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Europa aprobaría este lunes sus primeras sanciones a Israel


Ni el genocidio en Gaza y la muerte de decenas de miles de palestinos (fue la respuesta militar a los atentados de Hamás en Palestina), ni el juicio contra la dirigencia israelí en la Corte Penal Internacional sirvieron para que la Unión Europea reaccionara rápido contra Israel. Pero el barco europeo, lento y complejo de virar, debe aprobar este lunes, en una reunión de cancilleres, sus primeras sanciones directas contra Israel. Hasta ahora se había sancionado personalmente a los dirigentes más violentos de los colonos en tierras ocupadas a Palestina, pero ahora ya se ataca a la economía.

Los ministros tienen varias opciones sobre la mesa. La más probable, la que según fuentes diplomáticas es prácticamente imposible de frenar ya porque debe salir por mayoría cualificada, no por unanimidad, es la prohibición de exportar a Europa cualquier producto que tenga como origen la Palestina ocupada por Israel.

Los cancilleres también tratarán de los últimos acontecimientos en Ucrania y de la situación en Líbano y en el Estrecho de Ormuz, pero sin decisiones previstas.

La Comisión Europea, presidida por una Úrsula von der Leyen que como miembro de la CDU alemana se ha negado repetidamente a sancionar a Israel, terminó por verse forzada por los gobiernos a preparar un documento con opciones para los cancilleres. La ‘canciller’ Kaja Kallas también empujó a favor de las sanciones.

Más allá de esas restricciones al comercio desde los territorios ocupados, que es la opción que más apoyo recaba y difícilmente será bloqueada, los cancilleres tienen otras opciones que políticamente serían más difíciles de aprobar. Algunas porque recaen en competencias de política exterior para las que se necesita unanimidad. Y Alemania aplicaría su veto.

Los ministros también tendrán sobre la mesa la posibilidad de aprobar sanciones personales contra el ministro ultraderechista israelí Itamar Ben-Gvir. En algunos documentos aparece también su colega Bezalel Smotrich, aunque el foco sigue sobre Ben-Gvir, sobre todo después de haber aparecido videos suyos amenazando y humillando a ciudadanos europeos de una flotilla de solidaridad con Palestina que fue abordada por Israel en el Mediterráneo y sus miembros trasladados a Israel.

De sancionarse a Ben-Gvir se buscaría congelar todos sus activos en Europa, se cortaría cualquier relación con su Ministerio y se le prohibiría la entrada en la Unión Europea. Tampoco es muy probable que Ben-Gvir fuera a pisar Europa porque ya hay varios sistemas judiciales europeos que lo tienen en el punto de mira por el acontecimiento de aquella flotilla.

Una opción que sigue sobre la mesa pero que difícilmente se aprobaría porque Alemania aplicaría su veto sería la suspensión parcial del Acuerdo de Asociación UE-Israel. A Israel le da derecho a mantener relaciones comerciales preferenciales (la UE es su primer socio comercial) y a participar en proyectos de cooperación científica como si fuera prácticamente un Estado miembro de la UE.

Varios gobiernos, como el español, el irlandés o el belga defienden que se suspenda ese acuerdo alegando que Israel estaría incumpliendo la cláusula de derechos humanos del mismo. España, Irlanda, Bélgica, Francia y Suecia son, salvo matices, los países que más se están moviendo para que este lunes los portavoces europeos puedan ya decir que “la Unión Europea aprueba sus primeras sanciones contra Israel”.

El papel de Kaja Kallas ha ido virando. Si en los primeros meses tras los atentados de Hamas se puso, con Von der Leyen, del lado del Gobierno de Netanyahu a pesar de que este ya había empezado los bombardeos masivos sobre Gaza, con los meses, y sobre en el último año, fue virando hasta ponerse a favor de las sanciones.

A mediados de junio, en una conversación en un foro privado que terminó por filtrarse, Kallas dijo que Israel se comporta como la Suráfrica del apartheid. El Gobierno israelí exigió una rectificación que nunca se produjo y decidió entonces romper cualquier relación con la canciller europea. Kallas dijo lo que todos piensan en Europa.

La Comisión Europea, que suele ser quien presione y prepare todo para que se aprueben paquetes de sanciones, por ejemplo contra Rusia desde 2022, arrastra los pies. Si por el brazo ejecutivo de la Unión Europea fuera, no habría sanciones contra Israel.


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