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El papa León XIV dio una misa gigante al aire libre en París y recorrió los Campos Elíseos en el papamóvil

Cada papamóvil es distinto. La particularidad la da el Papa. León XIV, con su sonrisa tranquila y persuasiva, enloqueció a los fieles franceses con su paseo por los Campos Elíseos el sábado a la tarde. Aclamado por la multitud en esta república laica donde una marea humana gritó al unísono por “León” y “Jesús”.

El Papa dobla por el Arco del Triunfo y avanza por la avenida más linda del mundo, repleta, todo de blanco. Imágenes impresionantes de esta procesión.

Se detiene, abraza y bendice a un bebito, en su caravana bien custodiada. Aparecen más bebitos vestidos de colores, que bendice y que le alcanzan los voluntarios y entregan nuevamente a las familias, detrás del muro de seguridad. Un momento de enorme ternura en este Papa Agustino. Son chicos vulnerables los elegidos.

Los Campos Elíseos son un mundo de gente. Una babel de lenguas y nacionalidades que vivan al Papa. Abuelas, hijos, padres, nietos. Todos juntos… Una multitud enorme.

Multitud en la avenida de los Campos Elíseos esperando el paso del papa León XIV. Foto EFE.

Una misión evangelizadora y moderna

El Papa saluda, agradece. La bendición de Dios a todos, a través del Santo Padre. Es una visita evangelizadora, misionera y moderna, muy agustina, la de este Papa binacional peruano-americano en Francia. Pocas veces vista tal aclamación. Seis guardaespaldas personales a cada lado del papamóvil.

Es muy impresionante que en un mundo en guerra, con Europa amenazada, Ucrania destruida por la invasión rusa, Gaza arrasada como un parking por los bombardeos, Líbano destruido, Sudán en limpieza étnica y guerra civil, el Papa predique que hay una esperanza y una fe en la paz.

Se ven las banderas de Líbano, de Argelia, de Francia. A una chica muy enferma se la llevan en brazos. El Papa entiende, la toca, la bendice, se toma su tiempo. Es una imagen muy importante para los católicos. El Santo Padre está emocionado. La espontaneidad de sus fieles en Francia ha sido como una revelación para él.

Una especie de comunión entre la gente y el pontífice en la Plaza de la Concorde. Y apareció el sol. Las nubes se fueron de la plaza. Curas, monjas, monjes, diáconos, discapacitados en sillas de ruedas. Todos están allí.

El Papa se dirige a esa capilla efímera en el medio de la plaza, frente al hotel Crillon, a la embajada americana, con los Campos Elíseos enfrente.

El papa León XIV saluda a los fieles a su llegada a la plaza de la Concordia para celebrar misa en París. Foto: EFE.

El Papa se viste con sus ropas rituales, diseñadas especialmente para la ocasión. Cada elemento de su vestuario va a estar vinculado a esta celebración en francés. El espíritu de la iglesia de Notre Dame está en esta capilla efímera.

La misa se inicia con una larga procesión a las 3 de la tarde. Todos de blanco, con una cruz lavanda en la casulla y una colección de mitras blancas de los obispos. Todos en blanco y azul.

El Papa camina con ellos, con su mitra igual a los otros con laureles verdes y su cruz del pescador de plata en su mano. Todo diseñado en Francia.

En primera línea, el primer ministro Sebastien Lecornu y la primera dama Brigitte, en negro, saludan al arzobispo de París. El presidente Emmanuel Macron decidió no asistir a la misa para que nadie le reproche en nombre de la laicidad “a la francesa”. El Vaticano informó que unas 700 mil personas participaron de la misa.

El Papa viste un pallium en forma griega, que se encuentra en las cinco cruces de Cristo. Dos espinas representan simbolizando la crucifixión de Cristo. Sobre sus hábitos litúrgicos unas hojas que no florecen representan el tema de la vida y las fuentes que serán abordadas en textos a lo largo de la misa.

Dos mujeres que llevan prendas con la imagen del Papa caminan hacia los Campos Elíseos. Foto EFE.

La homilía del Papa en Concorde

El Papa distribuye el incienso y se detiene frente a la virgen María de Plata, sacada especialmente del tesoro de la catedral de Notre Dame. Es un regalo del rey Luis XIII a Francia. Suena el Gloria, habitualmente reservado a los domingos. Una forma de mostrar solemnidad.

El arzobispado mostraba sus más dominicales ornamentos en oro y plata para la celebración, pero discretos para la misa. No hubiese aceptado otra casa el actual Papa.

“La paz sea con vosotros” son las primeras palabras del Papa en francés. La orquesta acompaña con el Aleluya.

El Papa iba a iniciar una homilía para promover la fe en la complejidad de esta sociedad y un llamado a los jóvenes, porque “ustedes son la Iglesia hoy”. Una homilía corta, misionera y con un aire de Juan Pablo II, aunque se vivan otros tiempos, pero similares amenazas. La multitud la escuchó en absoluto silencio.

El Papa comienza su homilía: «Queridos hermanos y hermanas, doy gracias a Dios por la gracia que me ha concedido de estar aquí, en esta Plaza de la Concordia, para celebrar la Eucaristía. Que mi presencia entre ustedes fortalezca su fe y los anime a irradiar y compartir continuamente la vida, la paz y el amor de nuestro amado Señor Jesucristo».

