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Flick saca del ostracismo a Frenkie de Jong, pero no le alcanza | Fútbol | Deportes


Frenkie de Jong no había disputado ni un solo minuto en la Liga. Y cuando se preguntaba por él en la Ciudad Deportiva, su futuro se vislumbraba lejos del Camp Nou. En el Barça aseguraban haberse cansado del neerlandés, sobre todo después de la gestión de la lesión de rodilla en el último Mundial: según el club, no avisó de sus dolencias y se marchó de vacaciones. No era la primera vez que De Jong se enfrentaba a los despachos. Esta vez, en cambio, se presentaban dos inconvenientes: Hansi Flick se había alineado con el club, y la llegada de Rodri ponía en jaque su estatus. Contra el Madrid, sin embargo, cuando el alemán necesitaba remontar, lo mandó al campo como interior. Poco importó que durante la semana lo hubiera hecho entrenar como central.

Antes del duelo, a Flick le preocupaba cómo romper al Madrid. Esperaba un rival rácano, más ocupado en destruir que en construir, dispuesto a desquiciar a los jóvenes del Barcelona. El sábado, en la última sesión antes del clásico, el preparador azulgrana no alteró demasiado su plan habitual: rondos, ejercicios de presión, ataque en estático y un partidillo. Pero a la hora de enseñar los vídeos, el alemán insistió en cómo romper la defensa blanca. Repitió imágenes de partidos del Madrid en las que remarcaba cómo había que atacar para perforar un bloque replegado cerca de su área. De Jong, en el partidillo como central, en la pelota parada con los suplentes. Así lo explican distintos presentes en el último día de trabajo antes de la activación de este domingo por la mañana.

No esperaba Flick una presión adelantada del Madrid, y mucho menos que saltara al campo no solo a disputarle la tenencia del cuero, sino a tejer posesiones largas. La apuesta de Mourinho por un centro del campo más atrevido, con Bernardo Silva como compañero de baile de Tchouaméni, no solo pilló por sorpresa al Barcelona: también restó claridad a quienes más debían tenerla, Rodri y Pedri. Y eso que llegaban frescos. Con la mirada puesta en el clásico, Flick dejó al madrileño en el banquillo de inicio en el Parque de los Príncipes ante el PSG, y dosificó también al canario, que jugó algo más de una hora.

Resultó que no era una cuestión de energía, sino de fútbol. Al Barcelona no le funcionaba la presión y tampoco podía controlar el partido. Se repetían las pérdidas en la medular, con Pedri como primer señalado. Sucedía algo similar a lo que ya había pasado en París: cada balón perdido se convertía en una puñalada a la espalda de la defensa, con los velocistas del Madrid lanzados.

El agujero en la derecha

Entonces, con un Barcelona extraviado, la lesión de Xavi Espart agravó la crisis: Cancelo pasó a defender en el costado derecho, el mismo por el que ataca Lamine Yamal. Es decir, por momentos, Diomande y Cucurella dispusieron de tiempo y espacio para dominar la banda cuando el Barça no tenía el cuero.

Y Flick, que acostumbra a mover el banquillo cuando el equipo no funciona, aguardó. Eso sí, tocó el ego de sus jugadores. Bastó para despertar a Pedri. El hasta entonces errático canario afinó la tiza para encontrar a Raphinha, que volvió a parecerse al de antes del parón de selecciones. Es decir, al de antes de la lesión muscular.

Pero cuando parecía que el banquillo no podía mejorar lo que había en el campo, Flick sorprendió: Frenkie de Jong al campo. La medular del Barcelona parecía la de otro equipo: un pivote (Rodri) y dos interiores (De Jong y Pedri). Un dibujo nuevo en el ideario del alemán, que siempre había apostado por el doble pivote y un mediapunta.

La presencia de De Jong activó al Barcelona. El neerlandés incluso tuvo su ocasión para marcar, precisamente tras un pase de otro de los olvidados por Flick que volvió a la palestra, Alejandro Balde. El lateral solo había disputado 12 minutos en la Liga.

Pero cuando el Barça ya olía la remontada, otra pérdida en la medular, esta vez de Gabriel Jesus, acabó en el segundo gol de Mbappé. No encontró Flick la clave del partido, ni siquiera cuando parecía haber dado con ella tras rescatar del ostracismo a De Jong. No le alcanzó.


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