Paraná van a ser el año que viene», sostuvo.
Para fundamentar su apreciación, recordó que los grandes episodios históricos de inundación asociados a fenómenos intensos de El Niño se produjeron después de varios meses de precipitaciones.
Mencionó particularmente las crecientes de 1983 y 1998, cuyos máximos se registraron durante el otoño y el invierno. «La historia muestra que los fenómenos de El Niño fuerte o muy fuerte como este han generado las máximas crecientes a partir de marzo, abril del año siguiente», afirmó.
Según explicó, después de seis o siete meses de lluvias abundantes, los suelos alcanzan elevados niveles de humedad y los sistemas hídricos acumulan grandes volúmenes de agua.
En esas condiciones, nuevas precipitaciones pueden provocar respuestas más rápidas e intensas de los ríos. «Todos los sistemas hídricos están muy cargados, los suelos llenos de humedad, después de seis o siete meses de mucha lluvia», explicó.
Por esa razón, consideró que el seguimiento de la situación debe extenderse durante toda la temporada y no limitarse al descenso de la crecida actual.

Los antecedentes de 1983 y 1998
Rohrmann también repasó los antecedentes históricos de las mayores crecientes registradas en la región y destacó que las mediciones disponibles representan apenas una pequeña parte de la historia del Paraná. Recordó que los registros sistemáticos de alturas en Corrientes comenzaron alrededor de 1900, por lo que actualmente existe una serie histórica de aproximadamente 126 años.
Aunque se trata de un período considerable desde el punto de vista de la observación hidrológica, sostuvo que resulta limitado si se compara con la antigüedad del sistema fluvial. «Parecen muchos años, pero son muy pocos comparado con la historia del río Paraná pasando por este lugar, que lleva aproximadamente diez mil años», explicó.
En ese sentido, remarcó que los registros conocidos no permiten establecer un límite absoluto para las futuras crecientes. «Por lo tanto, hemos medido solo el 1%; el 99% restante no conocemos», expresó.
Por otro lado, el especialista recordó que durante la gran inundación de 1983 se registraron alturas extraordinarias en la zona de Corrientes y Barranqueras, con valores cercanos a los nueve metros, según las escalas hidrométricas consideradas.
También mencionó que el pico de la creciente de 1998 se produjo durante mayo, mientras que la de 1983 alcanzó su máximo en julio.
Además, recordó que durante 1983 el Paraná permaneció crecido durante aproximadamente un año, lo que generó una situación de emergencia prolongada.
Ante la posibilidad de que esos registros vuelvan a alcanzarse o incluso superarse, evitó realizar pronósticos categóricos. «¿Se puede superar? Sí. ¿Puede ser menor? Sí. Eso nadie lo puede afirmar», manifestó.

Un escenario que exige vigilancia los próximos seis meses

Pese a las advertencias sobre la evolución del Paraná, Rohrmann destacó que hasta el momento no se produjo una coincidencia de los tres factores de riesgo hídrico que afectan al Gran Resistencia.
En particular, señaló que las precipitaciones extraordinarias se concentraron sobre las cuencas que alimentan al Paraná, mientras que no se registraron lluvias de magnitud semejante sobre la cuenca baja del río Negro ni sobre el área urbana. «Hasta ahora, por suerte para nosotros, no aparecieron ni grandes lluvias sobre el río Negro ni sobre la ciudad», expresó.
De esta manera, consideró que el principal factor de riesgo actual está asociado con el comportamiento del Paraná.
Sin embargo, aclaró que esa situación podría modificarse durante los próximos meses, especialmente si las condiciones atmosféricas favorecen precipitaciones abundantes sobre otras regiones de la provincia. «¿Estarán presentes de acá hasta abril? Bueno, sí, puede ser», planteó.
El especialista insistió en que El Niño todavía se encuentra en una etapa inicial de su evolución estacional y que el período de mayor preocupación podría extenderse durante los primeros meses de 2027.
En consecuencia, sostuvo que el descenso gradual del Paraná no debería interpretarse como la finalización definitiva del riesgo de nuevas crecientes.
Su análisis dejó planteada la necesidad de mantener una vigilancia hidrometeorológica constante, prestar atención a las precipitaciones sobre las cuencas de Brasil y Paraguay y preservar las condiciones operativas de las defensas hídricas del Gran Resistencia.
La principal advertencia del ingeniero estuvo relacionada con la posibilidad de que nuevas lluvias encuentren al Paraná en niveles todavía elevados y provoquen crecientes de mayor magnitud. «Si se repiten los mismos fenómenos de lluvia en cantidad y en la zona, es dable esperar nuevas crecientes del Paraná y más altas que esta», reiteró.

