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Lula da Silva profesionalizará su gabinete para el cuarto mandato, fortalecerá el ala liberal y se disuelve la protesta de Flávio Bolsonaro

Tras la rotunda victoria en el balotaje del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, fuentes del gobierno afirman que habrá cambios importantes hacia adelante respaldado en la enorme cosecha de sufragios en esas urnas.

El mandatario sumó 10,3 millones de votos adicionales contra 3,7 millones de su rival, el senador Flávio Bolsonaro. Esa diferencia disolvería la demanda del postulante opositor que advirtió que pedirá la anulación de las elecciones.

Los cambios incluyen la designación de un titular de Hacienda con respaldo de los mercados, se cita a Luiz Carlos Trabuco Cappi, presidente de Bradesco, cuarto banco de Brasil y uno de los grupos financieros más grandes de América Latina. Lula en un discurso en la madruga elogió a su vicepresidente Geraldo Alckmin, un médico liberal que fue ministro de Industria, cuyo nombre también figura para aquel cargo.

Lula, en la noche de la victoria. Foto: Reuters

Uno de los grandes problemas del flamante presidente electo hacia adelante, además de serenar a los mercados. será la negociación con un Congreso dominado por la oposición y en el cual el bloque del bolsonarismo es prevalente. Este legislativo, habituado a co gobernar, puede imponer leyes y trabar las del Ejecutivo. Pero en estas horas dentro del gobierno hay tranquilidad y dosis de seguridad debido a la aplastante victoria.

“Las cosas que no sucederán es la amnistía al ex presidente Jair Bolsonaro que deberá cumplir su condena de 27 años por golpismo”, dice en privado un ministro del gabinete de Lula a este enviado. “Posiblemente haya algún cambio para otros de los condenados por ese golpe, se revisaran los casos, pero solo eso. El Congreso será un desafío pero Lula tiene experiencia en esas negociaciones. No estamos preocupados”.

En el gabinete existe una fuerte y antigua interna entre los sectores centristas más pragmáticos y promercado y los del PT tradicional, contrarios a la línea liberal del gobierno. Los primeros ven ahora una oportunidad para cerrar ese antiguo litigio.

Los rumores del relevo del canciller Mauro Vieira fueron disparados por esos sectores que aún sostienen el linaje “revolucionario” de esta fuerza. Entre ellos figura el ex canciller Celso Amorim, asesor del presidente y que encabeza un equipo que trabaja no en el ministerio de Relaciones Exteriores, sino en la sede gubernamental de Planalto.

Hay quejas contra el PT por la derrota en la primera vuelta y se sostiene que la victoria con la remontada es precisamente porque se hizo lo contrario a lo que había impulsado el partido en aquella cita inicial. “Llegaron a ocultar a Alckmin, Si fuera por ellos hubiéramos terminado abrazados a Nicolás Maduro”, protestan.

El reclamo de Bolsonaro

Estas fuentes sostienen que el enorme caudal de apoyo a Lula servirá también para pavimentar las negociaciones con el Congreso, al tiempo que cerrarán las protestas y amenaza de Bolsonaro que, como su padre hace cuatro años, anunció que no reconocerá la victoria de Lula.

Juristas consultados por la prensa local sostienen que la diferencia de votos que logró el mandatario desborda cualquier duda sobre el trámite de las elecciones. Bolsonaro reprocha la postergación de dos horas en el cierre el comicio como una medida que favoreció a su rival, pero no solo también él pidió a la Justicia esa postergación, sino que los sufragios posteriores no indican un cambio de tendencia, afirman.

“Bolsonaro le habló a su gente al rechazar el resultado, no espera nada de la Justicia, inmediatamente el Tribunal Electoral rechazó cualquier irregularidad”, dice la fuente gubernamental a Clarín.

En las siguientes horas después de la consagración del presidente, no hubo protestas ni otro tipo de movimiento en el país. En 2024 cuando Lula derrotó a Jair Bolsonaro hubo fuertes incidentes y grupos numerosos de partidarios del expresidente demandaron a los militares que tomen el poder.

Respecto al Congreso, analistas citados en la prensa local anticipan que el mandatario negociará con el grupo del Centrao, una alianza informal de centroderecha y derecha, a cambio de que mantenga su poder sobre recursos, como la porción secreta de presupuesto nacional que maneja desde las épocas del gobierno de Bolsonaro.

La economía de Brasil está saludable en muchos de sus números macro, pero con graves problemas por el crecimiento de la deuda pública y el déficit fiscal. Pese a ello Lula hizo campaña prometiendo desde el financiamiento del transporte público los fines de semana, a la ampliación de las becas estudiantiles Pè de Media, la condenación de las deudas a las microempresas y subsidios para las minipymes. Todo ello amenaza expandir y no reducir la deuda pública que rosa el 80% del PBI.

En materia económica, «los tres grandes problemas de Brasil son el problema fiscal, el problema fiscal y el problema fiscal», señala Mauro Rochlin, economista de la Fundación Getulio Vargas. El Estado brasileño gasta más de lo que recauda, y el Banco Central mantiene una de las tasas de interés más altas del mundo para contener la inflación.

Los tipos son de casi 14%, diez puntos por encima del registro de costo de vida anual lo que desalienta inversiones y multiplica el costo de las deudas de los brasileños que comprometen a ocho de cada diez familias. “Una situación que puede muy rápidamente traducirse en una crisis económica», le señala a la agencia AFP.

Este analista y funcionarios del propio gobierno, que ahora ganarán aún más espacio, se afirma, consideran inevitable un ajuste que reduzca el gasto público, pero advierten que habrá resistencias incluso dentro del Congreso, al margen del giro políticamente de derecha dura que se registró en la primera vuelta que, aparte de las presidenciales, renovó la cámara de Diputados y dos tercios del Senado. Recuerdan que en el gobierno de Bolsonaro solo se privatizó una empresa de electricidad debido a esas resistencias.

Lula, al menos, recibió unas primeras señales positivas. Los líderes del Congreso brasileño, ignoraron las protestas del bolsonarismo y reconocieron de inmediato la victoria del líder del PT.

Los presidentes del Senado, Davi Alcolumbre, y de la Cámara de Diputados, Hugo Motta, ambos de formaciones derechistas, felicitaron al mandatario durante una comparecencia conjunta. Una señal potente hacia la novedad electoral: defendieron “la solidez del proceso electoral”, poco después de que el candidato derrotado dijera que le era «imposible» reconocer los resultados.


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