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Chocó, el escondite de narcos y guerrillas, en el epicentro del terremoto en Colombia


Chocó, la región que rodea el epicentro del terremoto que sacudió Colombia el lunes, es una de las zonas más pobres y desatendidas del país, a menudo asediada por grupos armados enfrentados. A gran parte de este territorio sólo se puede acceder en barco, a través de la selva o en avión. Se sabe poco sobre la magnitud de los daños allí, especialmente por fallas en la comunicación.

El presidente Abelardo de la Espriella viajó a la capital del departamento de Chocó, Quibdó, la noche del lunes para evaluar los daños y anunció que había movilizado “todo el aparato militar y policial”, desplegando ingenieros, rescatistas y perros de búsqueda. Anunció subsidios de alquiler para quienes tengan viviendas dañadas mientras se realizan las reparaciones.

“El Chocó nunca más será la tierra del olvido”, afirmó el mandatario.

El terremoto representa la primera gran prueba para De la Espriella, quien juró el cargo el viernes. El nuevo presidente es una figura divisiva por su promesa de una ofensiva total contra los grupos criminales.

En el Chocó viven alrededor de unas 500.000 personas. Es un territorio de gran diversidad donde predominan las comunidades afrocolombianas e indígenas.

La extracción minera (principalmente de oro y platino) representa una de las mayores fuentes de ingresos.También vive de la explotación forestal y la madera, la agricultura y pesca de subsistencia, la producción de plátano, yuca, maíz, arroz y cacao.

Pero también es zona de grupos armados. El ELN mantiene un fuerte control territorial e histórico en el norte, centro y cuencas de los ríos del Chocó.

El Clan del Golfo también opera en Chocó al igual que las disidencias de las FARC. Estos grupos disputan zonas rurales y corredores estratégicos

Los grupos armados ilegales operan y se disputan fuertemente el departamento del Chocó debido a una combinación de recursos económicos estratégicos, ventajas geográficas y la debilidad del Estado en la zona.

El Chocó cuenta con costas en el océano Pacífico y cercanía al Caribe. Esto lo convierte en un corredor clave para el narcotráfico y el tráfico de armas.

Ríos como el Atrato, el San Juan y el Baudó permiten transportar mercancías ilícitas desde las zonas profundas del país hasta las costas marítimas o la frontera con Panamá. La selva tupida dificulta la vigilancia militar y sirve como refugio.

Su cercanía a la frontera con Panamá (el Tapón del Darién) les permite controlar y extorsionar las redes de tráfico de migrantes y contrabando.

El terremoto de magnitud 7,4 registrado a las 07:34 a. m. del lunes tuvo su epicentro en el municipio de San José del Palmar, en el departamento del Chocó. Al ser el epicentro de la tragedia, la región afronta una situación de alta vulnerabilidad.

Hacia el mediodía de este martes, más de 220 personas habían muerto por el terremoto.

Debido a las fallas en las redes de comunicación y las dificultades geográficas propias del terreno selvático, la evaluación de daños en las zonas rurales más alejadas ha sido lenta y compleja.

Quibdó, la capital, muestra las mismas escenas de destrucción que Cali, Pereira, Manizales.

La gobernadora del Chocó, Nubia Carolina Córdoba, detalló que hay al menos 14 personas fallecidas, la mayoría de ellas en Quibdó. Además, continúa la búsqueda de otras cuatro desaparecidas.


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