Josh Kerr lleva el récord de la milla al siglo XXI con una marca de 3m 42,66s | Deportes

Mientras los ingleses se lamían las heridas por su estrepitosa eliminación a las puertas de la final de la Copa del Mundo de fútbol, un escocés valiente, Josh Kerr, se colocó frente a un récord del mundo mítico, el de la milla, firmado por el inolvidable Hicham El Guerrouj (3m 43,13s) un 7 de julio de 1999 en Roma. 27 años después, en un estadio abarrotado por 60.000 británicos rugientes y orgullosos, el joven de 28 años nacido en la bella Edimburgo, recuperó la plusmarca para el atletismo británico con una actuación portentosa que le llevó a cruzar la meta en 3m 42,66s. Un bocado de casi medio segundo.
El récord es fruto de un impulso. Kerr vio que 2026 era un año flojo, sin Mundiales ni Juegos Olímpicos, y después de su triunfo en la final de los 3.000 del Mundial en pista cubierta de Torun (Polonia) convenció a su patrocinador, la marca deportiva Brooks, para poner en marcha Project 222: su reto era correr una milla (1.609 metros) en 222 segundos, en 3m 42s. Los ingenieros del Brooks Beasts Athletic Club crearon la Hyperion 222, una zapatilla de clavos cocinada en un laboratorio y hecha a medida con un diseño innovador: sin espuma en el talón, una cantidad abundante en la parte media del pie y una forma cónica que se estrecha llamativamente en la punta.
En cuanto Kerr pisó la pista del estadio olímpico se vio la curva que forma la zapatilla para que funcione como un balancín. Bajo la suela, clavos de titanio. “Sientes que no puedes bajar el ritmo”, declaró el escocés a The Athletic días antes. Tan agresivo es el diseño que si frenara de golpe podría irse de bruces. La evolución, para ir limando los errores de diseño, se hizo en una cinta que permitía a Kerr correr con los clavos sobre la alfombra rodante. El proyecto incluía también una equipación, completamente negra, digna de un súperheroe, con dos tejidos y agujeros cortados con láser. Cuando la idea empezó a tomar cuerpo sugirieron elegir algunas pistas que podían ser favorables, como Oslo o Mónaco, por qué no volver a Roma, donde el marroquí El Guerrouj y, tras él, el keniano Noah Ngeny habían hecho en la misma carrera las dos mejores marcas de la historia durante 27 años. El escocés se negó: tenía que ser en Londres.
Todo cuadró este 18 de julio y Josh Kerr pudo, al fin, llevar la milla al siglo XXI. Miguel de la Torre, un modesto corredor soriano de 1.500m, pero también un tipo con un ojo clínico para el mediofondo, tenía claro que el británico era el elegido. “No es extremadamente rápido para el 800m y tampoco es excelente para el 5.000m, pero es perfecto para el 1.500m y la milla. Es la máquina perfecta para esta distancia”, afirma De la Torre.
La carrera de Kerr, en efecto, fue perfecta. Para hacerse una idea de la grandeza de su empresa, el escocés, plata y bronce olímpicos y campeón del mundo de 1.500m, tenía que correr como en la final de París (3m 27,79) y aguantar 109 metros más a ese ritmo. Las liebres, Brandon Kidder y el esloveno Zan Rudolf, a un ritmo aproximado de 55 segundos y medio cada vuelta, lograron que pasara el 800m en 1m 51,1s. El estadounidense Yared Nuguse, convertido en su sombra, planeaba aprovecharse de todo el trabajo de su rival para intentar rematarle en la última vuelta. Kerr se quedó solo al frente de la carrera a falta de 600 metros. Cerca de 82 segundos sin ayuda en los que no titubeó. El rubio de las gafas de espejo mantuvo ese paso marcial que tanto impresiona en este hombretón de 1,87m, a 13,7s cada 100m. A falta de 300m, Nuguse se derrumbó y Kerr, imperial, se lanzó furioso hasta cruzar la meta en 222 segundos. Objetivo cumplido.
Para escribir su nombre en la historia.
Para desatar el delirio en Londres.🇬🇧👑 𝑱𝒐𝒔𝒉 𝑲𝒆𝒓𝒓 asalta el récord de la milla de Hicham El Guerrouj (1999) y para el crono en 𝟯:𝟰𝟮.𝟲𝟲.#DiamondLeague pic.twitter.com/pIAyUYrIH9
— Movistar Plus Deportes (@MPlusDeportes) July 18, 2026
El récord del mundo de la milla regresaba al Reino Unido y recuperaba el honor de los británicos, que iniciaron su idilio con la distancia en 1937, cuando Sydney Wooderson batió la plusmarca con un tiempo de 4m 6,4s. El primer gran nombre fue el de Roger Bannister, el atleta que, después de trabajar en el hospital St. Mary’s, en Londres, donde afiló los clavos con una piedra molar de grafito, cogió un tren hacia Oxford para convertirse en el primer hombre en la tierra en correr una milla en menos de cuatro minutos (3m 59,4s). Desde aquel 23 de marzo de 1929, pasados casi cien años, el atletismo ha mejorado 17 segundos. La plusmarca fue pasando de mano en mano entre los mejores milers de la historia: Herb Elliot, Peter Snell, Jim Ryun…
Hasta que llegaron los 80 y el medio fondo pasó a ser dominado por tres atletas británicos que popularizaron enormemente el atletismo con sus duelos: Sebastian Coe —hoy presidente de World Athletics y visiblemente emocionado este sábado al ver la gesta de Kerr—, Steve Ovett y Steve Cram. El momento álgido llegó en 1981, cuando Coe y Ovett, en el plazo de 10 días, del 19 al 28 de agosto, batieron tres veces el récord del mundo. Ya en los 90 irrumpió el marroquí Noureddine Morceli y, finalmente, su compatriota El Guerrouj, que dejó una marca que iba a durar 27 años en una carrera en la que el español Andrés Díaz fue cuarto, justo por detrás del portugués Rui Silva, que batió ese día el récord de Europa sub-23 en una prueba memorable.

Todos ellos ya son historia. Kerr, el escocés que vive en Alburquerque (Nuevo México), a 1.600 metros de altitud, donde entrena con Danny Mackey desde 2018, y donde duerme en una habitación hipóxica que simula estar a 3.000 metros, es el nuevo rey de la milla. Su paso por el 1.500m, hecho en 3m 27,7s, permite soñar con otra proeza: batir el récord del mundo del kilómetro y medio, también en poder de El Guerrouj (3m 26s exactos desde 1998). ¿Habrá nacido hoy Project 205