La rotura del antiguo dique regulador y sus consecuencias

El especialista recordó que el antiguo dique regulador de Barranqueras fue inaugurado en 1978, pero sufrió una rotura durante una creciente registrada en julio de 1982. Aquella falla provocó nuevamente el ingreso de agua hacia sectores urbanos y dejó en evidencia problemas estructurales que posteriormente fueron considerados en el diseño de una nueva obra.
Rohrmann explicó que el principal inconveniente estuvo relacionado con la diferencia de altura entre el Paraná y el río Negro, que favoreció el desplazamiento subterráneo del agua por debajo de la estructura.
Esa circulación terminó arrastrando parte del material que servía de apoyo a la construcción. «El anterior colapsó porque no se tuvo en cuenta la diferencia de altura entre el Paraná y el río Negro, que hizo que el agua pasara por debajo de ese dique», señaló.
Según explicó, el proceso de erosión subterránea debilitó progresivamente la base de sustentación de la estructura de hormigón.
A ese problema se sumaron las vibraciones asociadas al funcionamiento de las bombas, que contribuyeron al deterioro de la construcción. «Al quedarse sin sustento y el movimiento permanente de las bombas hizo que se rajara, se rompió el hormigón, salieron las compuertas y se inundó», describió.
El ingeniero recordó que durante la gran creciente de 1983 se realizaron intervenciones de emergencia para impedir una nueva inundación generalizada del Gran Resistencia.
Entre esas obras mencionó la construcción de un terraplén lateral sobre el río Negro, aprovechando parte de la infraestructura ferroviaria existente. Esa intervención permitió proteger sectores urbanos durante un período en el que el Paraná permaneció extraordinariamente elevado.
Asimismo, Rohrmann consideró que el actual dique regulador tiene mayores condiciones de seguridad
Al referirse a la posibilidad de que vuelva a producirse una rotura semejante a la del antiguo dique, explicó que, si bien ningún sistema de infraestructura puede considerarse completamente exento de riesgos, la obra actual presenta condiciones de seguridad considerablemente superiores. «Como posibilidad, sí, pero es muy difícil», respondió.
Además, destacó que el nuevo dique regulador fue proyectado teniendo en cuenta las causas que provocaron el colapso de la estructura anterior.
Entre las principales diferencias mencionó la incorporación de pilotes de fundación que alcanzan estratos de suelo con mayor capacidad de resistencia.
También explicó que se construyó una pantalla subterránea de hormigón, cuya función es reducir la velocidad de circulación del agua por debajo de la estructura.
De esta manera, se busca evitar que las diferencias de presión entre el Paraná y el río Negro provoquen el arrastre de los materiales que sostienen la obra. «La obra actual prevé esa cuestión», afirmó.
Rohrmann explicó que la pantalla de hormigón tendría aproximadamente diez metros de profundidad y que su función es impedir que la circulación subterránea del agua genere procesos de erosión capaces de comprometer la estabilidad del dique.
En ese sentido, destacó que las características constructivas de la nueva infraestructura incorporaron las enseñanzas que dejó el colapso del sistema anterior. «Las condiciones de seguridad de construcción de esta nueva obra de control tuvieron en cuenta todos esos antecedentes», sostuvo.
No obstante, también remarcó que el mantenimiento constituye un factor fundamental para preservar la seguridad de las grandes obras hidráulicas.
Las filtraciones y los socavones no necesariamente comprometen la estructura
Rohrmann también se refirió a la existencia de filtraciones y socavones detectados en sectores próximos a las defensas hídricas y explicó que estos fenómenos deben analizarse considerando las características del terreno y las diferencias entre los procesos de circulación subterránea del agua.
En particular, señaló que algunos socavones observados aguas abajo están vinculados con filtraciones en sectores arenosos del terraplén de defensa y no necesariamente con problemas estructurales del dique regulador.


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