La sed de Dios es una «sed de sentido», afirma el Papa. León XIV habló de «la sed de Dios» para iluminar las lecturas de esta Misa. «No es tanto una sed material como una sed de sentido, de verdad y de plenitud que mora en el corazón de cada persona», resalta. Según el Papa, la vida sin Dios no permite que la humanidad florezca: «Aquí abajo, nada puede satisfacernos plenamente».

«Solo Dios llena nuestra vida interior»

“Jesús”, añade León XIV, «lleva sobre sus hombros a las ovejas heridas y trae de vuelta con ternura a las que se han extraviado». «Sí, tenéis sed de Dios, de vida, de verdad, de unidad, de paz, de comunión, de amor», enumera el Papa.

El papa León XIV (centro) celebra misa en la plaza de la Concordia de París. Foto EFE.

León XIV invita entonces a los fieles a contemplar «nuestras vidas con lucidez». «Son, sin duda, frágiles, vulnerables, destinadas a la muerte, pero también son milagrosas, capaces de renovarse en sus relaciones y de abrirse al verdadero amor», dice.

“Solo Dios llena nuestra vida interior”, afirma el Papa.

«¿Cuál es nuestra sed más profunda?», pregunta León XIV. «¿Qué buscamos realmente en la vida? Todos anhelamos la felicidad, el amor, la plenitud». El Papa contrastó entonces la verdadera felicidad con la búsqueda de «bienes materiales», la «gratificación inmediata» y los «pequeños ídolos», que «dejan nuestros corazones vacíos». «Solo Dios puede llenar nuestra vida interior», insistió.

La orquesta acompañaba con el Aleluya.

“Mi presencia confirma vuestra fe”, dice en el Papa en la homilía. “Nosotros aspiramos a todos la felicidad”.

“Para él no se necesita una carta de identidad sino una persona, irremplazable”.

«Ustedes son la Iglesia hoy»

“Queridos jóvenes, ustedes son la Iglesia de hoy”, dice el Papa a los jóvenes.

León XIV invita entonces a los fieles a contemplar «nuestras vidas con lucidez». «Son, sin duda, frágiles, vulnerables, destinadas a pasar de la muerte, pero también son milagrosas, capaces de renovarse en sus relaciones y abrirse al amor verdadero», afirma.

“Jesús”, añade León XIV, «lleva sobre sus hombros a las ovejas heridas y trae de vuelta con ternura a las que se han extraviado». «Sí, tenéis sed de Dios, de vida, de verdad, de unidad, de paz, de comunión, de amor», enumera el Papa.

El Papa León XIV invita a tomar como ejemplo a los santos de Francia. El Papa reitera el tema del «agua viva del Espíritu Santo».

El papa León XIV celebra una misa en la plaza de la Concordia de París. Foto EFE.

«En esta hermosa Francia, muchos han bebido de esta agua viva a lo largo de los siglos y han consagrado sus vidas al bien: los primeros mártires como Blandina, Potino e Ireneo; los santos fundadores de órdenes religiosas; los santos obispos como Martín y Francisco de Sales; los hombres y mujeres de corazón compasivo, como Vicente de Paúl, Frédéric Ozanam, Jeanne Jugan y tantos otros. Incluso hoy, muchos en nuestra sociedad, en nuestras parroquias y en nuestras diversas actividades, continúan dedicándose a la vida, la familia, la verdad, la paz, la fraternidad y la justicia», dice.

El Papa saluda a familias, jóvenes, catecúmenos y neófitos. A estos últimos les exhorta: «Que den testimonio a quienes les rodean del camino que están recorriendo y los motiven a reflexionar a su vez».

León XIV concluyó su homilía invocando a la Virgen María, «para que, por su intercesión, broten manantiales de agua viva en el Pueblo de Dios y hagan florecer semillas de fe, esperanza y caridad en toda Francia». La asamblea aplaudió.

El rito de la eucaristía incorporará a todas las comunidades; ucranianas, indias, árabes, que se acercan al altar.

El momento de la comunión para todos los asistentes, hasta el fin de los Campos Elíseos. Miles de paraguas blancos acompañan a cada sacerdote o diácono que está entregando la comunión a lo largo de la avenida.

El papa León XIV saluda a los fieles a su llegada a la plaza de la Concordia. Foto EFE.

Un Papa muy emocionado

El arzobispo Laurent Ulrich toma la palabra para agradecer al Papa «profunda y cálidamente». «Se le esperaba en Francia, y esta tarde, como anoche en los bulevares, gente de todo el país vino a rezar con usted y a expresar su gratitud», declara. Las palabras del arzobispo son recibidas con un entusiasta aplauso de la multitud.

El arzobispo de París obsequia a León XIV una reproducción de la imagen de la Virgen María, Reina de la Paz y Puerta del Cielo, ubicada en la base del transepto y la aguja de la catedral de Notre-Dame de París. Esta imagen, destruida en el incendio de 2019, se ha reproducido idénticamente en dos copias.Una es para el Santo Padre.

Un Papa, profundamente emocionado, sin disimulo, bendice a todos. Se despide. Los obispos y sacerdotes lloran. La gente aplaude, agita las banderas. El Papa se va alejando saludando, con los ojos en lágrimas, por la plaza de la Concorde hacia la Nunciatura y luego, a Lourdes. La orquesta interpreta Salve Regina. La misa ha terminado y ha sido histórica.


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