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Szymula advirtió sobre El Niño y pidió preparar a Resistencia ante una emergencia

Szymula explicó que el fenómeno de El Niño se origina en el Pacífico ecuatorial, frente a las costas de Ecuador y Perú, donde se produce un calentamiento de las aguas que incrementa la evaporación y puede modificar los patrones de precipitaciones.
«Es importante que la gente sepa que la corriente de El Niño es un fenómeno que ocurre en el Pacífico Ecuatorial, frente a Ecuador y Perú. Hay un fenómeno atmosférico que hace cada tanto que las aguas se calienten», explicó.
Según señaló, el seguimiento del fenómeno es permanente y también se realiza desde organismos provinciales. «Esto se monitorea permanentemente, inclusive en la Administración Provincial del Agua esto se sigue en su avance», indicó.
En declaraciones a Radio Facundo Quiroga, el ingeniero sostuvo que el aumento de la temperatura del océano genera una mayor evaporación y que el destino de esas masas de humedad depende posteriormente del desplazamiento de los sistemas atmosféricos.
«Esta evaporación que se incorpora a la atmósfera en algún lado tiene que precipitarse. El lugar donde se va a precipitar va a depender de cómo se mueven las masas de aire», explicó.
En ese sentido, mencionó el último informe del Servicio Meteorológico Nacional que había analizado y señaló que existe la posibilidad de que las precipitaciones asociadas al fenómeno alcancen distintos sectores del Litoral.
«Según el último informe que leí hoy del Servicio Meteorológico Nacional, existe la posibilidad de que estas precipitaciones se produzcan en esta región: norte de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, el este del Chaco y parte de Formosa», detalló.
Por eso, consideró que el principal desafío es trabajar con anticipación. «Lo que hay que hacer es estar preparados», afirmó.
La experiencia de
1998 como antecedente
Szymula recordó especialmente la experiencia de 1998, cuando tuvo responsabilidades en la organización de la respuesta provincial frente a la emergencia hídrica. Según explicó, las tareas comenzaron incluso antes de que el fenómeno alcanzara su máxima intensidad.
«Nosotros pasamos este fenómeno en el año 1998. Hemos trabajado fuertemente. Ya el año anterior, en septiembre, teníamos certeza, en el 97, de que iba a ocurrir esto. Y trabajamos fuertemente», recordó.
A partir de aquella experiencia, destacó la importancia de contar con una estructura de comando clara y con responsables definidos para evitar que los distintos organismos actúen de manera descoordinada.
«Lo primero que se hizo fue seguir los procedimientos que recomienda Naciones Unidas a través de sus áreas específicas. Hay un manual al respecto», explicó.
Para Szymula, una emergencia de grandes dimensiones requiere necesariamente una conducción centralizada. Utilizó una comparación con una estructura militar para graficar la necesidad de establecer una cadena de mando.
«Alguien tiene que decir: vamos a hacer esto, vamos a ir para acá, vamos a ir para allá. Un general no es que cualquier soldado, sargento o cabo hace lo que quiere», sostuvo.
Según relató, durante aquella emergencia se designaron dos responsables principales: uno para las cuestiones vinculadas con seguridad, asistencia social y relación con los municipios, y otro para la logística y la operación de la emergencia.
«Éramos los únicos autorizados a tener contacto con la prensa para que no cualquiera diga cualquier cosa», recordó.

«Tiene que haber una cabeza»
El exintendente de Resistencia insistió en que organismos como la Administración Provincial del Agua, Vialidad, Sameep y Secheep deben actuar dentro de una estructura coordinada.
«Son varios sectores que tienen que operar. El APA, Vialidad, Sameep, Secheep, todos los organismos tienen que estar bajo una cabeza que dé instrucciones y no que cualquiera haga lo que quiera en el momento de la emergencia», enfatizó.
En esa línea, sostuvo que la preparación debe comenzar antes de que se produzca el evento climático y no cuando el agua ya haya ingresado a las zonas urbanas.
Durante la emergencia de 1998, relató, se compraron anticipadamente insumos para las bombas, se previeron equipos y se realizaron licitaciones para disponer de maquinaria pesada.
«Hemos procedido a licitar para disponer de los equipos, por ejemplo, camiones, excavadoras, etcétera, para que no salgamos a las corridas en plena emergencia», señaló.
También destacó que se había realizado un relevamiento de bombas disponibles en distintos puntos de la provincia, incluso pertenecientes a productores arroceros, y se coordinó con organismos nacionales para contar con medios de asistencia.
«Logramos tener dos helicópteros, uno de Prefectura y otro del Ejército. Esto es muy importante porque en plena emergencia hay que llegar a puntos donde obviamente no se puede ingresar por los medios normales», explicó.
A su vez, mencionó la utilización de embarcaciones para asistir a pobladores ribereños durante la crecida del Paraná.

