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Suicidios en Argentina: «Hablar del tema también es una forma de prevenirlos»

El aumento de los suicidios en los últimos meses en Argentina pone en el centro el debate de una problemática que por mucho tiempo estuvo silenciada. Los datos difundidos a partir del Boletín Epidemiológico Nacional, muestran un escenario preocupante. Según el informe, los intentos de suicidio rondan los 34 casos diarios, mientras que los suicidios duplican el promedio registrado durante los últimos cuatro años.
Asimismo, según los datos difundidos por el médico Oscar Atienza en una nota realizada en el diario Perfil (https://me-l.co/zh41efzv), los registros oficiales presentan un retraso de entre 20 y 30 días, por lo que la cifra acumulada informada podría incluso ser superior. El especialista estimó que los casos registrados, que rondaban los 7.000, podrían superar actualmente los 8.000.
Pero detrás de las estadísticas existe otra dimensión que resulta fundamental para comprender el fenómeno: quiénes son las personas más afectadas, qué situaciones atraviesan y por qué determinados grupos presentan una mayor vulnerabilidad. En este aspecto, uno de los datos más contundentes tiene que ver que la mayor tasa de suicidios se produce dentro del grupo etario de los 35 a 39 años, y 3 de cada 4 casos corresponden a hombres.
Frente a este escenario, la radio de la UNNE entrevistó al licenciado en Psicología y especialista en Clínica del Duelo e Intervenciones en Problemáticas de Autolesión y Suicidio, Néstor Ariel Maidana quien aseguró que “hablar de suicidio es un tema complejo, pero ponerlo en común es una manera de prevención”.
“Mi objetivo como profesional es evitar que una persona llegue a una situación de mucho deterioro a través de un sufrimiento y cansancio extremo. Entonces, cuando hablamos de prevención, hay que comprender que hay muchísimas instancias que hay que atender antes que la persona esté en una situación de mucha vulnerabilidad, donde ya su vida está expuesta”, agregó
Asimismo, el informe muestra una mayor tasa de suicidios en hombres y no tanto en mujeres. Esto, según el especialista, muestra los mandatos socio-culturales que hemos construido por años y que asocian una mayor presión sobre el género masculino, dado que es el sector al que más le cuesta pedir ayuda, y al cuál mayormente está asociado la responsabilidad económica.
“Al hombre, a nivel de ranking mundial, le cuesta expresar su tristeza, miedo, vulnerabilidad. Fue educado bajo la idea transgeneracional de que deben mostrarse fuertes y resolver sus problemas solos. En cambio, la mujer es la primera en pedir ayuda, acceso, muestra más fácilmente su emoción, vulnerabilidad, tristeza. La sociedad nos enseñó a criar al hombre en la dureza, en que sean fuertes, por lo menos que la muestren, por eso pide menos ayuda”, señaló Maidana.
En esta misma línea, sumó otro dato: el 80% de sus pacientes son mujeres y el 20% hombres.
El especialista advierte que no existe una única explicación para el fenómeno. Se trata de una problemática multifactorial, en la que interactúan aspectos psicológicos, sociales, económicos, familiares y culturales.

El factor
económico
detrás de la crisis
La dificultad de conseguir ingresos estables en los jóvenes, las deudas, los problemas para enfrentar gastos cotidianos como el alquiler, el empleo, está dentro de los desencadenantes de una persona al momento de cometer un suicidio. “Si bien es un indicador la situación económica, en realidad, es un desencadenante de otros sufrimientos, pérdidas, aislamiento o dificultades que está atravesando la persona”, sostuvo.
Desde este lugar, el especialista, enfatizó en ver el problema en todas sus variantes. Es decir, “no se trata únicamente de intervenir cuando una persona se encuentra en una situación crítica, sino actuar mucho antes, durante el dolor, la frustración, incluso el aislamiento de círculo social”. Esta perspectiva desplaza el foco exclusivamente puesto en el momento de la crisis y obliga a mirar las condiciones que pueden favorecer la aparición o profundización del sufrimiento.

El aislamiento
como señal
de alerta
El especialista explicó que existen muchas señales disparadoras que se pueden identificar en una persona que está atravesando una crisis, como por ejemplo, la distancia de un ser querido por un tiempo prolongado. “Cuando las personas empiezan a aislarse, no envían mensajes, desaparecen de grupos sociales, es una señal de alerta, más aún, cuando prevalecen pérdidas económicas o laborales”, remarcó.
En el caso de adolescentes, también llama la atención las autolesiones en partes escondidas del cuerpo y remarca la importancia de que los adultos puedan preguntar y acompañar sin juzgar. “En este aspecto es muy importante el rol del entono, el dialogar de situaciones que nos atraviesan. La recomendación principal es no minimizar lo que le puede estar pasando al otro. No hay que tener miedo de hablar de la muerte, ni mucho menos preguntar qué le pasa por la mente sobre esta temática”, sostuvo.


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