Mas humaniza a Pogacar en la Vuelta a España


Uno, dos, tres, cuatro, cinco… Y quien quedara por delante. En el ecuador del Puerto El Bartolo, Tadej Pogacar decidió arrancar sin atender al retrovisor, sin encontrar rival, desatado, abrumador, abrasador. Puso el esloveno el motor en marcha y, uno a uno, fue sobrepasando a los rivales con una facilidad pasmosa, boquiabiertos los ciclistas y enfervorizados los aficionados, muchos agrupados en los dos kilómetros del sterrato, tierra aplanada, aunque muro por delante, kilómetros que quemaban el poco ácido láctico que les quedaba. ¡Qué bello es el ciclismo! Parecía, en cualquier caso, una historia ya contada, una con spoiler permanente, ese que explica que Pogacar levanta los brazos y minutos después llega el resto. Pero, por una vez, no fue del todo así; Enric Mas ha vuelto, capaz de codearse con el dios de la bicicleta, capaz, incluso, de humanizarlo.
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