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Alemania se prepara para otro shock de la ultraderecha en dos elecciones cruciales


Alemania vive en estado de shock por el avance de la ultraderecha de AfD. Mientras algunos dirigentes políticos alimentan el debate de abrir el proceso para su ilegalización (en la década de 1950 ya se ilegalizó un partido neonazi y la Constitución alemana tiene mecanismos para disolver partidos que supongan una amenaza para el sistema democrático), toda la clase política mira a las dos elecciones regionales de este domingo, en Berlín y en Pomerania, donde los ultras volverán a avanzar.

Ningún sondeo les da un resultado como el 44% que obtuvieron en Sajonia-Anhalt hace dos semanas y que tiene a la clase política buscando fórmulas para pactar un gobierno regional que impida el acceso al poder de los ultras, pero los sondeos sí dicen que AfD sería ahora mismo la primera fuerza política con un 30%. La CDU gobernante no llegaría al 20%.

AfD ganará, salvo sorpresa, en Pomerania, pero debería quedarse algo por encima del 30% y los demás partidos podrán formar una alternativa. En Berlín no llegará tan arriba y según las previsiones la primera fuerza política será Die Linke, la formación de extrema izquierda.

La CDU, el partido del primer ministro Friedrich Merz, podría no llegar en Pomerania ni al 5% necesario para entrar en el Parlamento, en su peor resultado en un lander alemán desde la Segunda Guerra Mundial. Si se da algo así, la presión para acabar con Merz, sobre todo desde su partido, pondrá contra las cuerdas a un gobierno que lleva apenas un año y medio en el poder.

Merz, el empresario millonario de éxito que debía poner la economía alemana en marcha gestionando el país como si fuera una empresa, tiene esa misma economía con uno de los peores datos de Europa y se ha convertido en el jefe de gobierno más impopular desde la Segunda Guerra Mundial.

El 78% de los alemanes no quieren que siga como líder del país. Ni siquiera en su partido es mucho más popular. El 58% de los votantes de la CDU quiere que deje el cargo. Su partido no está usando su cara en los posters de campaña y no los usó en Sajonia-Anhalt a sabiendas de su impopularidad.

Una de las grandes promesas de Merz cuando accedió a la presidencia de su partido en 2018 sucediendo a Angela Merkel fue que iba a recortar a la mitad el apoyo que recibía entonces AfD, que apenas superaba el 15%. Desde que llegó al poder los ultras han saltado por encima del 30%. La mayor parte de los analistas alemanes aseguran que esa subida tiene como principal razón el malestar que generan unas reformas económicas que se ceban en la clase trabajadora.

Alemania vive unos meses de malestar y da muestras de debilidad. La economía no acaba de arrancar a pesar de unas reformas dolorosas, la industria automotriz, joya de la corona del potencial industrial alemán, está contra las cuerdas por la competencia china, drones rusos con explosivos atacan aeropuertos, como en Leipzig y el partido político que más crece es uno que los propios servicios secretos consideran una amenaza para el país, prorruso, anti europeo y con muy débiles credenciales democráticas.

A Merz le crecen los enanos en su propio circo. Desde julio se suceden las voces de líderes regionales y diputados nacionales de su partido que piden que el jefe de gobierno dé un paso a un lado y el partido elija a otro presidente, que sería el nuevo jefe del Ejecutivo.

La salida de Merz apenas un año y medio después de llegar al poder sería una anomalía en un partido cuyos líderes gobernaron durante períodos larguísimos, superiores a los 15 años, como Konrad Adenauer, Helmut Kohl y Angela Merkel.

Pero el jefe de gobierno no tiene intención de irse. Convocó ya a los dirigentes de su partido a una reunión el domingo poco antes del cierre de las urnas en Pomerania y Berlín para recabar su apoyo.

Una de sus razones para seguir en el poder es que Europa está viviendo tiempos convulsos con la amenaza rusa y eso hace irresponsable cambiar de gobierno. Argumento que bien podrían utilizar otros que se enfrentan a las urnas en los próximos 12 meses, cuando habrá varias elecciones mayores en Europa: Francia, España, Italia y Polonia.

La CDU ya tiene incluso preparado el recambio. Todos los ojos se ponen sobre el joven y popular presidente de la región de Renania, una de las más ricas del país y la más industrial. Ese hombre, Hendrik Wüst, niega tener ambiciones pero los medios alemanes aseguran que no lo dudaría si su partido decide cargarse a Merz.


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