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el plan de la OTAN para frenar una agresión de Rusia sin llegar a una guerra total


La OTAN no respondería a un ataque intentando derrotar a Rusia, ni llegando hasta Moscú, ni siquiera intentando cambiar el régimen ruso. El comandante supremo aliado en Europa, el general estadounidense Alexus Grynkewich, explicó ayer en Varsovia lo que él mismo llama la “teoría de la victoria”, la forma en que la OTAN respondería a un ataque militar ruso que algunos servicios secretos europeos consideran probable para finales de esta década. Grynkewich dijo que no considera probable ese ataque, pero que debe prepararse para cualquier escenario posible.

La estrategia de Grynkewich, aprobada por los 32 Estados miembros de la Alianza, tiene tres fases: bloquear, desgastar y desarticular. Combina fuerzas convencionales con drones, inteligencia artificial y ataques de precisión y establece ese límite político de intentar derrotar a los Ejércitos rusos sin buscar una derrota total, estratégica, de Rusia.

La OTAN, en un movimiento inédito, decidió que era buena idea explicar como haría una guerra un agresor externo que sólo puede ser Rusia, aunque no la nombre. Grynkewich aclaró que no se trataría de conquistar territorios ajenos ni de provocar un derrumbe político del agresor, sino de destruir su capacidad militar para seguir con el ataque y lanzar otros.

El mensaje del general estadounidense tiene varios destinatarios, pero sobre todo dos: los aproximadamente 1.000 millones de habitantes de los 32 Estados miembros de la OTAN y cualquier potencia que piense que es buena idea atacar a uno de esos países, es decir, Rusia.

Grynkewich, aunque no espera un ataque ruso, sí dijo que la OTAN está preparada para combatir inmediatamente si es atacada. Y su idea es que cualquier agresión militar resulte inútil para el agresor y carísima en términos militares. El general estadounidense define tres fases que en inglés son BBB: block, blunt y break. Tres fases cuya intensidad aumentaría en función de las características del ataque.

La primera fase, bloquear (block) buscaría impedir que el enemigo consiga una victoria rápida, que se haga con territorios. Sería una defensa clásica en la que las fuerzas de la OTAN deberían detener el avance de un ataque e impedir que las tropas rusas se establecieran en territorio OTAN. Habría operaciones terrestres, aéreas, navales y el uso de capacidades espaciales y cibernéticas.

La segunda fase, desgastar (blunt) sólo empezaría si el agresor mantiene su ofensiva. La OTAN buscaría ahí ataques a centros de mando e infraestructuras para impedir que Rusia concentrara fuerzas o desarrollara nuevas ataques. El énfasis estaría en descabezar las cadenas de mando.

La tercera fase, la de desarticular (break) sería la más violenta. Si el enemigo insiste en el ataque, la OTAN no atacaría entonces sólo las unidades desplegadas en el frente, sino todo el conjunto militar ruso: comunicaciones, suministros, carburantes, estructuras de apoyo de todo tipo y todos sus centros de mando. La finalidad de sería dejar a las fuerzas invasoras aisladas de cualquier ayuda en forma de hombres o municiones para impedir que sigan combatiendo. Grynkewich recurrió al concepto de culminación de Clausewitz: derrotar al enemigo haciendo que este no pueda sostener su ofensiva.

El general estadounidense llegó entonces a la parte de su teoría donde explica que la OTAN no pretende imponer una derrota estratégica a Rusia. No explica por qué, pero no habría acuerdo entre los Estados miembros de la Alianza Atlántica para llegar tan lejos y porque una guerra total generaría la tentación del uso del armamento nuclear.

El objetivo de los aliados sería una derrota militar de Rusia, no el colapso del sistema político ruso. No buscarían ocupar territorios rusos ni destruir infraestructuras que no tuvieran relación con el esfuerzo militar ruso. Se trata de mostrar que hay medios para derrotar a Rusia y la convicción de que la mejor estrategia es encapsular un eventual conflicto en el teatro de operaciones que ataque su enemigo. Ir hacia un conflicto mayor podría provocar una escalada fuera de control.

La teoría de Grynkewich incluye un masivo uso de tecnología de última generación combinada con medios más tradicionales. La guerra en Ucrania ha demostrado la importancia de los drones baratos, de tener suficiente munición y de saber adaptarse tecnológicamente muy rápido. Y el general identificó en su discurso tres tipos de armas en las que pidió más inversión: armas de precisión de largo alcance, redes de sensores y una infraestructura digital para operaciones militares que ponga en común toda la información que se va obteniendo de todos los frentes. La OTAN no espera que la tecnología sustituya a las tropas terrestres, pero si que las haga más eficaces y menos vulnerables.


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