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¿Tendríamos que hacer permanente el horario de verano?

La Ley de Protección de la Luz Solar (Sunshine Protection Act), aprobada en julio por la Cámara de Representantes, promete una solución sencilla a un ritual impopular: el proyecto pondría fin al cambio de hora que se realiza dos veces al año en Estados Unidos y haría permanente el horario de verano.

Otra medida convergente de la Cámara de Representantes, presentada a principios de este mes pasado, fijaría el reloj en el horario estándar. El cuerpo legislativo enfrenta ahora tres opciones imperfectas: horario de verano permanente, horario estándar permanente o el cambio estacional de hora que rige en la actualidad.

Una cantidad importante de especialistas considera que el horario de verano permanente podría ser la opción más arriesgada, con consecuencias no deseadas para la salud y la economía. En última instancia, la cuestión radica en dónde situar una hora de luz diurna, recurso particularmente escaso en invierno.

El nombre del proyecto de ley de la Cámara de Representantes “crea la ilusión de que se está aumentando la cantidad de luz”, afirma Jamie Zeitzer, codirector del Centro de Ciencias del Sueño y Ritmos Circadianos de la Universidad de Stanford.

Pero no es así. Simplemente se está cambiando el momento en que hay luz.

En Seattle, por ejemplo, el horario de verano permanente retrasaría la salida del sol hasta después de las 8.30 durante unas 10 semanas cada invierno. El horario estándar permanente adelantaría el amanecer hasta antes de las 4.30 durante cerca de dos meses cada verano.

Buena parte de la comunidad experta en sueño y ritmos circadianos considera que la hora en controversia debería corresponder a la mañana. Una red de relojes distribuidos en todo el organismo coordina desde las defensas inmunitarias hasta el metabolismo. Señal más potente para ajustar el horario de este sistema: la luz solar.

Las mañanas luminosas y las noches oscuras ayudan a mantener sincronizados los relojes internos del organismo de modo tal que nuestro cuerpo lleve a cabo las funciones correctas en los momentos correctos. Trasladar una hora de luz diurna de la mañana a la tarde puede alterar este sistema circadiano.

«La preponderancia de las pruebas indica que el horario de verano no es favorable para nuestra salud ni para nuestra seguridad y creo que no debería aplicarse», sostiene Elizabeth B. Klerman, investigadora especializada en sueño y ritmos circadianos de la Escuela de Medicina de Harvard y Hospital General de Massachusetts.

Determinados estudios relacionan la desalineación circadiana crónica (o desfasaje del sueño crónico) con un mayor riesgo de contraer enfermedades cardiovasculares y metabólicas, ciertos tipos de cáncer y problemas de salud mental. Esta es una de las razones por las que la Asociación Médica Estadounidense y otras organizaciones científicas de salud y del sueño respaldan el mantenimiento del horario estándar de forma permanente.

No obstante, el atractivo de mantener el horario de verano de manera ininterrumpida es obvio. Más personas saldrían de los lugares de estudio y de trabajo antes de que anocheciera durante el invierno. Al final de la tarde, la luz adicional podría fomentar el ejercicio y la actividad social y, según indican algunos estudios, reducir los accidentes automovilísticos y el porcentaje de ciertos delitos.

«¿Dónde resulta más beneficiosa esa hora de luz diurna? Creo que la respuesta es bastante instintiva: cuando la gente está despierta para aprovecharla», menciona Steve Calandrillo, profesor de Derecho de la Universidad de Washington que ha estudiado los aspectos económicos del horario de verano.

El precio a pagar son mañanas más oscuras. «La peor elección de las tres opciones es el horario de verano permanente», sentencia la doctora Phyllis C. Zee, directora del Centro de Medicina del Sueño y Ritmos Circadianos de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern, en Chicago.

Ya se ha intentado implementarlo antes en Estados Unidos. Hacia enero de 1974, durante la crisis del petróleo, el Congreso impuso el horario de verano durante todo el año. Al principio la adopción gozó de aceptación generalizada, hasta que la gente empezó a quejarse de la «segunda era de oscuridad» y varias criaturas fueron atropelladas y perdieron la vida mientras iban caminando a la escuela en la oscuridad.

Las autoridades descartaron el experimento y la mayor parte del país volvió a los cambios de hora estacionales, sistema que algunos investigadores ahora consideran el mal menor entre los tres.

La seguridad vial, en debate con los cambios de horario. Foto Karsten Moran/The New York Times

Investigación con resultados variados

El público demuestra poco interés en mantener el statu quo. De acuerdo con un sondeo llevado a cabo por la encuestadora AP-NORC realizado en octubre pasado, solo el 12 % de la población estadounidense afirma querer seguir adelantando y atrasando los relojes.

