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¿Enemigo o agente al servicio de Vladimir Putin?


La vida política de Pavel Durov, fundador y propietario de Telegram, icono libertario, dio muchos tumbos en los últimos años. Cuando la Justicia francesa ordenó su detención y procesamiento en 2024, el caso se presentó como un debate sobre la libertad de expresión, la privacidad y la soberanía digital. En ese debate Durov era el libertario acosado por la censura y el control del Estado francés.

Rusia decidió este miércoles aumentar la presión sobre el servicio de mensajería Telegram, utilizado profusamente por jóvenes, empresarios y militares, al declarar en busca y captura a Dúrov, residente en el extranjero.

Pero el pasado de Durov tiene muchas más capas. Durante los últimos años hasta su procesamiento en Francia, Telegram fue derivando hasta convertirse en una herramienta al servicio de la estrategia europea del Kremlin, funcionando como correa de transmisión de cualquier partido político o grupúsculo que atacara a las democracias europeas y potenciara a las derechas más extremas.

La detención de Durov en Francia (fue procesado pero liberado en pocos días) produjo una alianza extraña. En su defensa salieron tanto opositores rusos, exiliados, enemigos de Putin, que lo veían como el icono libertario que había sido, hasta los propagandistas del Kremlin, en Europa y en Rusia, que venían su función actual como muy útil para sus intereses.

La propaganda rusa decía que Durov no era más que un descarriado, alguien que se había dejado engañar al creer que las democracias liberales occidentales eran mejores que el régimen ruso.

Para los libertarios, el Estado es el enemigo y Telegram una de sus últimas trincheras para defender la libertad frente a ese enemigo. Pero los hechos relacionados con Durov y Telegram muestran que ese cuento no es cierto.

Es cierto que Durov tuvo choques con las autoridades rusas hasta 2020. En 2018, por ejemplo, el Kremlin ordenó a sus telefónicas bloquear Telegram por negarse a entregar las claves que permitían desencriptar mensajes.

A partir de ahí algo empezó a cambiar. En 2020 esa prohibición se levantó sin causa aparente y la relación entre Durov y el Kremlin empezó a normalizarse. A partir de ahí Telegram fue el niño bueno del poder ruso. No sólo aceptó sus peticiones, sino que ese año empezó a colaborar activamente con la represión del Kremlin.

En 2021 Telegram bloqueó el bot de “voto inteligente” que había desarrollado el entorno de Alexei Navalny, el principal opositor que tuvo el presidente Vladimir Putin en la última década y que murió asesinado en una prisión rusa en febrero de 2024. Europa acusó a Putin de haber ordenado su asesinato.

Durov también cambió parte de su discurso en 2020. Desde ese año concentró sus críticas en Apple y Google, y dejó de hablar de la censura y la falta de democracia en Rusia. En una entrevista con el todavía muy trumpiano y a la vez propagandista ruso en Estados Unidos Tucker Carlson, insistió en esa línea. El Estado autoritario ruso ya no era su enemigo, sino las grandes plataformas estadounidenses.

A partir de la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, mientras las grandes plataformas estadounidenses (Meta, Google) limitaban en lo posible la propaganda estatal rusa, Telegram mantuvo un sistema de moderación inútil y los agentes del Kremlin, en Rusia y fuera de Rusia, siguieron usando esa plataforma como correa de transmisión de su propaganda. La diplomacia europea considera que la plataforma tuvo usos militares a favor de Rusia y en contra de Ucrania. Además, Rusia ayudó a Telegram bloqueando otras redes en su territorio, como X.

El Durov que fue procesado en Francia aseguró que se trataba de “persecución política”, pero desde 2020 no es el libertario y rebelde antisistema que se vanagloria de ser, sino un actor importante de la estrategia de propaganda del Kremlin.

Además, desde entonces ayuda a la extrema derecha europea y ataca a los gobiernos que intentan poner orden en la ley de la selva que ha sido hasta hace poco la falta de regulación de la actividad de las plataformas.

Durov vuelve a los medios por una orden de detención rusa. Sólo falta saber si ha vuelto a cambiar y ahora se enfrenta al Kremlin.


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