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Por qué De la Fuente confía en Marco Aurelio para pelear el Mundial | Mundial 2026 de Fútbol

La víspera de los cuartos de final contra Bélgica, a Luis de la Fuente le entró un ataque de risa en la rueda de prensa. Un periodista mencionó que a Dani Olmo el penalti que falló Eloy en 1986 le resultaba tan remoto como Marco Aurelio. Al seleccionador, en el trance de prepararse para la ocasión histórica de clasificar a España para la segunda semifinal mundialista de su historia, le costó trabajo apaciguar la carcajada. No parecía demasiado nervioso, y en parte es por Marco Aurelio.

De la Fuente afronta el fragor extremo del Mundial, como otras competiciones antes, con la memoria de las lecciones de sus repetidas lecturas de un librito escrito en medio de la guerra. Marco Aurelio, emperador de Roma entre el 160 y el 181 d. C., el hombre más poderoso de su época, empleó los últimos diez años de su vida en reunir una colección de reflexiones personales. Las anotaba al retirarse a su tienda después de dirigir las operaciones militares contra las tribus germánicas a la orilla del Danubio. De aquellos ratos de agotamiento salió el libro hoy conocido como Meditaciones, que el seleccionador mencionó en la rueda de prensa del ataque de risa, cuando también habló de lo que disfrutaba viendo en familia en la tele el concurso de Eurovisión, el Un, dos, tres y los partidos de la selección española.

“Leí una frase en un libro de Marco Aurelio, al que soy gran aficionado, que decía que lo que es malo para el panal es malo para la abeja. Y así es: cada uno tenemos que pensar en equipo, en grupo. Y a nosotros nos va bien, porque tenemos muy buenas personas”, dijo. Se trata de una obra que el técnico leyó por primera vez hace años y a la que vuelve de manera insistente. Su ejemplar, que se ha quedado en Madrid, está muy trabajado, subrayado y con anotaciones en los márgenes.

Su influencia se puede encontrar tanto en sus comparecencias públicas como en algunas de las charlas que dirige a los futbolistas.

“Marco Aurelio es el último gran estoico”, explica David Hernández de la Fuente, catedrático en el Departamento de Filología Clásica de la Universidad Complutense de Madrid y autor de una de las últimas traducciones del libro, la de la editorial Arpa. Se trata de una obra rarísima, casi tanto como que haya llegado hasta hoy.

“Es un milagro que lo tengamos, porque el libro desaparece cuando él muere. Y siete siglos después, en el siglo IX, un obispo bizantino encuentra el manuscrito, lo manda copiar y lo da a conocer”, explica Hernández. Tiene más rarezas. “El libro es un no libro. No fue escrito para ser publicado. Es una especie de viaje de introspección, como notas íntimas. Lo escribió a modo de auto consuelo, de autoayuda, aunque no en el sentido moderno”. Aunque en los últimos años ha ganado popularidad precisamente como eso.

Ha habido muchos revivals estoicos”, dice Hernández. “Después de la pandemia hubo uno muy fuerte. Mucha gente se volcó al estoicismo como una receta filosófica de la antigüedad más pragmática, romana. Es una filosofía sencilla, fácil de entender, que da claves para momentos turbulentos. Tu mundo se derrumba y aun así tienes que darle un sentido. Todavía hoy los humanos nos vemos en dos grupos, estoicos y epicúreos. Los que creen que todo tiene un sentido, ya sea porque hay una razón, que se llama X o Dios, y los que creen que todo es un azar, como los epicúreos”.

Uno de los momentos en los que más asoma la influencia del pensamiento de Marco Aurelio en De la Fuente es cuando habla de la importancia de la serenidad. “La calma es poder. La tranquilidad es poder”, dijo en otra rueda de prensa del Mundial. “Eso es muy estoico”, dice Hernández. “Uno debe tender a la ataraxia o falta de turbación del alma”.

Por ejemplo, ante las críticas, tan habituales en el fútbol. “Nosotros vivimos al margen de esas valoraciones, de esos análisis”, dijo De la Fuente. “Vivo más feliz y me permite tomar las decisiones con tranquilidad. No lo necesito. Si me sumara algo, si me aportara algo positivo, leería todo, y de verdad que no”.

Casi 2.000 años antes Marco Aurelio había dejado escrito esto: “Como el que lanza la pelota. ¿Qué bien obtiene la diminuta pelota al elevarse o qué mal al descender o incluso al haber caído?”. Para el emperador, sigue siendo la misma pelota tanto si se encuentra arriba como si cae al fondo.

“Vivimos centrados en lo que podemos controlar, que es el fútbol”, suele decir De la Fuente, que siempre evita referirse a aquello en lo que no puede influir. En las Meditaciones se lee: “Si por alguna causa de las externas de afliges, no es que esto te moleste, sino que más bien lo hace el juicio que te formulas acerca de ello”.

El libro, que ha enganchado a empresarios y tecno oligarcas, ha interesado también a muchos deportistas de élite. “Porque habla de cómo preparase para el choque, para el combate”, dice Hernández. En la obra se lee, por ejemplo: “El arte de la vida es más parecido a la palestra [donde entrenaban los luchadores] que a la danza, según se desprende de que siempre hay que estar preparado para recibir golpes imprevistos y resistir sin caerse”.

Según el catedrático, los epicúreos no servirían para el deporte de alta competición. “El lema de Epicuro es ‘lejos del mundanal ruido’, la dorada medianía. Si no aspiras a lo máximo, no puedes competir”.


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