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US Open 2026: Es la hora del joven Shelton: 24.000 personas con él… y 350 millones sobre sus hombros | Tenis | Deportes

La noche del viernes, con la central de Nueva York todavía crepitando, Ben Shelton dedicaba el triunfo contra Frances Tiafoe a su abuela Regina, fallecida en marzo a los 90 años. “Ella es la razón por la que Ben Shelton está hoy aquí”, decía. Después, su padre Bryan añadía que él nació en el seno de una familia “de clase media-baja [y mestiza] de Alabama” y que ella, “una mujer excepcional”, brindó a sus hijos las oportunidades para que se dedicaran “a aquello que les apasionaba”. El tenis es “carísimo”, precisaba el técnico, pero la mujer “hizo los sacrificios” y él pudo emprender una carrera próspera que se tradujo en un recorrido de ocho años en el circuito de élite (de 1989 a 1997) y el puesto 55º del mundo. Ganó también un par de trofeos discretos.

Con tan solo 23 años, su hijo ya ha mejorado los registros. Shelton ascenderá el lunes al cuarto peldaño mundial y después de haber conquistado dos Masters 1000, ambos en Canadá, vislumbra una ocasión de oro: acabar con la sequía masculina de su país, que no conquista un Grand Slam masculino desde 2003. Entonces lo hizo Andy Roddick, quien antes del inicio de esta edición, deslizaba en una entrevista concedida a la revista People: “Creo que esta vez hay muchas posibilidades”. El exnúmero uno mencionaba a Shelton y a Tommy Paul (eliminado en los octavos de final por Carlos Alcaraz), al mismo tiempo que trataba de quitar presión a sus compatriotas, sobre los que pesa el vacío en el palmarés: “No creo que ellos deban responder por nada ni por nadie”.

Esta noche (20.00, Movistar+), el estadounidense se enfrentará a Alexander Zverev, que parte como favorito y apunta a su segundo grande en tan solo tres meses. Será la sexta gran final para el alemán, al que le ha sonreído la fortuna durante estos días. Las sucesivas caídas de los cabezas de serie han ido despejándole el cuadro de tal manera que aterrizará en el episodio definitivo sin haber tenido que batir a ningún rival clasificado entre los veinte mejores. Para él, la circunstancia no es nueva; de hecho, se trata de la tercera vez. Pero no es el único. Rafael Nadal se benefició en su momento exactamente del mismo escenario, coronado en el Roland Garros de 2010 y los US Open de 2017 y 2019 sin haber tenido que superar a adversarios comprendidos en el top-20.

El trazado de Shelton, en cambio, ha sido verdaderamente exigente. Rivales tramposos en las primeras rondas —lo son Griekspoor, Hurkacz o Shapovalov— y después una escalada progresiva y muy meritoria; frenó a Stefanos Tsitsipas cuando el griego crecía, se sobrepuso a la tensión y la noche eléctrica del pulso contra Alcaraz —tras 4h 28m— y batió también a Tiafoe, profesional ya de largo recorrido.

“Ben ha ido evolucionando en la dirección correcta a lo largo de este año. Los cuatro títulos conseguidos en diferentes superficies [dura, tierra y hierba, en total cuatro] son prueba de ello. Creo que, en parte, se debe a que ha ganado madurez y disciplina en la pista. Está dispuesto a sufrir durante los peloteos, a alargar los puntos y a aprovechar realmente su capacidad física”, destaca su padre, que también incide en la mejora al resto —“era un punto débil, pero ahora entiende qué debe hacer”— y en la capacidad del hijo para mantener la “concentración” y no desinflarse tras la extenuante velada contra el murciano.

Inversión y ceros

Hace dos años, Taylor Fritz pudo acabar con el largo periodo norteamericano sin éxito en el terreno masculino. Sin embargo, se topó con Sinner y además de la envergadura el actual número uno, al californiano (28 años) le costó mucho gestionar la enorme carga que portan hoy día los talentos norteamericanos. A Fritz le engulló la situación. “Sé que llevamos mucho tiempo esperando a un campeón. Siento mucho no haber podido lograrlo…”, afirmó. Posteriormente afirmó en Nothing Major: “Para ser sincero, fue peor de lo que podría haber imaginado… Me paso 12 horas al día sentado en mi escritorio y jugando a los videojuegos. También se podría decir que, en ciertas situaciones, no comía nada sano…”.

Estados Unidos es una de las grandes potencias del tenis —la inversión de su Federación (USTA) multiplica por muchos ceros la de otras como la española, por ejemplo— e históricamente ha formado a competidores del máximo nivel, grandes figuras, ya fuera en los sesenta, los setenta, los ochenta o los noventa. Antes de que Roddick dejara la última huella hicieron cumbre iconos como Andre Agassi o Pete Sampras, si no el pétreo Ivan Lendl (nacionalizado), John McEnroe, Jimmy Connors, Stan Smith o Arthur Ashe. En 2005 alcanzó la final de Flushing Meadows la última versión de Agassi, vencido por Roger Federer, y finalmente no se materializó la opción de Fritz.

Ahora es turno para Shelton, que esta noche contará con el aliento de 24.000 almas a su favor —las que asistan al desenlace en la central—, pero que a su vez cargará con la responsabilidad y el exacerbado deseo de una nación que reclama desde hace más de dos décadas un ganador. Son 350 millones de personas alentándole. Y exigiéndole. Él no se arruga por ahora.

“Me apoya mucha gente, personas que han invertido mucho tiempo conmigo y han dedicado sus vidas a mi a mi evolución y a mi carrera”, aprecia el finalista. “Así que estoy muy contento por mi equipo, pero obviamente esto no termina aquí. El trabajo aún no ha terminado. Me hace mucha ilusión tener otra oportunidad de salir a la pista y dar lo mejor de mí el domingo”. “Los nervios están ahí, pero habrá que superarlos”, intenta anticiparse. “Pero todo ha cambiado esta temporada: mi mentalidad, la forma de entrenar, los hábitos de sueño, también la nutrición… Ya sé hasta qué extremos hay que llegar para intentar convertirse en el mejor. Nunca he estado tan comprometido”, remata Shelton.

EL PRIMER ZURDO DESDE NADAL

A. C. | Nueva York

Las estadísticas revelan un rendimiento parejo de ambos jugadores. Eso sí, el promedio de saques directos de Zverev (87, que equivalen a 14,5 por partido) es ligeramente superior al de Shelton (71/11,8). El alemán retiene más juegos que nadie con su servicio: un 92%, por el 88% del tenista local.

Ambos han invertido un tiempo similar para resolver los seis cruces (19h 38m del número dos y 18h 59m del norteamericano) y Shelton ha sido quien ha cometido más errores no forzados (296-205), con un registro muy parejo de ganadores (268-244).

El estadounidense es el cuarto tenista zurdo que alcanza una gran final en este siglo —anteriormente lo consiguieron Goran Ivanisevic, Mariano Puerta y Rafael Nadal— y su progresión le reportará un ascenso importante: del noveno al cuarto puesto.

Zverev, por su parte, se ha convertido en el séptimo jugador que logra desembarcar en tres finales consecutivas a partir de 2000. Le precedieron Federer (10), Novak Djokovic (6), Nadal (5), Sinner (5) Alcaraz (4) y Andy Murray (3).


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