la Corte Suprema de EE.UU. autoriza la construcción del lujoso salón de baile en la Casa Blanca


El presidente de la Corte Suprema de Estados Unidos, John Roberts, autorizó este viernes que continúen las obras en el salón de baile de la Casa Blanca mientras el máximo tribunal evalúa una demanda que impugna el controvertido proyecto cuya construcción demandará unos 400 millones de dólares y es el sueño del presidente Donald Trump, que busca dejar su sello en monumentos y edificios.
La acción suspende un plazo que vencía este viernes impuesto por un tribunal de apelaciones para detener la construcción mientras se desarrolla el recurso judicial. Ese tribunal había concluido a principios de este mes que agregar 8.360 metros cuadrados a la mansión presidencial requiere la aprobación del Congreso para continuar.
No está claro cuánto durará la suspensión administrativa de Roberts, pero dará cierto tiempo a Trump a reiniciar la construcción del salón de baile de columnas e interiores dorados que viene levantándose desde hace meses.
El gobierno había pedido a la Corte Suprema que bloqueara inmediatamente esa decisión, argumentando que la construcción de salones de baile debe continuar rápidamente por motivos de seguridad del presidente y de seguridad nacional.
Según informaron las autoridades, la construcción del salón de baile está relacionada también con las obras de un complejo militar subterráneo de cinco plantas que contará con refugios, un hospital y otras instalaciones para proteger al presidente y a altos funcionarios en caso de emergencia, según documentos judiciales presentados por el gobierno. Se espera que el proyecto en conjunto tenga un costo superior a 400 millones de dólares.
El presidente ahora se refiere al proyecto en sus redes sociales como el «Complejo Militar» y dijo que es «vital para nuestra Seguridad Nacional y la seguridad de todos los presidentes.»
Los abogados del presidente también presentaron declaraciones juradas al Tribunal Supremo de altos cargos de seguridad nacional, entre ellos Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto, y Jay Clayton, director de inteligencia nacional. Advirtieron que detener la construcción pondría en riesgo al presidente y a su familia y afirmaron que las renovaciones eran urgentemente necesarias para protegerse de posibles ataques.
Funcionarios de la administración dijeron que el salón de baile, que será reforzado con columnas resistentes a misiles y un techo a prueba de drones, actuará como escudo para el complejo militar y para el resto de la Casa Blanca en general.
Meses atrás, el National Trust for Historic Preservation hizo una denuncia para frenar la construcción, argumentando que Trump excedió su autoridad al lanzar el proyecto, que sería la mayor ampliación de la Casa Blanca en décadas.
Ese argumento prevaleció en los tribunales inferiores, que han ordenado dos veces a la Casa Blanca que suspendiera las obras en el salón de baile mientras permitían continuar la construcción del complejo subterráneo. Pero en medio de maniobras legales, esas órdenes aún no han entrado en vigor, lo que permite a la administración avanzar rápidamente con la construcción.
El National Trust ha cuestionado la afirmación de la administración de que todo el proyecto es necesario por razones de seguridad nacional y ha destacado preocupaciones sobre el impacto del salón de baile en las líneas de visión y el carácter histórico de la Casa Blanca.
Trump inició la construcción del gran salón de baile permanente para reemplazar las carpas temporales que hoy se usan para eventos oficiales, una obra financiada con donaciones privadas. El presidente lo presentó siempre como una mejora funcional y estética para recepciones, alineada con necesidades logísticas modernas, pero tiene su sello inconfundible con columnas griegas y ornamentos dorados. Buscó replicar el salón de su residencia en Mar a Lago, en Florida, pero con un tamaño cuatro veces mayor.
La iniciativa despertó un fuerte rechazo entre arquitectos, historiadores y expertos en preservación, que advierten que una ampliación de ese tipo altera el equilibrio arquitectónico de la residencia presidencial, un símbolo nacional cuidadosamente intervenido a lo largo de los años.
Arquitectos consultados semanas atrás por The New York Times analizaron además varios errores como que la inmensa escalinata de ingreso no conducía a la entrada principal y otros detalles sorprendentes.
Advierten, por ejemplo, sobre «ventanas falsas en el lado norte», columnas que «bloquean la vista interior del salón de baile» y una zona de azotea «innecesariamente grande». También que “el pórtico es demasiado grande, sus escaleras no llevan a ninguna parte, sus columnas bloquearán las vistas desde el interior del salón de baile».
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