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Familiares de víctimas del franquismo de Osasuna piden al club un saque de honor: “A mi abuelo lo enterraron en una fosa que se cavó él” | Fútbol | Deportes

Osasuna debutó en Primera en la temporada 1935-36. Menos de un año después, el presidente que aupó al club a la élite, Natalio Cayuela, fue ejecutado en la matanza de Valcaldera, el primer fusilamiento masivo en Navarra tras el golpe militar de Franco del 18 de julio del 36. Ese día, este jurista y militante de Izquierda Republicana se presentó en el Gobierno Civil de Pamplona para tratar de frenar el pronunciamiento, pero, lejos de lograrlo, fue detenido y, en agosto, asesinado junto a su hermano Santiago y otras 51 personas al sur de la comunidad. “Su hermano Enrique se salvó escondiéndose en el reloj de la antigua estación de autobuses”, afirma Marissa Weinstein, sobrina nieta de Natalio.

Ella, desde Chile, donde se exilió su familia, fue una de las participantes del encuentro celebrado el pasado lunes por vía telemática entre descendientes de represaliados del franquismo vinculados a Osasuna, y al que asistió también Carles Vallejo, hijo de Juan José Vallejo, uno de los presidentes del entonces Madrid Foot-Ball Club (actual Real Madrid) durante la Guerra Civil. La reunión fue organizada por la asociación Osasuna Memoria, que reclama desde hace años a la entidad rojilla un saque de honor en recuerdo de las víctimas de la purga derivada del alzamiento militar del 36. Fuentes de la entidad aseguran a este periódico que, más allá de esta petición concreta, los rectores actuales sí han contribuido a sacar del olvido este pasado, por ejemplo en el libro oficial del centenario, y han participado en homenajes varios.

Los familiares, sin embargo, insisten en el saque de honor como gran acto de recuerdo. “La idea es que Osasuna se haga cargo de su historia”, expone Xabier Zabalza, nieto de Fortunato Aguirre, vocal de la entidad en sus primeras juntas y que también fue fusilado, en su caso, junto a la tapia del cementerio de Tajonar tras 72 días de arresto y con su esposa embarazada de gemelas. “Parece que esta parte de su pasado la tiene, no olvidada, pero sí guardada. No la quiere exponer demasiado, pero la mayoría de los fundadores de Osasuna eran de esta cuerda. Quiera o no, es lo que hay, aunque parece que es incómodo en Navarra tener esta presencia”, añade. Su abuelo fue alcalde de Estella por el PNV y avisó sin éxito al Gobierno de la República de la conspiración que estaba preparando el general Mola, figura clave del golpe.

Osasuna Memoria, una agrupación independiente del club, ha recopilado en los últimos años numerosas historias de personas que, como Natalio Cayuela y Fortunato Aguirre, pertenecieron a la entidad y fueron víctimas del franquismo. Por ejemplo, la de Eladio Zilbeti, secretario del club en 1925 al que se le atribuye el nombre en euskera de Osasuna (salud en castellano), y que fue fusilado por ser “de izquierdas y separatista”. O la de Enrique Astiz Aranguren, directivo durante ese primer ascenso a Primera, y que también fue asesinado por su compromiso político y social. O la de Alberto Lorenzo Lamas, periodista y otro directivo rojillo asesinado al sur de Navarra. Cuando su familia acudió a la cárcel a preguntar dónde estaba, según la documentación de esta asociación, el capellán del centro les respondió: “Como rojos, os merecéis todo los que os pase”.

Ocho meses al frente del Madrid

En el encuentro virtual del lunes, de una hora y media de duración, se abrió paso también la historia de Juan José Vallejo, presidente del Madrid (entonces no Real) al inicio de la Guerra Civil y cuyo nombre no figura en el listado oficial de mandatarios de la web del club. “Solo apareció unos días durante el Centenario (2002)”, indica desde Barcelona su hijo, Carles Vallejo. Su padre, cuenta, llegó a la cúpula de manera algo casual. “Tras el golpe, el Gobierno del Frente Popular se incautó de diversas propiedades, entre ellas del Madrid Football Club, y ahí lo nombraron presidente por su vinculación con el deporte en la República. Habían creado la Unión Cultural Deportiva Obrera, que organizó, por ejemplo, la Olimpiada de Barcelona, en contraposición a los Juegos de Berlín de 1936 bajo el régimen de Hitler”, relata.

“Solo estuvo ocho meses en el Madrid porque quería ir al campo de batalla”. De hecho, su familia solo conoció esta parte de su biografía tras su muerte, en 1978, con 66 años. “Él no le dio importancia. Tenía otras cosas que le parecían más interesantes”, explica Carles Vallejo sobre su padre, que fue detenido en Extremadura, condenado a muerte y se fugó de la cárcel falsificando papeles. Después rehízo su vida en Barcelona y militó en el PSUC (Partido Socialista Unificado de Cataluña). “En su etapa en el Madrid, el estadio se puso al servicio de la guerra para que las milicias entrenaran y se organizaron actividades deportivas”, detalla.

A él le sucedió Antonio Ortega, un militar del Partido Comunista fusilado al terminar la guerra, al que encargaron el mando de la entidad tras ser herido en la contienda. Su nombre tampoco se encuentra en la web blanca, donde hay un salto entre 1936 y 1939, entre Rafael Sánchez-Guerra (35-36, un político republicano que acabó como fraile dominico en un convento de Navarra, visitado en 1963 por el equipo merengue que encabezaba Santiago Bernabéu), y Adolfo Meléndez (39-40).

Escondido en una doble pared

De todos los testimonios escuchados en este encuentro, el de Txomin Villafranca, de 90 años, fue el único de alguien que, aunque no se enteró de nada en ese momento –“tenía dos meses cuando empezó el jaleo” –, estuvo allí. Su padre (José Javier) fue directivo de Osasuna y su abuelo (Leandro), socio. Los dos, ambos del Frente Popular, junto a su madre, su hermana y el bebé Txomin en brazos, trataron de huir a Francia. “Un amigo nos metió en unas cuevas de Oroz-Betelu, pero enseguida vieron que había carabineros en la frontera. Mi padre escapó de allí y se escondió varios meses en la casa de los que nos refugiaban, en una doble pared, hasta que sí entró en Francia. Después regresó por Cataluña, que todavía era republicana, y lo mandaron a Ciudad Real como secretario del Tribunal Popular. Sin embargo, los estalinistas lo encarcelaron en la Modelo de Barcelona, donde murió en 1938”, rescata Txomin.

“Y cuando pensamos que mi padre se había salvado, el resto salimos de las cuevas, y los falangistas pillaron a mi abuelo y lo fusilaron. Lo enterraron en una fosa que él mismo cavó en Urroz. Luego, el que lo confesó fue a buscar cristianos para llevarlo al cementerio”, cierra.


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