Victoria en Girona y general de la Copa del Mundo de XCM para David Valero en la campaña de su reinvención | Ciclismo | Deportes

El pasado lunes, la voz al teléfono de David Valero sonaba mustia, incapaz el biker andaluz de sacudirse aún la frustración de un Mundial arruinado por un pinchazo más que inoportuno. Peor aún: “Tampoco tenía mi mejor día, y no creo que hubiese podido ganar”, se sinceraba entonces, elegante. Hoy se ha impuesto con autoridad en la última prueba de la Copa del Mundo de XCM, en La Tramun Sea Otter de Girona, llevándose de paso la clasificación general del certamen. El granadino se jugaba el cómputo global de la temporada frente al segundo clasificado, el belga Wout Alleman, en un circuito de 80 kilómetros, casi 3.000 metros positivos de desnivel y muchos senderos de corte técnico: “Es el recorrido que mejor se adapta a mis características”, avisaba el lunes. Quinto, Alleman ha llegado a meta más de nueve minutos detrás del ganador, quien se ha dado el gusto de batir igualmente al nuevo campeón del mundo, Andreas Seewald, lejos, a más de dos minutos.
Con todo, vestir el maillot arcoíris es el último gran sueño ciclista de Valero, uno que llegó tan tarde a la bici de montaña que no encuentra razones para bajarse de ella. Cuenta 37 años, se ha reinventado este curso saltando del recorrido olímpico al maratón, y quiere más. No es ambición lo suyo, es pura pasión, la dicha de vivir una vida privilegiada.

Hace apenas un año, David Valero languidecía en el carrusel del XCO (cross country olímpico), dando vueltas y más vueltas de forma desenfrenada a un pequeño circuito con zonas creadas de forma artificial. Parecía destinado a dejar la bici esa misma temporada, un punto y final sin pena ni gloria para una trayectoria brillante que le condujo al bronce olímpico de la especialidad en Tokio 2020 además de al subcampeonato mundial en 2022. En el nuevo diseño del XCO, donde el espectáculo importa más que el respeto a la esencia del mountain bike, Valero se sentía como un dinosaurio, estirando el cuello para ver de lejos la cabeza del pelotón, donde los jóvenes que solo han conocido el XCO se desfogan sin complejos. Ahora que acaba de llevarse la clasificación general de la Copa del Mundo de XCM, algo que ningún español había logrado, y menos a su edad, se declara feliz de haberse atrevido a soñar con una segunda vida deportiva. “Es que mi cuerpo y mi forma de montar no están hechos para el XCO, por mucho que haya construido mi carrera en base a esta disciplina”, aclara en conversación telefónica. Valero, un corredor sumamente técnico, gran fondista, ha recuperado la ilusión de competir en el XCM y sus circuitos de montaña, escenarios reales, con enormes desniveles, carreras de varias horas de duración, es decir todo lo que representa la esencia de la bici de montaña.
Los que le conocen bien evocan el carácter sereno y afable de Valero, su eterna discreción, su inclinación a regalar una sonrisa y su profesionalidad inquebrantable. “Es un tipo extraordinario, siempre discreto, y posiblemente el atleta más disciplinado que conozco. Pasa mucho tiempo en Sierra Nevada alejado de sus hijos, preparándose a conciencia, haciendo enormes sacrificios y nunca se distrae por mucho ruido que haya a su alrededor. Siempre busca la perfección, la excelencia. He conocido a muchos ciclistas pero pocos pueden mantener su disciplina, su fuerza de voluntad, su carácter. Es digno de admiración”, explica el ex profesional Luis Ángel Maté.
Ahora que el ciclismo sigue los pasos del fútbol, empeñado en detectar talentos precoces, en quemar etapas, en buscar al próximo Pogacar, David Valero representa el éxito del trabajo pausado. “Los modelos de desarrollo de los ciclistas han cambiado de forma radical estos últimos años”, enfatiza Maté, “y esto nos lleva a eliminar, con unas consecuencias catastróficas, las categorías de formación, estamos haciendo barbaridades con los jóvenes a los que no dejamos ya madurar, crecer, de forma física y mental. Por ello me gusta recordar que Valero tuvo una infancia normal, jugando como cualquier chaval o viviendo una adolescencia típica, y llegó al ciclismo muy tarde pero enseguida se pudo ver que era un fenómeno. Un director que ambos tuvimos, Ignacio Rodríguez, me dijo textualmente: ‘Tengo un chico de Baza que es un espectáculo. Y así ha sido, y quizá por eso sigue rindiendo a un nivel alucinante ahora que está más cerca de los 40 que de los 30”.
Maté espera que Valero se convierta en la referencia de aquellos que no deseen quemar etapas, acelerar de forma antinatural su progresión, de aquellos que crean que la paciencia y el trabajo individualizado sereno permitan también crear campeones. Si hay algo que Valero ha recuperado en el XCM es la ilusión de competir, las ganas de volver a ganar. Para ello no solo cambió de especialidad sino de equipo, dejando el BH por el Klimatiza Orbea, cambiando de entorno y de bicicleta. Este curso se ha impuesto en tres pruebas de las seis que forman la Copa del Mundo y ha conquistado también el campeonato de Europa.
De cara al curso que viene, Valero no oculta la curiosidad que le produce la previsible llegada de las ruedas de 32 pulgadas, una verdadera revolución para la bici de montaña. De hecho, el ganador del pasado Mundial de XCM, Andreas Seewald, empleó una bici de 32 pulgadas, firmando la primera gran victoria histórica con el nuevo tamaño de rueda: “Hubiese ganado igual con una de 29, pero quizá en vez de sacar tres minutos al segundo hubiera sacado dos”, considera Valero. “Empecé a competir con ruedas de 26 y me benefició mucho el cambio a las de 29, porque favorece a los corredores más altos (mide 1.90 metros) y ahora asisto curioso y expectante al cambio que se anuncia. Será una nueva motivación para el curso que viene”, confiesa.
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