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El Niño: advierten sobre las lluvias que llegarían desde octubre

El este del Chaco integra la zona para la cual se esperan precipitaciones por encima de lo normal durante el trimestre septiembre, octubre y noviembre, según explicó el ingeniero en Recursos Hídricos, Hugo Rohrmann.
En una entrevista con Radio Natagalá, el especialista advirtió que las manifestaciones de El Niño podrían observarse con mayor claridad desde octubre, aunque señaló que las consecuencias más importantes, incluida una eventual creciente del Paraná, podrían presentarse hacia el final de la temporada de lluvias, durante los primeros meses del próximo año.
Para el Gran Resistencia, identificó tres factores cuya combinación puede agravar los problemas de inundación: una crecida del Paraná, el aumento del caudal del río Negro y las precipitaciones locales.
Aclaró que la magnitud de los efectos dependerá de cómo se desarrollen y coincidan esas condiciones, y sostuvo que la información disponible debe servir para organizar la prevención.
«Es mucho mejor enfrentar una manifestación de una emergencia hídrica si uno está avisado a que si lo agarra de sorpresa», expresó. En ese sentido, destacó la importancia de conocer las zonas expuestas, prever la asistencia a las familias y mantener en las mejores condiciones posibles la infraestructura existente.
Consultado sobre los fenómenos meteorológicos registrados durante el fin de semana en Misiones, Brasil y Paraguay, Rohrmann los vinculó con las primeras manifestaciones del impacto de El Niño en la región.
No obstante, situó desde octubre el período en el que podría comenzar a distinguirse con mayor claridad su influencia, con el inicio de la temporada de lluvias que se extiende hasta abril.

LLUVIAS POR ENCIMA DE LO NORMAL
El ingeniero explicó que las perspectivas trimestrales difundidas por los servicios meteorológicos de la Argentina y Brasil coincidieron en señalar un escenario de precipitaciones superiores a las habituales para una amplia franja de la región.
Según detalló, esa previsión comprende el sur de la cuenca del Paraná en territorio brasileño, la cuenca del Iguazú, Misiones, Corrientes, el sur del Paraguay y el este del Chaco y Formosa.
«Están dentro de la zona en la cual en ese trimestre se esperan precipitaciones claramente por encima de lo normal», afirmó.
Para el especialista, esa coincidencia constituye un indicio sobre las áreas en las que podría expresarse el fenómeno, aunque no permite anticipar con precisión todo lo que ocurrirá durante los meses posteriores.
Rohrmann diferenció el alcance de los pronósticos sobre El Niño de las perspectivas de precipitaciones. Mientras el comportamiento del fenómeno puede proyectarse con varios meses de anticipación, los informes trimestrales de lluvia abarcan un período más limitado.
«Pero no nos dicen qué va a pasar en diciembre, en marzo o en abril del año que viene», aclaró. Por eso, planteó que las previsiones disponibles deben interpretarse como una orientación para prepararse y seguir la evolución de las cuencas, sin dar por definido un escenario de inundación.

POR QUÉ EL IMPACTO PUEDE DEMORARSE
Uno de los puntos centrales de su explicación fue que las consecuencias regionales no se producen de manera simultánea al calentamiento del océano Pacífico.
Según indicó, ese calentamiento anormal alcanzaría su máximo hacia fin de año, mientras que sus efectos podrían manifestarse con mayor claridad durante los primeros meses del siguiente.
«No es automática esa transferencia de mayor evaporación, mayor precipitación», explicó. Señaló que esa respuesta puede demorar entre dos y cuatro meses y que, al revisar episodios históricos prolongados y de gran intensidad, se observa que las consecuencias más importantes pueden extenderse a marzo, abril y mayo.
A esa demora se suma la acumulación de agua a lo largo de la temporada húmeda. El especialista explicó que, hacia marzo o abril, los sistemas hídricos pueden encontrarse muy cargados, de modo que nuevas precipitaciones generan un impacto mayor.
«Ya todos los sistemas hídricos están muy cargados, tienen mucha agua y cualquier lluvia que aparezca en marzo o abril genera mayor impacto», sostuvo.
Esa situación también obliga a observar el comportamiento del Paraná. Rohrmann recordó que los antecedentes de episodios intensos de El Niño generan preocupación por la posibilidad de crecientes e inundaciones en la región, aunque todavía no pueda precisarse cuándo se producirían ni qué magnitud alcanzarían.

