El hermano de Lady Di afirma en su libro que la princesa se separó de Carlos porque el futuro rey «estaba enamorado de su valet»

La princesa Diana de Gales decidió separarse del rey Carlos porque «mi marido estaba enamorado de su valet». La brutal confesión se la hizo a su hermano, el conde Charles Spencer —a quien ella llamaba «Carlos»— en el famoso restaurante italiano San Lorenzo, en Knightsbridge, Londres. A ella, la familia la llamaba Duch.
Sin mencionar el nombre del valet, todos saben quién es: quien vendía los regalos que no le gustaban al monarca y le ponía la pasta de dientes en su cepillo cada mañana. Nadie lo menciona en Gran Bretaña y los periodistas reportean el libro con incomodidad.
La revelación es la primera de la serialización que hace The Daily Mail sobre el libro que el conde Spencer escribió acerca de su hermana. Allí cuenta la crisis que el funeral produjo en la familia real, en sus hijos, y el clima que se vivía entre los Spencer y el entonces príncipe de Gales y hoy rey Carlos, ex marido de Diana.
El libro, titulado «Swan Song: Diana, My Sister» («Canto del cisne: Diana, mi hermana»), está siendo publicado por entregas en el diario The Daily Mail y saldrá a la luz el martes próximo en doce idiomas.
La revelación
En su relato, el conde Spencer cuenta: «Un día, Diana me pidió con muy poca antelación que la acompañara a almorzar en San Lorenzo, su restaurante londinense favorito».
«Bajó la vista hacia la mesa y dijo: «Charles, voy a divorciarme». Guardé silencio un momento. Sabía que la situación era mala, pero no hasta ese punto», continuó.
El príncipe Carlos, el príncipe Henry, el conde Spencer, el príncipe William y el duque de Edimburgo observan cómo el féretro que contiene los restos de la princesa Diana es trasladado al interior de la Abadía de Westminster para su funeral. Foto Reuters—»Bueno, Duch (como la llamaba la familia) —respondí con cautela—, por supuesto cuentas con todo mi apoyo… Sé que lo habrás meditado bien. Pero mi principal preocupación es el público. Temo que no te lo perdonen. Han creído en un cuento de hadas y creo que podrían —erróneamente— culparte de destruir su fantasía».
«Ella levantó la vista hacia mí, asintió y dijo en voz baja: ‘Pero, Charles, mi marido está enamorado de su valet'».
«Tragué saliva. ‘Bueno, supongo que, en ese caso, realmente no tienes otra opción'», respondió el hermano.
«No mencionó el nombre del miembro del personal, y yo nunca le pregunté quién era ni por qué creía algo tan improbable. Eso no importaba; lo que importaba era el fin de su matrimonio y de sus sueños», escribió el conde Spencer en la más espectacular revelación de la serialización.
Cómo se enteran de su muerte
El conde Spencer vivía en Sudáfrica cuando su hermana Diana de Gales murió. Su cuñado Robert Fellowes, casado con su hermana Jane, era el secretario privado de la reina y tenía información confiable. Ambos miraban la televisión en la cocina y veían que el accidente había sido terrible; su chófer Henry Paul y Dodi al Fayed habían fallecido al chocar.
«Y entonces, tal vez durante nuestra quinta o sexta llamada de aquella noche —cuando la creciente angustia nos dejaba a ambos sin palabras—, oí a mi cuñado, Robert, hablando de fondo por la línea de trabajo de su casa. ‘¡Oh, no!’, exclamó, entre un grito y un suspiro de incredulidad. Y Jane, al ver el impacto absoluto que aquello le causaba, me transmitió en voz baja: ‘Se acabó… es el final… Duch ha muerto…'».
Al enterarse, el Palacio de Buckingham y el equipo del rey Carlos consideraron que ellos llevarían la iniciativa.
