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el histórico juicio que sentó a los jerarcas nazis en el banquillo y cambió el derecho internacional


El 1 de octubre de 1946, hace exactamente 80 años, acabó en la sala 600 del Palacio de Justicia de la ciudad alemana de Nuremberg la lectura de la sentencia del juicio a los jerarcas nazis que los aliados pudieron capturar vivos. Por primera vez en la historia, un tribunal internacional estableció que quienes lideraban un Estado podían responder personalmente ante la Justicia por desencadenar una guerra, cometer atrocidades como el Holocausto y utilizar los mecanismos del Estado para organizar asesinatos masivos.

La sentencia condenó a muerte a 12 dirigentes nazis: Herman Göring, Martin Bormann (en ausencia), Hans Frank, Wilhelm Frick, Alfred Jodl, Ernst Kaltenbrunner, Wilhelm Keitel, Joachim von Ribbentrop, Alfred Rosenberg, Fritz Sauckel, Arthur Sey-Inquart y Julis Streicher. Göring, el dirigente de mayor rango que había sobrevivido al final de la guerra, se suicidó con una cápsula de cianuro horas antes de ser ejecutado. El 16 de octubre de 1946 fueron ahorcados los otros 10 condenados. Décadas después se supo que Bormann había muerto en Berlín al final de la guerra.

El proceso había empezado el 20 de noviembre de 1945, seis meses después de la capitulación alemana. Fueron procesadas 24 personas que de alguna manera representaban las estructuras política, militar, económica y diplomática del régimen nazi. Robert Ley (jefe del Frente Alemán del Trabajo) se suicidó antes del juicio y el industrial Gustav Krupp fue excluido por motivos de salud. Finalmente se sentaron 21 personas en el banquillo de los acusados. Además de los condenados a muerte, lo fueron a prisión perpetua Rudolf Hess, Walther Funk y Erich Raeder. Y a penas de diferente duración Albert Speer, Baldur von Schirach, Konstantin von Neurath y Karl Dönitz. Hjalmar Schacht, Franz von Papen y Hans Fritzsche fueron absueltos.

Nuremberg es el inicio de una era en el Derecho Penal Internacional, un juicio del que emanan las teorías y conceptos que se usaron después en procesos como los de las guerras de los Balcanes, con su Tribunal especial en la ciudad holandesa de La Haya. O en la creación de la Corte Penal Internacional, ahora acosada por los Estados Unidos de Trump.

Durante la guerra los aliados debatieron qué hacer con los jerarcas nazis una vez capturados. Si al principio los planes eran los de simplemente ejecutarlos, finalmente se decidió la organización de los juicios, con el el juez del Supremo estadounidense Robert H. Jackson como fiscal jefe. Él fue una de las figuras clave en la creación de ese tribunal, que se puso en pie después de que el agosto de 1945 Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética aprobaran el Estatuto del Tribunal Militar Internacional.

Además de violaciones a las leyes de la guerra, un concepto anterior, el Tribunal incorporó dos crímenes que quedarían para el derecho futuro: crímenes contra la paz (planificación y ejecución de una guerra de agresión) y crímenes contra la humanidad (asesinatos, persecuciones, deportaciones y otras atrocidades cometidas de forma sistemática contra civiles). Nuremberg decía por primera vez que un jefe de Estado, un ministro, un general o cualquier otro funcionario podía ser personalmente responsable de delitos internacionales. Y añadía que obedecer órdenes no era una defensa ante esa responsabilidad.

Los juicios no se celebraron en Nuremberg por casualidad, sino porque esa ciudad había sido escenario de las grandes concentraciones propagandísticas nazis, de los grandes congresos del partido nazi y porque en Nuremberg en 1935 los nazis promulgaron las leyes raciales que lanzaron oficialmente la discriminación antisemita y los asesinatos de los judíos alemanes y después del resto de Europa. Y, como se recordaba esta semana en algunos medios alemanes, porque era uno de los pocos palacios de Justicia que había sobrevivido a la guerra y tenía una prisión donde se podía encerrar a los acusados.

Los aliados prepararon el juicio para que tuviera el mayor impacto político. Se instalaron cámaras y sistemas de radio, se hizo con interpretación en alemán, inglés, francés y ruso y se permitió la asistencia de decenas de periodistas. Se proyectaron fotografías e fragmentos de documentales cinematográficos para mostrar cómo habían encontrado los aliados los campos de concentración y exterminio nazis. Se usaron miles de documentos del propio régimen que detallaban la organización del sistema de esos campos.

Y los juicios siguieron hasta 1949 juzgando por ejemplo a los médicos que responsables de experimentos con humanos, a jueces, altos funcionarios, militares y empresarios. Se quiso demostrar que la responsabilidad no acaba en la cúpula del régimen, sino que sectores enteros de la Administración alemana habían cooperado en los crímenes.

Nuremberg no estuvo exento de críticas. La primera fue que se trataba de la “justicia de los vencedores”. No se juzgaron crímenes de guerra cometidos por loa aliados, como los bombardeos masivos sobre ciudades alemanas sin protección militar durante los últimos meses de la guerra que contó magistralmente W.G. Sebald en su obra ‘Sobre la historia natural de la destrucción’. También se discutió que se procesara a los acusados por delitos que no existían en el momento de cometer sus crímenes.

La Sala 600 del Tribunal de Justicia de Nuremberg siguió celebrando juicios hasta marzo de 2020, con el estallido de la pandemia de covid. Ahora funciona como Memorial de los Juicios de Nuremberg.


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