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Jordi Domínguez: No es un juego si te juegas la vida | Fútbol | Deportes


Un sábado de finales de mayo de 1982, un fiscal italiano de la región de Campania aprovecha el día libre para llevarse a su hija de 11 años a la playa; a la vuelta a casa, después de baños y juegos, un coche se pone a la altura del suyo y abre fuego. El fiscal, Alfonso Lamberti, sabía que era objetivo de mafiosos por haber metido a muchos de ellos en la cárcel, y aunque tomaba todas las precauciones, ese sábado pesó más un día a solas en la playa con su hija Simonetta que estar, los dos, rodeados de escoltas.

La niña murió en el acto de un balazo en la cabeza; él sobrevivió, seguramente a su pesar (intentó suicidarse después), y su biografía se descompuso: enloqueció tratando de encontrar al culpable, entró en tratos con la Camorra, se apartó de la ley en su sed de venganza, se divorció de su mujer, fue condenado a prisión después de que un arrepentido confesase que prevaricaba a favor de algunos mafiosos y se le llegó a acusar de querer organizar el asesinato de la pareja de su exmujer.

33 años pasó buscando al culpable, que nunca fue juzgado. Murió en 2015, pero su empeño en mantener vivo el recuerdo de su hija llevaba tiempo algo recompensado gracias al fútbol: el Cavese, club hoy de la serie C pero que jugó años en la B, puso a su estadio el nombre de Simonetta Lamberti en 1983, un año después del asesinato. Y el presidente actual es primo de la niña.

Esta historia la relata con más detalle Jordi Domínguez en No es sólo un juego. Historias insólitas y fascinantes del fútbol europeo, un libro que acaba de publicar Panenka y que redunda en una idea: el fútbol y lo que no es fútbol se entrecruzan a menudo de una manera tan cruda que a veces ser futbolista es lo de menos.

En el capítulo Ojalá no tuvieras ese nombre en el que se cuenta la tragedia de la familia Lamberti, Domínguez da cuenta también de la escasez de nombres femeninos en los estadios (el Compos lleva desde 2018 jugando en el estadio Vero Boquete). Y recuerda la historia de Amelia del Castillo, Meli. Vecina de Pinto y aficionada desde niña, en los años sesenta se convirtió en la primera mujer que fundó y presidió un club de fútbol en España, escribe Jordi Domínguez. En una época en que las mujeres apenas tenían cabida en este deporte —las normas les impedían ejercer como jugadoras o entrenadoras—, Meli aprovechó que nada prohibía que dirigieran una entidad y fundó el Atlético de Pinto. Pero en 1975, el alcalde de Pinto, Daniel Martín, la obligó a dejar la presidencia: si no dimitía, el Ayuntamiento subvencionaría la creación de otro club que competiría con el suyo. Meli se apartó. Veinticinco años después llegó el reconocimiento final: los aficionados consiguieron que el estadio municipal llevase su nombre, Municipal Amelia del Castillo.

El libro está lleno de estas historias laterales que empiezan en un estadio y acaban muy lejos de él, o al revés. Domínguez recorre Europa buscando clubes, campos, nombres y episodios que explican cómo el fútbol se mezcla con la política, la guerra, la memoria, el crimen o las pequeñas biografías privadas: 55 federaciones continentales con sus 55 relatos. El mayor atractivo de este enjundioso libro es recordar que un estadio no es únicamente el lugar donde juega un equipo, asunto por otro lado ya conocido. A veces basta un nombre en una fachada para que siga entrando al campo alguien que ya no puede hacerlo.


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