EL GRAN RESISTENCIA
Al analizar la situación del área metropolitana, Rohrmann explicó que una creciente importante del Paraná condiciona la salida del agua de lluvia que cae dentro del área defendida. Si a esa situación se suma un aumento del río Negro y precipitaciones intensas sobre las ciudades, el escenario puede volverse más complejo.
«Hay tres causas de generación, en líneas generales, de inundación en el área metropolitana: crecida del Paraná, crecida del río Negro y lluvias locales», resumió.
La duración de una creciente resulta determinante porque, cuanto más se prolonga, mayores son las posibilidades de que coincida con otros factores.
Como referencia, mencionó la persistencia de las crecientes de 1998 y 1983, que ilustran las dificultades de afrontar niveles elevados del río durante períodos extensos.
Sin embargo, aclaró que existen herramientas para trabajar sobre esos escenarios. Indicó que se dispone de planos que permiten identificar los lugares inundables ante determinadas alturas del Paraná y estimar cuántas familias podrían resultar afectadas.
Las referencias a niveles de siete u ocho metros fueron planteadas como ejemplos para explicar el uso de esa información, no como alturas pronosticadas. El objetivo, señaló, es anticipar qué sectores podrían tener problemas y organizar la respuesta según las distintas situaciones posibles.

PREVENIR ANTES DE LA EMERGENCIA
Rohrmann llevó la discusión sobre la prevención a las decisiones que pueden tomar tanto los organismos públicos como quienes viven o desarrollan actividades en zonas bajas.
En el caso de la costa chaqueña, señaló la importancia de relevar a la población expuesta y comunicar con anticipación la posibilidad de una creciente. Aunque no se conozca todavía el momento en que podría producirse, consideró que el aviso permite disponer de un margen para organizarse.
Como ejemplo, mencionó a productores ganaderos de los bajos de Tacuarí y de la zona de Colonia Benítez que, según relató, ya habían comenzado a retirar animales de sectores expuestos a las crecientes del Paraná o del Paraguay.
Explicó que anticipar esos movimientos permite buscar campos disponibles y acordar condiciones antes de que aumente la demanda. Esperar hasta una situación de emergencia, en cambio, puede reducir las alternativas y elevar los costos.
Ante la consulta sobre la conveniencia de contar con bolsas de arena, respondió con el mismo criterio de previsión. Señaló que quienes conocen el comportamiento del lugar donde viven pueden utilizar esa experiencia, junto con los avisos, para preparar con tiempo las medidas que correspondan.

INFRAESTRUCTURA Y COORDINACIÓN
Respecto de las reuniones entre municipios y provincias, el ingeniero valoró que se avance en tareas de preparación. Sin embargo, distinguió esa organización de la capacidad de la infraestructura para responder a episodios extraordinarios.
«No sé si tenemos la infraestructura adecuada para grandes crecidas del río Paraná o grandes precipitaciones, pero lo que tengo lo tengo que tener en mejores condiciones», sostuvo.
En esa línea, remarcó que cada organismo debe conocer sus recursos, identificar qué le falta y coordinar con otras instituciones.
Recordó que, durante las emergencias, se recurre a los medios disponibles en distintas reparticiones, por lo que consideró necesario organizar esa articulación previamente.
«Si nos agarra de sorpresa, el impacto económico, el impacto negativo es mucho mayor», concluyó.

Tormentas intensas y la expresión El Superniño

Rohrmann explicó que los períodos muy húmedos pueden presentar condiciones de inestabilidad asociadas con precipitaciones intensas, vientos fuertes y granizo.
Por eso, señaló que esos fenómenos pueden acompañar el escenario analizado, aunque la entrevista no planteó un pronóstico puntual sobre cuándo o dónde podrían ocurrir.
También aclaró que Superniño es una expresión difundida por la prensa. «En general se llama El Niño fuerte o muy fuerte», indicó y describió el episodio analizado en la entrevista como muy fuerte.
Esa caracterización no permite, por sí sola, determinar la magnitud de los efectos sobre cada localidad, que dependerán de las lluvias y del comportamiento de los sistemas hídricos.


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