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Klopp descubre la dura realidad de Alemania: “No somos malísimos” | Fútbol | Deportes


Qué difícil es el fútbol. Qué pocas cosas pasan cuando Lamine Yamal no juega en un radio de 50 metros. Debió pensarlo Karem Adeyemi, que tanto luce en el Barça, durante los dos partidos que acaba de disputar con Alemania en la Liga de Naciones. Empate en Holanda (1-1) y derrota en casa contra Grecia (0-1). Continuación de la era más miserable que recuerdan los hinchas de la Mannschaft. Los partidos del debut de Jürgen Klopp como seleccionador no alivian el estado de decrepitud del equipo nacional más exitoso de la historia del fútbol europeo.

“No hay ninguna razón para que caiga en una depresión y empiece a decir: ‘Somos malísimos’. Porque no lo somos”, dijo Klopp, este domingo. “Pero tampoco somos tan buenos en este momento”.

Encasquetado en una gorra de Adidas, uniforme negro luctuoso, histrión ante las escasas buenas jugadas producidas e impasible en los contratiempos, el técnico asistió al atasco de su equipo ante Grecia con un calculado ejercicio interpretativo que le llevó a ensayar distintas poses. Desde pasear por la banda con las manos en los bolsillos, como un viandante distraído, a sentarse en la nevera de campaña, a lo Marcelo Bielsa, para observar los acontecimientos a ras de césped. Todo con tal de soslayar su frustración. Catorce veces remató Alemania por seis de Grecia al cabo de un cruce en el que la posesión fue abrumadoramente local y completamente banal en el estadio de Augsburgo.

Las ausencias de Musiala por lesión y Wirtz por rotación, expusieron a los alemanes a su problema más acuciante. Desde la retirada de Özil no aparecen futbolistas capaces de pensar rápido antes y después de recibir el balón. Las cualidades atléticas se mantienen. La actividad cognitiva se apaga. El vacío señala especialmente al mediocampo, en donde Klopp se muestra tan dubitativo como sus predecesores. La convocatoria de 44 jugadores para esta ventana de encuentros internacionales denuncia tanta fe en la experimentación como falta de certezas. El gran cambio estratégico respecto a su predecesor, Julian Nagelsmann, fue la restitución de Kimmich. El jugador del Bayern, que disputó el Mundial de Estados Unidos desplazado al lateral derecho, volvió a ocupar el eje del mediocentro. Otra vez con galones. Otra vez sin novedades en su rendimiento. Contra Holanda, cuando lo presionaron, no logró encontrar la salida; contra Grecia, cuando los rivales esperaron en bloque medio-bajo, fue incapaz de avanzar. La contribución de su escudero Nmecha resultó insustancial. Los jóvenes tampoco dieron un paso al frente. La prueba de Nadiem Amiri como tercer volante fue tan decepcionante como la de Bambasé Conté en la misma posición contra Grecia.

“No conseguimos encontrar espacios”, lamentó Jonathan Tah. El capitán apuntó a los atacantes. Burocrática y sin imaginación desde que la pelota salía de sus mediocampistas, Alemania tardó más de media hora en generar un remate ante un equipo que ni siquiera clasificó para la última Copa del Mundo. Fue a la contra, después de una jugada a balón parado en el área local. Kimmich lanzó en largo y Adeyemi falló el mano a mano con el portero tras driblar a su marcador. Klopp aplaudió la acción con toda la emoción que fue capaz de fingir. Si no marcaban en la única oportunidad en que descubrieron espacios, ¿cuándo marcarían? La incapacidad del equipo para crear situaciones de gol quedó patente otra vez. Con o sin Kai Havertz, lesionado en el encuentro de Ámsterdam. El nuevo proyecto de Alemania solo ha logrado un gol contra 10, contra Holanda, cuando Nmecha capturó un rechace en una montonera mientras Brobbey yacía tendido en el círculo central pidiendo el cambio por lesión.

Sin convicción

Grecia salió a encerrarse en Augsburgo. Tiró una vez a puerta y demostró que su rival no solo tiene problemas para atacar espacios reducidos. El gol griego, atribuido a Kourbelis, puso de manifiesto la vulnerabilidad de Alemania en el mediocampo, en donde Nmecha tardó en cerrar y Kimmich solo pudo desviar el tiro a la red. “El fútbol es así”, se encogió de hombros Klopp. “La derrota es dura porque no creo que sea merecida. Pero para ser sinceros, no jugamos lo suficientemente bien. Grecia tenía un plan. Nosotros tenemos que estar más convencidos de lo que hacemos en el campo. Cuando nos convenzamos las cosas saldrán bien”.

No existe un entrenador más enérgico, persuasivo y contagioso que Jürgen Klopp para empujar a un equipo hacia la euforia imprescindible para presionar sin tregua en un intento permanente por invadir el área contraria. Él mismo es consciente de que necesitará de toda su inteligencia emocional para devolver al máximo nivel a la plantilla que se afana en restaurar. “La derrota es parte del proceso”, dijo. “Seguiremos rotando, cambiaremos al equipo para los próximos partidos. Lo positivo es que los rivales no saben cómo vamos a jugar. Lo negativo es que nosotros tampoco lo sabemos con certeza en este instante”.

Alemania recibe a Serbia este miércoles en el Allianz Arena en el marco del Grupo A2 de la Liga de Naciones de la UEFA. El domingo viajará a Tesalónica a jugar la revancha contra Grecia. Los dos encuentros se celebrarán a las 20.45 y se emitirán por Dazn.


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