El príncipe Carlos y la princesa Diana en el balcón del Palacio de Buckingham en Londres, tras su boda en la Catedral de San Pablo, el 29 de junio de 1981. Foto Reuters«A ojos del Palacio de Buckingham, Diana seguía perteneciéndoles, incluso tras su muerte. Se esperaba que su familia, a pesar del divorcio, se limitara a acatar cualquier decisión de la Casa Real. Es en momentos así cuando incluso el monárquico más ferviente empieza a cuestionar la arrogancia y el sentido de superioridad que a veces manifiestan. Mis hermanas sabían que Diana siempre había querido que sonara el «Réquiem» de Mozart tras su muerte. Sin embargo, cuando transmití esta petición, la descartaron de inmediato: ‘No se puede interpretar ninguna parte de un réquiem en un funeral de la Iglesia de Inglaterra‘, me dijeron», relató el conde Spencer en sus memorias.
«En este contexto, nadie en la Familia Real se planteó hablar conmigo directamente sobre los preparativos del funeral. Como era habitual, una interacción tan delicada y personal se delegó en un cortesano. El teniente coronel Malcolm Ross resultó ser el prototipo de oficial de la Guardia y antiguo alumno de Eton, con su característico tono de voz seco y cortante. Por aquel entonces, su cargo en el Palacio de Buckingham era el de interventor de la Oficina del Lord Chambelán, lo que lo situaba al frente de los actos ceremoniales y oficiales a los que asistía la reina. Siempre me trató con suma cortesía. Cuando, durante nuestra primera conversación, me expresó sus condolencias, lo hizo con total sinceridad. Yo ya sabía que había otras personas en Palacio que se sentían aliviadas —o incluso satisfechas», escribió el conde, que es historiador, autor célebre y ex periodista de la NBC.
La llamada con el rey Carlos
El conde Spencer era el guardián de los hijos de Diana, tal como había querido su hermana, y seguía en Sudáfrica. La discusión con el rey se debió a que el conde se oponía a que William y Harry marcharan detrás del féretro, algo que Diana nunca hubiese permitido. Era una decisión que había tomado el monarca porque temía ser abucheado por la multitud, algo que no ocurriría si los chicos caminaban junto a él.
«El teléfono sonaba constantemente. El rey Carlos me interceptó cuando cruzaba el rellano de la planta alta. A diferencia de las otras personas que llamaban —quienes estaban atónitas y apenas lograban articular sus condolencias—, él sonaba eufórico, como alguien que ha ganado la lotería. Eso fue lo que pensé en aquel momento», describió.
En esta foto de archivo tomada el 19 de agosto de 1995, el príncipe Carlos (izq.), la princesa Diana (der.) y sus hijos William (segundo por la izq.) y Harry observan el desfile desde una tribuna en The Mall. Foto AFP«Me comunicó que había informado a William y a Harry de la muerte de su madre a primera hora de la mañana, en sus habitaciones de Balmoral. Todo sonaba extrañamente frío y pragmático, dada la magnitud de la tragedia. Al echar la vista atrás, sospecho que la primera reacción del príncipe debió de ser pensar más en cómo aquel suceso podría liberarlo para casarse con la mujer a la que amaba, en lugar de lamentar la pérdida de aquella a quien no amaba. Resulta difícil sentir demasiada compasión por un cónyuge tras un divorcio amargo», reflexionó el conde en su libro.
«¡Ese es el problema de tu familia: no tienen ni pizca de sentido del deber!», empezó diciendo el rey Carlos antes de dejarse llevar por una furia generalizada.
El monarca continuó con su largo insulto. «Supuse que la pausa indicaba un esfuerzo por contenerse. Pero entonces descargó por teléfono lo que siempre he interpretado como su desprecio reprimido hacia Diana y su horror ante el hecho de que el mundo estuviera tan conmocionado por su muerte: ‘¡Ten por seguro —siseó— que la olvidaremos bien pronto!'».
Cuando diana le pide romper el compromiso
El conde revela que Diana pidió a su padre romper el compromiso antes de casarse, pero su padre pensó que era demasiado tarde, ya que era un fiel servidor de la corona.
Duch no podía escapar de su destino. Su hermano relata el día de su casamiento:
«El día de la boda de Diana me desperté temprano y fui a Clarence House, donde la encontré ya vestida de novia, sentada tranquilamente frente a un espejo. Solo mucho más tarde descubriría que, tal como le confesó a una amiga íntima, su futuro marido le había dicho el día anterior que debía saber que él estaba muy feliz de casarse con ella, pero que en realidad no estaba enamorado de ella. Diana tuvo que asimilar aquel duro golpe, al tiempo que tenía la certeza de que el príncipe iniciaba el matrimonio con el corazón puesto en otra parte».
