Jugar y competir hasta ganar


Los partidos que parecen no tener remedio precisan de futbolistas perseverantes e insensibles al ruido y a la crítica como Ferran. No es titular ni tampoco suplente, sino un futbolista que entra y sale, va y viene, siempre atento al desmarque, igual de pendiente de la pelota que de la portería, más solidario que egoísta y también un rematador que alterna el error con el acierto, decisivo el día que se jugaba precisamente el Mundial. Al igual que Iniesta en 2010, 16 años después marcó Ferran y España se coronó por segunda vez campeona de la Copa del Mundo. Nadie discutió su victoria, y mucho menos Argentina, que solo se rindió después de un tiro violento de Messi y dos remates francos de Giuliano Simeone cuando la Roja había dado el partido por acabado con el 1-0. Al equipo de Scaloni le faltó el tiempo y el fútbol que tuvo en anteriores ocasiones para un remonte que no mereció después del vía crucis que vivió en Nueva York.
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