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El Niño en la región: “Las previsiones muestran un fenómeno grande, pero hay que evitar el alarmismo”

El investigador Daniel Allasia Piccilli explicó que los modelos anticipan un fenómeno de gran magnitud, aunque aclaró que su intensidad no se traduce necesariamente en inundaciones de igual proporción. Señaló que las cuencas de los ríos Uruguay e Iguazú concentran actualmente una atención especial y recomendó reforzar las medidas preventivas ante posibles lluvias intensas y crecidas.

El ingeniero Daniel Allasia Piccilli, investigador de la Universidad Federal de Santa María (UFSM), fue entrevistado vía Zoom en CIUDAD TV, donde expuso los avances del seguimiento conjunto que desarrolla con el Departamento de Hidráulica de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE). El trabajo comenzó en abril, cuando las primeras previsiones empezaron a mostrar un escenario complejo para la región, aunque todavía con un importante margen de incertidumbre.

Según explicó, los indicadores actuales anticipan uno de los episodios de El Niño más intensos registrados, pero advirtió que es necesario distinguir la magnitud del índice climático de sus consecuencias concretas sobre las precipitaciones. En ese marco, insistió en la importancia de anticiparse, sostener el monitoreo de los ríos y consultar fuentes oficiales, sin caer en el alarmismo que pueden generar las noticias falsas.

Allasia Piccilli contó que el trabajo entre ambas universidades surgió precisamente para aprovechar el tiempo disponible antes de que las previsiones alcancen un mayor grado de certeza. La estrategia consiste en implementar lo que denominó “medidas de bajo arrepentimiento”: acciones preventivas que resultan útiles incluso si el fenómeno no llega a desarrollar su peor escenario.

“Por ejemplo, limpiar canales, siempre va a haber lluvias que pueden traer problemas. Entonces, limpiar los canales es algo de bajo costo y que tiene un alto impacto si las peores condiciones se materializan”, explicó.

El investigador remarcó que la preparación no debe depender de que se confirme una situación extrema. Así como los organismos trabajan sobre diques, bombas y sistemas de seguimiento, los vecinos también pueden tomar recaudos en sus viviendas, como reparar las canaletas y limpiar los desagües para facilitar el escurrimiento del agua.

“Las personas también se pueden proteger. Cada uno tiene que hacer su parte y siempre es importante seguir las informaciones oficiales”, señaló.

En cuanto a la evolución del fenómeno, indicó que los distintos institutos que monitorean El Niño coinciden en anticipar un evento de gran intensidad. Sin embargo, aclaró que existen diferencias respecto del momento en que alcanzará su pico, que podría ubicarse entre noviembre, diciembre o enero, así como sobre cuánto tiempo se prolongará.

“No hay una relación lineal con lo que pasa, sino que no solo depende de El Niño, sino que hay otros índices, otros fenómenos”, explicó. En esa línea, advirtió que un indicador elevado no permite determinar por sí solo la magnitud de las lluvias ni anticipar automáticamente consecuencias desastrosas.

El especialista también señaló que, según las previsiones actuales, el episodio podría extenderse hasta marzo o abril, aunque no aparenta reproducir la duración del fenómeno de 1982-1983, que se prolongó durante unos ocho meses. Los modelos también muestran la posibilidad de una transición posterior hacia La Niña, con condiciones más secas, pero aclaró que todavía falta tiempo para establecerlo con mayor confianza.

Las cuencas del Uruguay y del Iguazú, bajo especial seguimiento

Al analizar la situación hidrológica, Allasia Piccilli explicó que la circulación atmosférica asociada a El Niño puede favorecer el desplazamiento de humedad desde la Amazonia, que al interactuar con masas de aire frío contribuye a generar precipitaciones intensas en esta parte de Sudamérica.

No obstante, aclaró que las lluvias no se distribuyen de manera uniforme y que las previsiones actuales muestran diferencias respecto de otros episodios históricos. “Lo que están mostrando los diferentes modelos es que, por ejemplo, el Paraguay, que fue un componente muy importante en la crecida de 1982-1983, hoy tendría una crecida ordinaria o abajo de lo normal”, detalló. En ese escenario, no se produciría la confluencia de las crecidas del Paraná y el Paraguay que caracterizó aquel período.