El conde contó que el príncipe le dijo a Diana que estaba gorda, lo que le desarrolló una inseguridad que la llevó a perder muchos kilos antes de su enlace y a enfermarse.
«Por aquel entonces, existía preocupación por los arrebatos explosivos de Diana en los momentos en que se sentía más desdichada. Quienes en Palacio presenciaron estos episodios salieron en defensa del rey Carlos —como era de esperar— y comentaron que, en ocasiones, Diana les parecía una persona atormentada. Cuando se interrogó a miembros de nuestra familia, estos afirmaron rotundamente que Diana nunca había mostrado tal comportamiento antes de la boda», relató, añadiendo que el palacio le había cambiado su médico personal por el de la corte.
«Es triste constatar que, en sus últimos años, Diana condujo en más de una ocasión hasta Beachy Head —el acantilado de creta más alto de Inglaterra— mientras contemplaba la idea de quitarse la vida. El amor por sus hijos fue lo que le impidió llegar hasta el final», admitió su hermano.
El conde Spencer no informó a nadie
El conde Spencer no informó al príncipe Harry, al príncipe William ni al Palacio de Buckingham sobre el contenido de sus memorias. Aunque se había anunciado que estaba escribiendo el libro, las medidas de seguridad fueron tan estrictas que el manuscrito no se compartió con antelación.
La revelación provocó un comunicado público —inusual y de tono contundente— por parte del Palacio de Buckingham cuestionando la veracidad de un aspecto del relato.
En un comunicado emitido el miércoles por la noche, el palacio declaró: «Si bien por norma general no hacemos comentarios sobre libros, Su Majestad es consciente de que el dolor de la pérdida de un hermano puede nublar la razón, afectar al juicio y alterar los recuerdos de formas que otros no perciben, incluso muchos años después de dicha pérdida». Esto hizo eco de la respuesta de Isabel II —»algunos recuerdos pueden variar»— ante las afirmaciones de los Sussex en su entrevista con Oprah Winfrey.
El jueves, el rey fue visto por primera vez desde que se revelaron los detalles del libro durante su intervención en una cumbre sobre inteligencia artificial en Escocia. La reina Camila no participó en ninguna ceremonia. El príncipe William y Kate estaban en una isla escocesa en su primera visita, mientras el príncipe Harry entregaba medallas a soldados discapacitados para su fundación Invictus cuando se publicó el libro de su tío.
El príncipe Harry sabía, pero no leyó el libro
El príncipe Harry estaba al tanto de las memorias que escribía su tío Charles Spencer, pero no las ha leído. Se lo había contado el propio conde cuando los alojó meses atrás en el palacio de Althorp, una residencia de la nobleza británica aún más antigua que la de la Familia Real.
Las impactantes revelaciones de The Daily Mail están dividiendo a la opinión pública. El problema para el palacio es que la muerte de Diana vuelve a aparecer con las mismas teorías conspirativas, acusaciones y sospechas, mientras el fantasma de la princesa resucita para dañar la reputación de la institución en un momento en que el rey padece cáncer y sus hijos están enfrentados. Esto obliga al monarca a tomar partido y a marginar a Harry.
Si las palabras del rey sobre su exesposa son ciertas, confirman que la Casa de Windsor había decidido en Balmoral una estrategia para hacerla olvidar y promover a Camila, quien terminó casándose con el futuro rey y hoy es reina consorte.
Hasta ahora, entre el 55 % y el 64 % de los británicos prefiere mantener la monarquía en lugar de sustituirla por un jefe de Estado electo, según datos de Statista y Yoigo.
Aproximadamente entre el 23 % y el 27 % de la población apoya la abolición de la monarquía. Estudios como la encuesta British Social Attitudes señalan que el entusiasmo general ha mostrado una tendencia a la baja durante la última década. El apoyo es mayor entre los adultos de edad avanzada (más del 80 % en mayores de 65 años) y cae drásticamente entre los jóvenes, ya que alrededor del 40 % de las personas de entre 18 y 24 años prefiere un jefe de Estado electo.
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