juguetes bajo escombros, la vida de los chicos en guerra


Cuando sonó la sirena antiaérea, Yosyp no alcanzó a guardar los bloques de Lego con los que estaba jugando junto a la ventana. Su madre, Svitlana, una mujer ucraniana de 38 años, lo agarró rápidamente, al igual que a su gato y los documentos más importantes de la familia y juntos bajaron al refugio del edificio, ubicado en Dnipro. Minutos después, su hogar fue impactado por un dron de combate.
Al finalizar la alerta de ataque aéreo, regresaron a su hogar y lo primero que Svitlana vio fueron los bloques de Lego sobre la repisa de una ventana que ya no existía, fragmentos de vidrio por todos lados y un pedazo del dron incrustado en una cortina. La onda expansiva había hecho estallar las ventanas. «Cuando escuchamos la explosión, fue terrible. El edificio parecía hundirse. Se oían los vidrios de las ventanas estallar y caer por todos lados, mientras los niños empezaban a llorar», recuerda la madre de Yosyp.
“Después del ataque, salí corriendo para ver lo que había pasado, porque sabía que había un gran incendio allí. Vi que absolutamente todos los coches estaban en llamas. Todo estaba cubierto de vidrio”, agrega Svitlana. La escena resume con crudeza cómo la guerra irrumpe en la vida cotidiana de una familia: un juguete queda abandonado, una ventana desaparece, una casa deja de ser refugio y un niño comprende que, en cualquier momento, puede tener que escapar.
Svitlana, como muchas personas dentro de Ucrania, ya se había visto forzada a huir de su hogar anteriormente. En 2014 había abandonado Donetsk junto a su familia, tras la ocupación de la ciudad. Pensó que sería algo temporal pero vivió ocho años cerca de la línea del frente, hasta que la invasión a gran escala de 2022 los obligó a desplazarse nuevamente. Tras haber tenido que escapar dos veces, su mayor deseo es que Yosyp no tenga que dejar nuevamente su hogar, sus amigos, sus juguetes, su barrio. Su gran anhelo es que no tengan que volver huir para salvar sus vidas.
A pesar del miedo constante, Yosyp sigue estudiando. Por momentos, cuando los ataques dejan a gran parte de la ciudad con cortes de electricidad y calefacción, lo hace de forma virtual. Actualmente, en Dnipro muchas escuelas funcionan en estaciones y vagones de subte, para mantener a los niños y niñas a salvo de posibles bombardeos, pero las clases o el descanso, como todas las actividades cotidianas, se ven interrumpidas cada vez que suena la alarma que anuncia el próximo ataque.
Mientras otros niños se preocupan por un examen o un partido de fútbol, Yosyp y millones de chicos en distintas partes del mundo que viven en zonas de guerras y conflictos armados aprenden a identificar el sonido de una explosión, a correr hacia un refugio y a convivir con la incertidumbre.
La historia de Yosyp es el reflejo de una realidad que alcanza dimensiones sin precedentes. Según las últimas estimaciones del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo (PRIO), la cantidad de niños y niñas en zonas de conflictos armados activos alcanzó la cifra récord de 520 millones. Esto significa que más de uno de cada cinco niños y niñas en el mundo crece en zonas de guerras y conflictos armados. Se trata del mayor nivel que se haya registrado en la historia, por tercer año consecutivo.
Detrás de esa cifra hay infancias interrumpidas. Niños y niñas que dejan de ir a la escuela, que crecen sin acceso a agua potable, vacunas o atención médica, que viven con miedo y en riesgo. Niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual, trata o matrimonios forzados.
Menores separados de sus familias, expuestos a ser reclutados por grupos armados. Según el informe del Secretario General de Naciones Unidas sobre niños y conflictos armados presentado en junio de 2025 ante la Asamblea General y el Consejo de Seguridad, en 2024 las violaciones graves contra niños y niñas en contextos de conflicto, como asesinatos, mutilaciones, reclutamiento forzado, secuestros, ataques a escuelas y hospitales o la obstrucción de la ayuda humanitaria, aumentaron un 25% respecto del año anterior. Por otra parte, los ataques contra establecimientos educativos crecieron un 44%, dejando a millones de chicos sin un espacio seguro donde aprender.
La presencia de conflictos armados no alcanza para explicar el fuerte incremento de las violaciones graves contra la infancia. Desde 2010, el número de niños y niñas que viven en zonas afectadas por conflictos creció alrededor de un 60%, mientras que las violaciones graves verificadas en su contra aumentaron cerca de un 373%.
Cuando la guerra obliga a huir, la protección se vuelve urgente. A fines de 2025 había más de 45 millones de niños y niñas desplazados por la fuerza en el mundo. Frente a esta realidad, la presencia de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, resulta indispensable para que niños, niñas y familias enteras reciban protección, alojamiento temporal, apoyo psicosocial, artículos de primera necesidad y puedan recuperar algo de estabilidad, incluso en medio del conflicto. En el caso de Svitlana, apenas terminó la alerta aérea, un equipo llegó para reparar la vivienda y protegerlos del frío. Esa asistencia inmediata hizo posible que ella y su hijo pudieran permanecer en su hogar, evitando un nuevo desplazamiento.
Hoy, Svitlana trabaja en una organización que ayuda a familias desplazadas y afectadas por la guerra. Pero después de este ataque, admite que cada sirena de alerta aérea le provoca ansiedad. Su prioridad es clara: mantener a su hijo a salvo y evitar un tercer desplazamiento.
En el Día de la Niñez defendemos el derecho de los chicos a jugar, aprender, imaginar y crecer en familia. Pero esos derechos dejan de existir cuando la guerra ocupa su lugar. Recuperarlos requiere del compromiso de toda la comunidad internacional, de gobiernos, organizaciones y también de cada persona que decide no ser indiferente.
Ningún niño debería dejar de jugar para protegerse en un refugio antiaéreo. Ninguna madre debería enseñar primero cómo sobrevivir a un bombardeo antes que cómo andar en bicicleta. La guerra no es un juego y la infancia nunca debería ser una de sus víctimas. Desde Argentina podemos ayudar a través de fundacionacnur.org/dona a millones de niños y niñas en el mundo que tuvieron que escapar de sus hogares en busca de un lugar seguro, para que reciban protección, asistencia vital y la oportunidad de volver a vivir sin miedo.
La autora es la Directora de Comunicaciones de Fundación ACNUR Argentina
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