Los vigilantes del secreto


El resultado final lo tiñe todo. Si hay frustración, se dispara. Si hay alegría, se perdona todo. Y todo era drama ante Cabo Verde. Mal plan, poco ritmo, falta de gol, se dijo. Solo después de ver que esa misma Cabo Verde ponía contra las cuerdas a Uruguay —y luego a Argentina—, y que otras grandes iban encallándose de verdad, entendimos que era un Mundial diferente. Uno más difícil de predecir: no el de las goleadas, sino el del pico y la pala. Ayer España volvió a remangarse para jugar otro partido largo, demasiado largo para el rival. Fue esa gota constante, con fe y movilidad, con primeros toques y vigilancias implacables, la que sofocó a Bélgica hasta provocar un error definitivo. Sí, en las manos temblorosas de su portero suplente, pero error forzado al fin y al cabo.
Source link


