Los comerciantes de París temen nuevos saqueos y se protegen de las protestas con vallas y rifles

Los carpinteros han trabajado toda la noche, aun en el toque de queda, clavando paneles de madera en todos los negocios de la plaza de la República, de la Bastilla, de la Nación. Todo el recorrido de la manifestación, que se espera el sábado, organizada por los Chalecos Amarillos, “por la vida cara”.
Las vidrieras de Petit Bateau, del saqueado Uniqlo, de la boutique de Levi’s, de Free, Orange, SFR, cubiertas de madera, a la espera de un huracán de vándalos. En otros comercios, los dueños y encargados preparan los rifles que suelen usar para cazar. La venta de armas en Francia, un país con gran afición por la cacería, se disparó en los últimos días.
Nadie descarta que el gobierno dicte el estado de emergencia en el país. La justicia levantó la prohibición de manifestaciones en París este jueves y los estudiantes estaban marchando hacia la Bastilla, pero han sido detenidos por la policía. Todos los Metros del camino están cerrados, lo que genera enormes dificultades a los que trabajan para ir y volver a sus obligaciones.
El sábado la CGT y los Chalecos Amarillos marcharán juntos porque prohibieron la movilización de los Chalecos de Bastilla a Ópera. El cortejo ha sido autorizado para ir de la Bastilla a la Nación. La CGT cuenta con su propio y eficaz sistema de seguridad, que hasta ahora ha servido para proteger a los estudiantes en las marchas.
Los franceses tienen temor por la gran manifestación del sábado. No quieren permanecer los comerciantes con los brazos cruzados, viendo a los vándalos arrasar sus vidrieras, su stock de ropa, de zapatillas deportivas de celulares, tabletas y computadoras, como el sábado pasado.
Paneles de madera en las vidrieras de los comercios en una calle elegante del centro de París. Foto: REUTERS Están dispuestos a enfrentarlos porque la policía no llegó el sábado cuando ellos los llamaron, desesperados. No tenían efectivos. Los bomberos no podían pasar a los incendios porque los “casseurs” (vándalos) y los Black Blocs los atacaban para que no apagaran los incendios.
Están los comerciantes que ya lo han perdido todo y los que no quieren ser los siguientes en la lista.
«Es sencillo: este sábado no abriré. Y es posible que no vuelva a abrir nunca más los fines de semana», explica Antoine, gerente de Atelier Amelot. Durante varias horas en la noche del sábado al domingo su tienda de ropa en la calle Amelot (en el barrio XI) fue saqueada. Primero por los vándalos y luego, por transeúntes que pasaban por allí y sus vecinos. Así que, «no, ni hablar de volver a reponer existencias», sentencia, desilusionado.
El martes, «había seis horas de cola en la comisaría para presentar una denuncia», añade. Su prioridad actual es gestionar los trámites con su seguro y limpiar todo, antes de pensar en el futuro.
Comerciantes organizados y fusiles de caza
En las calles devastadas de la capital, cerca de la plaza de la República, a lo largo del canal Saint-Martin o en el Haut-Marais, en la Bastilla, donde aún son visibles las huellas de los saqueos del fin de semana, los comerciantes intentan organizarse como pueden.
Los seguros en casas y negocios son obligatorios en Francia. Aunque los peritos y las aseguradoras aún no han hecho acto de presencia para evaluar los daños y no todas las vidrieras destrozadas han sido sustituidas, ya se impone una urgencia: “Fortificarse”.
¿El objetivo? Evitar revivir las mismas escenas, no sufrir estos ataques violentos, sin posibilidad alguna de reaccionar. Paneles de madera, cortinas de acero, rejas, alarmas, cámaras de videovigilancia, personal de seguridad privada, barras de hierro y, algunos, con fusiles de caza. Cada cual recurre a sus propios medios de protección. Pero nadie reemplaza los vidrios rotos.
Manifestantes sentados en una calle frente a los agentes policiales que custodian el centro de París durante las marchas de este jueves. Foto: REUTERS Matthieu, propietario de un restaurante en la calle des Petits Carreaux (en el barrio II), ha invertido en una persiana metálica nueva, tras ver cómo la vidriera de su establecimiento era destrozado por unos jóvenes bastante exaltados.
«La vidriera no se reparará de inmediato, pero al menos tenemos una protección para la noche», comenta, satisfecho por el momento.
«Puede ocurrir una tragedia»
«Pasé cinco horas en la comisaría para presentar una denuncia. Éramos una decena de personas, de todos los estratos sociales y orígenes, cada una con historias reveladoras», relata David, dueño de una perfumería en la calle de Normandie, en barrio III de París.
Es él, el dueño de una perfumería en uno de los barrios hoy más de moda de París, quien alerta: “Este fin de semana, si el Estado no interviene, ocurrirá una tragedia”. Porque incluso “los policías parecen desilusionados con la situación: en la comisaría, la consigna era clara: «Vacíen sus establecimientos», continúa. “Es una solución improvisada, pero parece ser la mejor manera de evitar sufrir destrozos”.
Fuego y destrozos durante la marcha que se tornó violenta en París el sábado pasado. Foto: REUTERS «Algunos comerciantes cuentan con el respaldo de cadenas y disponen de mayores recursos financieros. A los demás, solo les queda rezar y esperar. Es increíble, pero así estamos», lamenta Thierry Véron, presidente de la Federación de Asociaciones de Comerciantes y Artesanos de París (Facap).
