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El Madrid de la locura y el caos: toca encogerse de hombros y esperar


Poco a poco, a su ritmo y sin prisa, que es como hay que hacer las cosas, Vinicius empieza a saber que lo que se hace en el campo es susceptible de no pasar inadvertido. Por lo que sea. Por las 80.000 personas, por la Liga, porque el partido lo retransmiten en todo el mundo, porque hay gente por el césped con una cámara en el cuerpo o porque hay unos señores en un sótano oscuro y tenebroso repasando las jugadas que les interesan a través de un millón de grabaciones. Es decir: si haces algo, por discreto que sea, como tirarle del pelo a un rastas que va corriendo, es posible que alguien repare en ello.
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