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Argentina, una gran campeona que desafía a España tras remontar a Inglaterra | Mundial 2026 de Fútbol

A España le espera la campeona del mundo, de América y del orgullo. Nadie se rebela como ella contra su propia muerte. Lo volvió a hacer en las semifinales, pero con una diferencia sustancial respecto a las penurias que sufrió con Cabo Verde, Egipto y Suiza: esta vez no sobrevivió a su precariedad, sino que desató una tormenta de fútbol que arrasó en la segunda parte a una selección inglesa muy cicatera.

1

Jordan Pickford, John Stones (Ivan Toney, min. 95), Reece James (Dan Burn, min. 81), Djed Spence (Marcus Rashford, min. 95), Marc Guéhi, Jude Bellingham, Elliot Anderson, Morgan Rogers, Declan Rice (Nico O’Reilly, min. 81), Anthony Gordon (Ezri Konsa, min. 71) y Harry Kane

2

Emiliano Martínez, Nicolás Tagliafico (Lautaro Martínez, min. 80), Nahuel Molina (Gonzalo Montiel, min. 71), Lisandro Martínez (Nicolás Otamendi, min. 71), Cristian Romero, Alexis Mac Allister, Enzo Fernández, Leandro Paredes (Nico González, min. 63), Giuliano Simeone (Rodrigo De Paul, min. 71), Julián Alvarez y Lionel Messi

Goles 1-0 min. 54: Anthony Gordon. 1-1 min. 84: Enzo Fernández. 1-2 min. 91: Lautaro Martínez

Arbitro Ismail Elfath

Tarjetas amarillas Elliot Anderson (min. 36), Lisandro Martínez (min. 41), Cristian Romero (min. 50), De Paul (min. 93)

Al gol de Anthony Gordon a la vuelta del descanso respondió con un ataque desaforado y furibundo que empotró a los británicos y los hundió con dos tantos casi consecutivos de Enzo Fernández y Lautaro Martínez. Después de un Mundial declinante, agarrado al último madero del Atlántico para resistir a sus propias debilidades, la campeona irrumpió con un largo tramo de juego y rabia para atrapar su segunda final consecutiva. No volvió a marcar Leo Messi, pero volvió a encontrar soluciones. Argentina ya no solo cuelga de su genio.

La batería de ocasiones que fabricó encajonó a Inglaterra en su área, aculada y entregada al paso de los segundos, sus únicos aliados frente al tornado que le estaba arrollando. Solo Pickford y los palos retrasaron la remontada argentina. Messi ya tiene su segunda final consecutiva (la tercera en total) y la oportunidad de lograr lo que no pudo Diego Armando Maradona en Italia 90.

A España, la que mejor juega, le espera la que mejor compite. Las dos, muy lejos de una Inglaterra que seguirá en el diván después de 60 años de espera para regresar a la final de un Mundial. La acumulación de defensas de Thomas Tuchel en el desenlace simbolizó la falta de ideas de una selección con mejores futbolistas que juego. Argentina le remató 15 veces frente a los solo cinco disparos que produjeron los británicos.

Ni Lionel Scaloni ni Tuchel se quedaron quietos con sus onces iniciales. El argentino, tras el mal cuerpo que le dejó la función con Suiza, intervino de lleno en el corazón del equipo con un solo cambio: metió a Giuliano Simeone, que apenas había disputado 71 minutos con Jordania, en lugar de Rodrigo de Paul, uno de sus fijos. En un conjunto que emitía señales de abatimiento físico, la incursión del rojiblanco buscó un calambrazo. Mientras, el entrenador de Inglaterra pudo contar con Declan Rice en el medio (duda hasta el final), y prescindió de los dos extremos diestros (Saka o Madueke) en beneficio de Morgan Rogers.

¿Quién dijo que esto solo era un partido? La afición inglesa no escuchó su himno por los cánticos de los argentinos, y al revés ocurrió casi parecido bajo el techo de Atlanta. Cada jugada era un recado al contrario, una pequeña tarascada o un futbolista en el suelo. En cada metro había tres trincheras y cada centímetro hubo que conquistarlo a fuego en la primera parte. Si Messi, quién si no, se iba de tres rivales en el centro del campo, el cuarto se lo llevaba por delante.

Los porteros alcanzaron el intermedio como dos forasteros. Dibu Martínez había despejado una pelota de puños y Jordan Pickford vio pasar cerca un derechazo de Enzo Fernández. Jude Bellingham quería conducir, pero el empeño acababa en agua. También si atacaba el espacio. Argentina, que empezó más metida atrás, pudo unir alguna cadena de pases que le sirvió más para defenderse que para atacar. Era un encuentro con camisa de fuerza.

El partido se estrenó nada más regresar del intermedio, cuando Julián Alvarez forzó a Pickford a intervenir. El argentino le ganó el duelo a Spence y soltó un tiro sin mucho ángulo, pero que obligó al meta inglés a meter una mano firme abajo. Ahí el choque ya tomó otra densidad, sobre todo, porque al instante golpeó Inglaterra. La tarde americana estaba para un pie fino y ese fue Kane. El delantero organizador, el mejor mediocentro inglés, bajó a su propio campo y le mandó un balón largo a Morgan Rogers, que picó al espacio. Cortó forzada la retaguardia argentina, pero el movimiento desarticuló la defensa. Al fin, se abrió un hueco en la selva para que Rice recuperara el despeje, abriera a Rogers y este enlazara con Gordon, que se adelantó a Nahuel Molina: 1-0.

Simeone replicó y, cuando iba a enfocar a Pickford, apareció como un rayo Spence, pero el choque lo tomó por la pechera Messi, que se puso al frente en otro apuro. Se ubicó en la derecha e inició sus maniobras. Y en una de esas, en un centro suyo desde la derecha, Nico González, que acababa de salir por Leandro Paredes, impactó un cabezazo tremendo y Pickford metió otra mano abajo de mucho peso.

Sin respuesta inglesa

Al partido se le habían roto las costuras y el campo se inclinó de manera definitiva hacia el fuerte inglés, que vio subir la marea a su alrededor. La campeona lo sometió a una ráfaga de centros y oportunidades que no se detuvieron hasta que consumó la remontada. A Alexis Mac Allister solo lo frenó el poste en un cabezazo rotundo, lo volvió a intentar al instante y Nico González tuvo otra por arriba algo escorada.

Inglaterra, sin respuesta con la pelota para encontrar una escapatoria, solo pudo llamar a la resistencia frente a las dentelladas argentinas. Había cazado el gol en la primera ocasión y se abocó a defender un tesoro que llevaban 60 años sin oler. El agobio era máximo para los británicos y Tuchel recurrió al amontonamiento de defensas (hasta seis). Para nada.

Enzo Fernández soltó un derechazo desde 22 metros con comba que se le fue alejando al portero inglés. Argentina cazó el empate, pero no soltó la presa. Mac Allister mandó otra al palo hasta que la diana de Lautaro elevó a una Argentina desatada y de mucho tonelaje que reta a España en la final del domingo.


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