Nada ni nadie puede con Mas en la Vuelta a España


Tres puertos, cuatro horas de carrera, un sol abrasador y 155 kilómetros de etapa y tiovivo porque apenas se rodó entre planicies. Mucha tralla que, sin embargo, se encorchó en apenas cuatro kilómetros, los últimos, donde los aspirantes al cetro trataron sin éxito de poner en jaque a Mas y a su maillot rojo. Es la nueva Vuelta, donde no está Pogacar ni su cuerda locura, donde se permiten las fugas y los ataques entre los favoritos se reducen en tiempo y espacio, donde no hay quien le tosa a Mas, el más fuerte hacia arriba que, además, encontró en Raúl García Pierna al mejor de los escuderos -por su oportunismo y por la redondez de la estrategia de Movistar- para dar un golpe sobre la mesa y ampliar las distancias con Roglic, un cojín estupendo ahora que se acerca la temida contrarreloj. “El equipo ha estado de 10”, resumió Mas con el aliento entrecortado. Como Marco Brenner, ganador de la jornada, el más avispado y resistente de la fuga.
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