Véron advierte sobre el riesgo de que «algunos se armen» y «se tomen la justicia por su mano».
Ese es otro escenario. Hay gente que ha comprado armas, en un país de cazadores como Francia. Un escenario de guerra civil es discutido por militantes de ultraderecha livianamente. Se arman. Lo admiten las armerías, que han incrementado las ventas desde el lunes pasado.
Militares en las calles
Según Thierry Véron , la única solución para evitar lo peor es desplegar el máximo número de policías sobre el terreno y, si fuera necesario, recurrir al ejército.
En la misma línea se pronuncia la Umih: el principal sindicato patronal del sector de la hotelería y la gastronomía en Francia instó el miércoles al Estado a garantizar la «máxima seguridad».
Su representante, Franck Chaumès, quiso advertir a las autoridades sobre la intención de algunos comerciantes de «defenderse por sí mismos». Citó el caso de un restaurador que recurrió a un grupo de seguridad compuesto por una decena de personas armadas con bates de béisbol.
«Por supuesto, no respaldamos esto. Pero nuestro papel también consiste en alertar a las autoridades», añadió. «Espero que el gobierno asuma su responsabilidad y movilice a la policía, a la gendarmería y, si hace falta, al ejército, para garantizar la seguridad en el centro de la ciudad», subraya Alexandra.
Esta comerciante de Lyon, presidenta de la federación nacional de minoristas de marroquinería, no tuvo más remedio el pasado fin de semana que pedir a su marido y a su cuñado que protegieran. Este fin de semana las manifestaciones están prohibidas en Lyon.
El ex primer ministro y actual candidato presidencial Edouad Philippe alerta lo mismo. Sin la garantía de protección por parte del Estado, teme que se recurra a «la autodefensa”.
La vidriera de un local de lujo en París, destruida en las manifestaciones del fin de semana. Foto: BLOOMBERG «Cuando el Estado no garantiza a sus ciudadanos que es capaz de protegerlos, siempre cabe temer que intenten hacerlo por sí mismos», advierte Édouard Philippe desde Charleville-Mézières.
«Nadie desea que, tras el drama de los saqueos, se produzca violencia entre particulares», añade el candidato de Horizons a las elecciones presidenciales. Asimismo, hace un llamamiento a restablecer el orden y exige al gobierno que asuma sus responsabilidades.
Marine Le Pen lanzó su campaña a presidencial en un acto en Orleans. La contra manifestación contra ella fue suspendida por la policía.
Los peores disturbios
Aunque los franceses están acostumbrados a los disturbios y a las manifestaciones -como las de los chalecos amarillos, que estallaron en 2018 y continuaron casi todos los fines de semana durante meses-, el nivel de violencia registrado en las calles el pasado sábado les ha dejado conmocionados.
Los disturbios se transformaron en una expresión generalizada de indignación contra el sistema, motivada por el costo de la vida, los bajos salarios y otras cuestiones. Cuando comenzaron las protestas de 2018, el precio de la gasolina sin plomo rondaba los 1,53 euros por litro, y el del diésel, los 1,47 euros. Actualmente, los precios son de 2,20 y 2,30 euros, respectivamente.
Estos sucesos representan una continuación y una intensificación de las protestas juveniles por el estado de los centros educativos y liceos franceses, una situación que se viene gestando desde finales de septiembre.
Una de las imágenes, tomada en el instituto Paul Éluard de Saint-Denis -un suburbio empobrecido de París-, muestra a una rata corriendo por un aula. Otra, captada en el instituto Jean Jaurès de Saint-Clément-de-Rivière, cerca de Montpellier, muestra el momento en que el techo del comedor se desplomó tras una filtración de agua en septiembre.
Otros problemas denunciados incluyen la presencia de cucarachas, canillas rotas, puertas de los baños que no cierran y ventanas en las aulas que no se pueden abrir, ni siquiera durante las olas de calor. En el instituto Jean-Pierre Timbaud de Brétigny-sur-Orge, en la periferia de París, los alumnos señalaron que no había jabón en los baños.
Los informes oficiales confirman que muchas de estas quejas están fundamentadas. Según el Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA), los directores de centros escolares en Francia señalan que la educación del 45 % de los alumnos se ve afectada, en algún momento, por la ausencia de docentes. Una cifra superior a la media del 39 % registrada en el conjunto de los países miembros de la OCDE.
El gobierno ha indicado que aproximadamente el 10 % de las clases se pierden debido a la ausencia de profesores. El informe PISA de 2025, publicado el mes pasado, también señala que la educación del 25% de los alumnos en Francia se ha visto afectada por una «carencia de infraestructura física», lo que incluye los edificios escolares, las instalaciones, los sistemas de calefacción y refrigeración, y la iluminación.
En 2023, el gobierno reconoció que cerca del 10% de los centros escolares se encontraban en un estado ruinoso, debido en parte a su antigüedad: la mitad de ellos fueron construidos antes de la Primera Guerra Mundial.
La paradoja reside en que el sistema francés no carece de financiación; al menos, según la OCDE. El organismo afirma que, en 2023, el gobierno francés destinó el 4,5% de su PIB a la educación -desde la enseñanza primaria hasta la universitaria-, frente a una media del 4% en el conjunto de los países desarrollados.
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