El funcionamiento de las estaciones
de bombeo, una cuestión clave
Para Szymula, uno de los puntos centrales de la preparación actual debe estar puesto en las estaciones de bombeo.
«Estas estaciones de bombeo hay que controlar que funcionen adecuadamente y que tengan los insumos necesarios», advirtió.
En ese sentido, consideró que Resistencia puede afrontar lluvias importantes sin repetir necesariamente las consecuencias de las grandes inundaciones del pasado, aunque habrá sectores que seguirán siendo vulnerables.
«Sin grandes lluvias tenemos algunos sectores de la ciudad con problemas», reconoció.
Y explicó que la propia ubicación geográfica de Resistencia genera una condición particular: «Es una ciudad que está en una llanura».
Por eso, anticipó que ante lluvias extraordinarias pueden registrarse inconvenientes, ingreso de agua a algunas viviendas y anegamientos, especialmente en sectores donde se ocuparon áreas que originalmente cumplían una función natural de reservorio.

La preocupación por quienes
viven en zonas bajas
Otro de los puntos abordados durante la entrevista fue la situación de las familias que, después de años de bajante y sequía, se asentaron en terrenos que permanecieron secos durante mucho tiempo.
Szymula sostuvo que los municipios deberían realizar un relevamiento de esas zonas para conocer con precisión quiénes viven allí y cuáles son los puntos de mayor vulnerabilidad.
«Lo que tendría que hacer, en todo caso, cada uno de los municipios es eventualmente hacer un relevamiento», planteó.
El ingeniero recordó que existen sectores que, de acuerdo con las normas y las condiciones establecidas para la construcción de las defensas, no deberían haber sido ocupados.
«Son terrenos que no debieron ocupar por ley. No se puede ocupar», afirmó.
En ese contexto, advirtió que la cantidad de familias asentadas en esas áreas constituye actualmente un problema de difícil resolución.
«La verdad es que va a ser un tema muy complicado porque no son diez, veinte o treinta familias, son una cantidad muy grande. Realmente es una enorme complicación», sostuvo.
Sin embargo, volvió a remarcar que el correcto funcionamiento de las estaciones de bombeo puede reducir considerablemente el impacto. «Si las estaciones de bombeo funcionan adecuadamente, el problema no va a ser tan problemático», afirmó.

Las defensas cambiaron
el escenario de Resistencia

Al comparar la situación actual con la de 1998, Szymula marcó una diferencia fundamental: la existencia de las defensas definitivas del área metropolitana y las estaciones de bombeo.
«La ventaja que tenemos hoy es que tenemos las defensas definitivas del área metropolitana», afirmó.
En particular, señaló que la construcción de las defensas modificó sustancialmente el nivel de riesgo frente a una eventual crecida del río Paraná.
«Ya no tenemos que preocuparnos, por ejemplo, por el río Paraná. Yo me acuerdo que en esa época, antes de las defensas, nos levantábamos a primera hora y prendíamos la radio. Era el pronóstico meteorológico y también la altura en Iguazú», recordó.
Según explicó, actualmente las defensas conforman un recinto diseñado para soportar un escenario de caudal extremo.
«Todo el área metropolitana está rodeada por un recinto que está calculado inclusive para el máximo caudal que pudiera pasar por acá», sostuvo.
Y agregó: «Se ha calculado para 10.000 años y se tomó el mismo valor con el cual se diseñó Yacyretá para que pase el máximo caudal de agua».
No obstante, aclaró que disponer de defensas no significa que la ciudad quede completamente exenta de problemas frente a lluvias intensas.
«Siempre vas a tener algo que se va a inundar porque el agua no va a llegar. Pero no esa inundación que le entra el agua hasta las rodillas a la casa», explicó.


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