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Un ataque de Ucrania a un buque iraní desata el temor a que las dos guerras se unan en un conflicto mayor


Teherán y Kiev están a 1.700 kilómetros en línea recta y a más de 2.000 kilómetros por carretera. Parecen mundos aparte, pero la diplomacia europea empieza a temer una confluencia de las dos guerras. El detonante fue el ataque ucraniano a un buque iraní en el Mar Caspio.

Los drones enviados por Kiev, que cada vez llegan más lejos y no sólo sobre territorio ruso, sino en cualquier lugar en el que puedan hacer daño a Rusia, atacaron un carguero iraní al que Ucrania acusó de transportar material militar para Rusia. Casi desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania las tropas rusas contaron con la capacidad de ataque de los drones iraníes Shaheed.

El ataque puede haber sido mayor porque Ucrania afirmó haber alcanzado otros dos cargueros, sin que Irán lo denunciara. Teherán aseguró que el buque atacado era un mercante civil que llevaba hierro, anunció que había muerto un marinero y dijo que tomaría represalias. Poco después anunció que no se vengaría de Ucrania porque el gobierno ucraniano habría pedido perdón por el ataque y prometido que no volvería a ocurrir, una versión que Kiev no confirmó.

Irán también exigió compensaciones y Ucrania mantuvo el silencio. Días después, Mohsen Rezaei, asesor del líder supremo iraní, dijo que sus Fuerzas Armadas habían preparado tres escenarios de represalia militar contra Ucrania, pero que los habían cancelado por las supuestas disculpas ucranianas.

Para la diplomacia europea, el hecho de que Ucrania atacara un buque con bandera iraní, aunque cargara material militar hacia Rusia, y no un buque ruso, es un salto cualitativo que muestra que ha ganado capacidades militares a la vez que ha perdido miedo a represalias.

El argumento ucraniano asegura que Irán lleva años enviando miles de drones Shahed a Rusia y que esos drones sirven para atacar objetivos civiles e infraestructuras ucranianas. Además, Kiev considera que los buques, sean civiles o militares, que llevan suministros militares a Rusia son objetivos militares legítimos.

El miedo europeo es a que estos ataques se repitan y se conviertan en corrientes, abriendo un solo escenario bélico que iría desde el Golfo Pérsico hasta las orillas del Mar Negro y que involucraría a los países árabes de la región, a Estados Unidos, a Ucrania y a Rusia, porque a la vez que Irán suministra drones Shahed a Rusia, Moscú ayuda a Teherán con tecnología militar y con imágenes satelitales.

Ucrania, además, ya envió expertos militares anti-drones para ayudar a los países del Golfo Pérsico a prepararse mejor contra los drones y misiles lanzados desde Irán, convirtiéndose de hecho en asesora de los enemigos de Teherán.

Así, el ataque ucraniano al barco iraní no es el primer episodio de esta crisis en el que Kiev participa como enemiga de Teherán, pero sí el primero en el que lanza un ataque directo. Es también la primera vez que Ucrania actúa en el Caspio, lejos del escenario de su guerra.

Los diplomáticos consultados en Bruselas estiman que el éxito de la operación militar ucraniana se verá en los próximos meses y dependerá de cómo reaccione Irán. Si entiende que no le conviene un enfrentamiento con Ucrania, reducirá o eliminará el envío de armas a Rusia. Si, al contrario, quiere tomar represalias por el ataque al buque, podría aumentar su cooperación militar con Rusia.

Al inicio de la guerra en Ucrania los europeos siempre exigieron a Kiev que su respuesta militar no saliera de Ucrania. Podía defenderse de Rusia con las armas europeas, pero no se le daban armas capaces de atacar cientos de kilómetros dentro de Rusia. Con los años esas exigencias se fueron reduciendo u olvidando. Kiev ataca hoy donde cree que puede hacer daño a Rusia. Bruselas espera que sea un episodio aislado y que Kiev, sobre todo, no ataque en territorio iraní.


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