Provinciales

Azula llevó tranquilidad y aseguró que la ciudad está protegida por las defensas

La administradora del Puerto de Barranqueras, Alicia Azula, llevó tranquilidad a la población ante la crecida del río Paraná y aseguró que el área metropolitana del Gran Resistencia cuenta con un sistema de defensas que la protege frente al avance del agua.
No obstante, advirtió que las familias que residen en sectores ribereños ubicados fuera de ese perímetro comenzaron a sufrir las consecuencias de la creciente y necesitan asistencia para resguardar sus pertenencias y encontrar lugares seguros donde permanecer.
En declaraciones a La Radio, Azula explicó que el sistema de protección cuenta con defensas frontales contra inundaciones y compuertas estratégicamente ubicadas para impedir que el agua ingrese a la ciudad.
En ese sentido, mencionó las estructuras instaladas en el río Negro y en los accesos ferroviarios y vehiculares del puerto. «Quiero decirle a la gente que todo el área metropolitana está protegido de la crecida del río Paraná por las defensas frontales contra inundación», sostuvo la funcionaria.
Además, precisó que las compuertas del río Negro se cierran cuando el nivel alcanza los seis metros y explicó que existen otros mecanismos de protección en los accesos al sistema portuario. «Si llegara a exceder el muelle, esa agua no entraría a la ciudad», afirmó, al explicar el funcionamiento de las defensas.
Sin embargo, Azula aclaró que la situación es diferente para quienes viven fuera de ese sistema de protección, particularmente en los sectores cercanos al río, en inmediaciones del Club Náutico y sobre la avenida Maipú.
Se trata, en muchos casos, de familias que históricamente habitan la ribera y mantienen sus embarcaciones y pertenencias en las proximidades del agua. «Esa es la gente que hoy se ve o comienza a verse afectada por la crecida del río», señaló.
Familias ribereñas y refugios temporales
La funcionaria explicó que, ante el avance del agua, muchas de estas familias buscan resguardarse sobre las defensas, donde levantan construcciones precarias para protegerse y poner a salvo sus pertenencias. «¿Cuál es el protocolo natural de esa gente? Subir a la defensa», describió Azula, al referirse a la reacción habitual de los pobladores ante las inundaciones.
En ese contexto, planteó que uno de los principales desafíos de las autoridades consiste en garantizar que, una vez que el nivel del río descienda, las familias puedan regresar a sus lugares de origen y evitar que los asentamientos temporales se conviertan en permanentes. «El Gobierno tiene que tomar los recaudos para que, cuando baja el río, esa gente vuelva a su lugar de origen, a donde estaba», manifestó.
Azula también hizo referencia a la presencia de viviendas precarias sobre la avenida Gaboto, desde la rotonda de Maipú y Gaboto hacia el puerto, y señaló que la situación de las familias ribereñas responde a una problemática que se mantiene desde hace años.
Según explicó, algunas personas fueron desplazadas de los lugares donde vivían, mientras que otras prefieren permanecer cerca de sus pertenencias por temor a sufrir robos si se alejan. «Esa gente tampoco se quiere ir lejos de sus cosas, porque si no le roban», indicó.
La administradora reconoció que, en estas circunstancias, los refugios suelen construirse con materiales precarios, como chapas, plásticos, palmas y madera. También mencionó que en los asentamientos se organizan ollas populares, generalmente coordinadas por referentes barriales o religiosos, para garantizar la alimentación de las familias. «Hay toda una idiosincrasia que no se puede cambiar, que viene así desde hace años», expresó.
En cuanto a las medidas de asistencia, Azula aseguró que tanto el municipio como el gobierno provincial están trabajando para atender las necesidades de los afectados.
Asimismo, informó que se realizaron gestiones para utilizar las instalaciones del Club Honorione como espacio de alojamiento. Según explicó, se preveía comenzar a instalar módulos tipo gazebo dentro del predio para recibir a las familias que necesitaran un lugar de resguardo.
La funcionaria reconoció, no obstante, que muchas personas se resisten a abandonar su entorno habitual, por lo que las alternativas de alojamiento deben contemplar las necesidades y decisiones de cada familia.

Atención sanitaria y seguridad para los damnificados
Azula destacó que la asistencia durante la emergencia requiere la intervención coordinada de diferentes áreas del Estado, tanto para atender cuestiones sanitarias como para garantizar la seguridad de las personas evacuadas.
En materia de salud, explicó que los centros sanitarios cuentan con atención médica para responder ante posibles complicaciones derivadas de la inundación, entre ellas las picaduras de animales que pueden abandonar sus refugios naturales por el avance del agua. «Vos sabés que el agua también hace que salgan todo tipo de animales», advirtió.
Además, señaló que existe presencia policial en los asentamientos espontáneos ubicados sobre las defensas y en los centros de alojamiento, con el objetivo de preservar el orden y brindar seguridad a las familias. «Hay toda una coordinación entre las diferentes áreas: el APA, Desarrollo Humano, Policía y Salud», detalló.
La funcionaria reconoció que las condiciones de vida durante una emergencia hídrica distan de ser las ideales, pero destacó la importancia de brindar contención a quienes deben abandonar temporalmente sus viviendas. «Se trata de poder brindarles una seguridad y un bienestar que, por supuesto, no es como cuando uno vive en su casa y no tiene este tipo de problema», manifestó.

El puerto ante
la creciente
En otro tramo de la entrevista, Azula explicó cómo se prepara el Puerto de Barranqueras para afrontar una eventual suba del nivel del agua y señaló que el muelle cuenta con una estructura de protección diseñada para soportar niveles elevados del río.
Según precisó, el sobremuelle está protegido hasta los 11 metros, una característica que consideró importante para reducir los riesgos ante la creciente.
Sin embargo, advirtió que uno de los puntos que requiere atención es el sistema de alcantarillas y desagües pluviales, por donde podría ingresar agua desde el riacho Barranqueras. «Sí podemos llegar a tener problemas por las alcantarillas de desagüe», reconoció.
Ante esa posibilidad, explicó que se prevé utilizar bolsas de arena para cubrir esos sectores y reducir el riesgo de filtraciones.
Azula también señaló que, aun cuando deban cerrarse determinadas compuertas, el puerto dispone de accesos para camiones a través de la avenida Gaboto, lo que permitiría mantener las operaciones bajo las condiciones correspondientes.


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