Más allá de las molestias, diversos estudios han constatado consecuencias medibles a corto plazo que derivan del cambio de hora: aumento de los accidentes de tráfico y los infartos, disminución del sentimiento de satisfacción con la vida e incluso reducción de las donaciones benéficas junto a la imposición de penas más largas por parte de los jueces.

Decidirse por un horario fijo lleva aparejadas sus propias contrapartidas, si bien la evidencia al respecto es más escasa.

Hay resultados de estudios que predicen el impacto en la seguridad vial, por ejemplo, bajo un horario de verano permanente en todos los puntos del mapa, e indican efectos positivos, negativos o falta de efectos. Gran parte de esa investigación se basa en los cambios de hora habituales o en breves ampliaciones del horario de verano, lo que dificulta determinar cómo se manifestarían esos efectos durante un cambio permanente, observa la doctora Klerman.

No obstante, un análisis aprovechó las variaciones naturales en los horarios de salida y puesta del sol para estimar que el de verano permanente podría evitar cientos de muertes de peatones y ocupantes de vehículos a motor por año, en gran medida porque el tránsito es más intenso a la tarde que a la mañana. Otro estudio reveló que cuando se prolongaba la luz vespertina disminuían los robos.

Pero tales beneficios, de acuerdo a lo que destaca la ciencia especializada en este campo, podrían verse contrarrestados por otros factores, como las mañanas más oscuras, la pérdida crónica de sueño y la alteración de los ritmos circadianos. Incluso con el sistema estacional actual, las investigaciones sugieren que nuestros relojes circadianos nunca llegan a adaptarse por completo al cambio de horario de primavera.

Así que no poca gente de ciencia ha intentado evaluar los efectos de mantener el horario de verano de forma permanente, comparando a personas que viven en distintas ubicaciones dentro de las zonas horarias.

Estos estudios vinculan el hecho de vivir en la zona occidental —donde el sol sale y se pone más tarde según el reloj —con dormir menos, salarios más bajos e índices más elevados de ciertos tipos de cáncer y de suicidio. Y un estudio descubrió tasas significativamente más altas de accidentes mortales de tránsito en condados ubicados extremadamente al oeste, dentro de sus respectivas zonas horarias.

La vida moderna ha enturbiado el panorama. Muchas personas pasan días enteros en interiores con una iluminación natural relativamente tenue y las tardes y las noches bajo una luz artificial muy similar, lo cual difumina el contraste normal entre el día y la noche.

Posiblemente la comunidad científica especializada continuará debatiendo sobre los riesgos y beneficios de adoptar el horario de verano permanente, pero, por lo general, persiste su coincidencia en un punto: distintas personas en lugares diferentes seguirán experimentando de distintas maneras tales riesgos y beneficios.

Trabajadores en la calle a primera hora de la mañana. Foto George Etheredge/The New York Times

Preocupaciones por la población más joven

A quienes madrugan siempre y mucho, por ejemplo, podría venirles bien disponer de más luz por la tarde-noche; hasta podría ayudar a que sigan en marcha lo suficiente para disfrutar de una salida nocturna.

Sin embargo, el mundo científico advierte que adolescentes y personas noctámbulas podrían tener dificultades. El ritmo circadiano suele retrasarse durante la pubertad; en sus albores, la juventud tiende a dormirse y despertarse más tarde. Las mañanas más oscuras podrían retrasar todavía más sus relojes biológicos, aun cuando el timbre de la escuela los obliga a levantarse temprano.

Un riesgo: los accidentes automovilísticos. «Durante el secundario van a la escuela manejando a oscuras, y en su plena noche biológica propia», enfatiza Horacio de la Iglesia, biólogo de la Universidad de Washington que estudia los ritmos circadianos desde hace décadas, refiriéndose al estudiantado juvenil.

Otros riesgos potenciales abarcan desde la salud mental hasta el rendimiento académico. En Rusia, tras la adopción del horario de verano permanente en 2011, la depresión invernal entre adolescentes y jóvenes mayores aumentó y volvió a disminuir después de que ese país retornara al horario estándar permanente en 2014.

Dado que son los cerebros, y no las fábricas, los que impulsan en gran medida la economía actual, el rendimiento estudiantil podría constituir el argumento económico más sólido en contra del horario de verano permanente y a favor del horario estándar todo el año, opina Philipp Neumann, investigador de economía de la Universidad de Bielefeld, Alemania.

Aprovechando la adopción históricamente desigual del horario de verano en el estado de Indiana, un estudio reveló que las puntuaciones del examen de ingreso SAT fueron, en promedio, 16 puntos más bajas en los condados que aplicaban el horario de verano estacional en comparación con los que mantenían el horario estándar permanente. Esta brecha se acentuaba entre los estudiantes de menores ingresos.

