El penalti desganado de Dean Huijsen


Hay que observar muchas veces y a cámara lenta el penalti de Dean Huijsen en el Metropolitano porque cuántas veces no hemos querido coger el brazo así a alguien, tirar de él y quitarle la posición, ya sea en una cola del banco o en un pasillo del súper camino a la caja. Cuántas veces. Cuántas veces no quise yo agarrar así a una anciana enloquecida que, con el carro, me robó la posición en la sección de lácteos y enfiló la caja con una compra de 900 euros cuando yo llevaba unos yogures griegos. Fijándome si había cámaras, mirando de reojo la hora. Y no lo hice, Huijsen. Por si me ven y porque la discusión posterior, con intervención segura de los encargados del súper y quién sabe si de algún cliente metiche, me haría perder más tiempo que la compra eterna de la señora.
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