En cambio, señaló que las precipitaciones están concentrándose especialmente en las cuencas de los ríos Uruguay e Iguazú, además de sectores de la cuenca alta del Paraná. El río Uruguay atraviesa una crecida extraordinaria, mientras que el Iguazú presenta una respuesta rápida ante las lluvias.

“No significa que solo esos ríos se van a afectar, estas son previsiones”, aclaró, al remarcar que las tendencias deben actualizarse a medida que se dispone de nueva información.

El investigador explicó que la cuenca del Iguazú tiene características que favorecen una respuesta hidrológica rápida. Los suelos poco profundos, con basalto en su base, permiten que el agua escurra rápidamente hacia los cursos inferiores. Además, recordó que en septiembre ya se había registrado una crecida importante.

A esa situación se suma el estado de los embalses brasileños. Según detalló, las usinas hidroeléctricas habían comenzado octubre con alrededor del 80% de su capacidad ocupada, después de que en septiembre se registraran lluvias y aumentara el nivel de los embalses. En el escenario actual, con las represas prácticamente llenas, el margen para retener nuevos aportes de agua es menor.

Allasia Piccilli mencionó que Yacyretá estaba erogando cerca de 38.000 metros cúbicos por segundo y que Itaipú había abierto sus compuertas. Frente a ese panorama, consideró fundamental seguir la información del Instituto Nacional del Agua (INA), la Administración Provincial del Agua (APA) y Defensa Civil.

“Ellos tienen informaciones que no son públicas, sino informaciones técnicas operacionales”, explicó. Esos datos permiten evaluar la evolución de las crecidas y las decisiones que pueden adoptar las centrales hidroeléctricas para administrar los caudales. En ese contexto, estimó que Yacyretá y otras usinas podrían realizar maniobras cerca del pico de la crecida que contribuyan a amortiguar sus efectos aguas abajo.

Sobre la situación del Paraná en Corrientes, indicó que la crecida todavía no había alcanzado su pico al momento de la entrevista. Sin embargo, evitó anticipar una evolución definitiva: la confirmación de las tendencias depende de las actualizaciones de los pronósticos y del comportamiento de los ríos durante los días siguientes.

Resistencia: lluvias intensas y capacidad de drenaje

En relación con las perspectivas para el Chaco, el investigador recordó que las previsiones del Servicio Meteorológico Nacional contemplan la posibilidad de precipitaciones de hasta un 50% por encima de los valores normales durante los próximos meses.

“¿Esto puede pasar? Puede, no se puede negar. Tampoco significa que es una seguridad absoluta, pero los organismos y las personas tienen que prepararse para lo peor y esperar que no pase”, expresó.

Para Resistencia, distinguió dos situaciones que requieren atención: las lluvias dentro del terraplén de defensa y las crecidas de los ríos. En el primer caso, explicó que las bombas están destinadas a evacuar el excedente de agua y evitar que se acumule en la ciudad. Sin embargo, advirtió que la geografía local representa una dificultad adicional.

“Sabemos que Resistencia, por ser una ciudad extremadamente plana, tiene baja energía de drenaje. Entonces, a veces llueve y se acumula agua en las calles”, señaló, al recomendar que esa posibilidad también sea tenida en cuenta al evaluar las condiciones previstas.

En cuanto a los ríos, reiteró que el Paraná y el Iguazú requieren un seguimiento especial por la rapidez con la que pueden responder a las precipitaciones. De todos modos, planteó que el escenario podría diferir de las grandes inundaciones del pasado.

“Tal vez este Niño nos cause dos o tres crecidas en una semanas y baja el agua, una situación muy diferente de la que se observaba en 1982-1983”, estimó. Inmediatamente aclaró que se trata de una posibilidad y no de una certeza, ya que las previsiones climáticas tienen un grado de confianza limitado cuando se proyectan a varios meses.