El doctor De la Iglesia estudió al alumnado antes y después de que las escuelas secundarias de Seattle retrasaran el inicio de la jornada escolar a las 8 y 45, aproximadamente una hora más tarde que antes. Comprobó que dormían alrededor de 34 minutos más cada noche y que tanto sus calificaciones como la asistencia mejoraban.

El horario de verano permanente —alerta De la Iglesia— «anularía todos los beneficios del retraso en el horario de inicio de clases».

Ahora bien, ciertos sectores empresariales se benefician claramente con que el sol se ponga más tarde. El comercio minorista y el entretenimiento apoyan desde largo tiempo atrás el horario de verano y su ampliación. Las empresas de golosinas respaldan el retraso del cambio de hora otoñal para que tenga lugar después de la festividad de Halloween.

El doctor Neumann es coautor de un amplio análisis que evalúa los efectos a corto y largo plazo de ambos, el horario de verano permanente y el horario estándar permanente, sobre la salud, la seguridad vial, la delincuencia, el consumo de electricidad y la economía.

La conclusión: el horario estándar permanente resulta ganador en términos generales, en gran medida por los beneficios esperados para la salud.

Pasajeros esperan un tren nocturno. Foto Dave Sanders/The New York Times

¿Demasiado pronto?

Según la legislación vigente en EE.UU., los estados pueden optar por no aplicar el horario de verano y mantener el horario estándar durante todo el año, como lo hacen Arizona y Hawái. Los dos proyectos de ley presentados ante el Congreso en julio modificarían la norma nacional general, aun cuando dejarían cierto margen de decisión a cada estado.

Pero un exceso de discrecionalidad a nivel local implica el riesgo de recrear la misma confusión para solucionar la cual se crearon en su momento los husos horarios estándar, aclara Zeitzer.

Antes de que los ferrocarriles estadounidenses establecieran los husos horarios estándar en 1883, cada localidad ajustaba sus relojes de forma que marcaran el mediodía cuando el sol alcanzaba su cenit. Como lo manifestó The New York Times en aquel mes de noviembre, si los relojes hubiesen hecho sonar una alarma al mediodía local desde el estado de Maine (en el Atlántico) hasta el Pacífico, «se hubiera producido un sonido continuo de este a oeste que habría durado tres horas y cuarto».

Volver al verdadero tiempo solar local no es práctico en una sociedad moderna e interconectada, subraya el doctor Zeitzer, aunque, desde un punto de vista biológico, considera que ese estándar es la mejor solución.

Entre las opciones más viables, las opiniones científicas divergen. De hecho, diferentes especialistas en la materia prefieren el sistema actual a cualquiera de las alternativas permanentes.

Reconociendo que las evidencias existentes hasta la fecha son limitadas e inconsistentes, una revisión reciente de más de 150 estudios determinó que los efectos de los cambios de hora y del horario de verano estacional «no eran perjudiciales de manera uniforme». El equipo responsable de la revisión llegó a la conclusión de que mantener este ciclo semestral, al tiempo que se trabaja para mitigar sus efectos negativos, «merece ser considerado, hasta que surjan pruebas más sólidas».

David Prerau, destacado experto en el horario de verano, propone mantener los ajustes semestrales y a la vez intensificar las campañas públicas que instan a la gente a prepararse como para el desfase horario que denominamos jet lag: durmiendo más y modificando gradualmente los horarios de sueño, las comidas e incluso la toma de medicamentos antes de las transiciones.

«Antes de hacer cualquier cambio importante, yo al menos lo probaría», dijo el doctor Prerau.

Till Roenneberg, investigador de ritmos circadianos y profesor emérito de la LMU (Universidad de Múnich, Alemania), que estudia desde hace mucho los horarios de sueño de la gente, también encuentra una lógica biológica en el cambio estacional y lo prefiere al horario de verano permanente.

Con todo, su preferencia personal es mantener el horario estándar de manera permanente, acompañándolo de horarios más flexibles para entrar a los lugares de estudio y al trabajo.

El problema aquí no es realmente el reloj, sino los horarios rígidos que la sociedad ha establecido en torno a él, afirman Roenneberg y diferentes colegas de su especialidad.

Los horarios escolares y laborales deberían retrasarse o flexibilizarse para adaptarse mejor tanto a las personas madrugadoras como a las nocturnas, ya que no todas se desempeñan igual bajo el mismo horario fijo, apuntan. Incluso se podrían ajustar los horarios en función de la estación del año.

El horario de verano permanente «no es un problema, salvo por el hecho de que las empresas siguen diciéndole a la gente que entre a trabajar a las 8 de la mañana», pone de relieve el doctor Zeitzer. «Y las escuelas siguen abriendo a las 7 o a las 8.»

La autora de esta nota es divulgadora científica de la ciudad de Seattle y escribe sobre ritmos circadianos.

Traducción: Román García Azcárate

Fuente: The New York Times


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