En ese sentido, explicó que los pronósticos permiten identificar tendencias con mayor confianza durante aproximadamente dos meses, mientras que las proyecciones más lejanas deben interpretarse con cautela. Para el seguimiento que realizan junto con la UNNE, indicó que están observando entre 12 y 14 institutos, cuyos modelos coinciden en buena medida sobre la evolución general del fenómeno, pese a utilizar metodologías e información diferentes.

“Al ser un Niño tan extremo, no tenemos otro para comparar en el pasado, sino que tenemos que guiarnos en un territorio un poco desconocido para algunos modelos”, sostuvo. La coincidencia entre los distintos sistemas de previsión, añadió, aporta confianza para comunicar las tendencias, aunque no elimina la incertidumbre sobre sus efectos concretos.

La tecnología y el monitoreo, claves para anticiparse

Allasia Piccilli también destacó las diferencias entre las herramientas disponibles en la actualidad y las que existían durante las inundaciones de 1982-1983. En Argentina, valoró la incorporación de radares meteorológicos en los últimos años, incluido uno instalado en Resistencia, que permite seguir el desplazamiento de los frentes de tormenta.

“Tenemos una capacidad instalada y una capacidad técnica muy buena para hacer ese acompañamiento”, afirmó. A esto sumó el intercambio de información entre instituciones científicas, como el que llevan adelante la UNNE y la Universidad Federal de Santa María, para mejorar el seguimiento y aportar información útil para la toma de decisiones.

Como referencia, recordó la inundación registrada en el sur de Brasil en 2024, considerada la mayor de la historia de esa región, que dejó alrededor de 200 muertos. Según relató, en algunas zonas se acumularon cerca de 4.000 milímetros de lluvia en un año y entre 1.000 y 1.200 milímetros en apenas diez días. A su entender, los avisos previos contribuyeron a evitar un número aún mayor de víctimas.

A partir de esa experiencia, destacó dos aprendizajes: el fortalecimiento de los sistemas de monitoreo y una mayor atención de la población a los pronósticos y las advertencias oficiales. Si bien reconoció que Brasil cuenta con mayores recursos para invertir en estos sistemas y con una trayectoria consolidada en la formación meteorológica, aclaró que Argentina dispone de profesionales capacitados para afrontar el seguimiento de eventos extremos.

También valoró el trabajo sostenido en Resistencia y Chaco en materia de defensas contra inundaciones. Para el investigador, además de contar con organismos que elaboren previsiones, es necesario que las áreas responsables de la protección civil estén entrenadas y puedan transmitir esa información de manera clara a la población.

Noticias falsas y la importancia de los avisos oficiales

Allasia Piccilli hizo especial hincapié en la importancia de comunicar los riesgos sin generar pánico y de distinguir entre una tendencia climática y un pronóstico de corto plazo.

Explicó que, con diez días de anticipación, los especialistas pueden identificar de manera aproximada que se aproxima un evento, pero la precisión aumenta considerablemente cuando faltan dos o tres días. En ese período, las previsiones permiten confirmar con mayor certeza la evolución de las lluvias y sus posibles consecuencias.

Por eso, recomendó seguir las actualizaciones de los organismos competentes y tener especial cuidado con los contenidos que circulan por Instagram y otras redes sociales. “Usted que está en su casa, no tenga miedo, no tenga pánico, esté tranquilo, las autoridades están siguiendo esto. Siga las informaciones oficiales”, expresó.

El investigador insistió en que la magnitud del índice de El Niño no significa, por sí misma, que necesariamente se produzcan efectos desastrosos. Aunque reconoció que la región atraviesa una fase crítica y que las previsiones exigen atención, consideró indispensable evitar interpretaciones alarmistas de los datos científicos.

“Hay que tener cuidado de no crear alarma”, advirtió, y reiteró la necesidad de mantener la vigilancia, reforzar las medidas preventivas y actuar a partir de información confiable.

Respecto de lo que podría ocurrir después de este episodio, señaló que los modelos apuntan a un posible cambio de fase hacia condiciones más secas durante el otoño del próximo año. Sin embargo, aclaró que todavía es prematuro afirmarlo con seguridad y que las previsiones deberán revisarse especialmente a partir de febrero y marzo.

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