Europa intenta contener a Donald Trump en una cumbre clave de la OTAN


Los europeos intentan salvar otra cumbre de la OTAN ante las embestidas de un Donald Trump que nunca entendió la organización y mucho menos el papel de su país en ella. El presidente estadounidense considera que los europeos se aprovechan de Estados Unidos desde hace 80 años, pero sin la plataforma que ofrece Europa, Washington sería incapaz de proyectar poder en el resto del mundo y habría perdido su primer mercado.
Trump llegó a Ankara este martes diciendo que estaba “muy decepcionado” por la respuesta que los europeos dieron a su aventura bélica en Irán. “Me decepcionó mucho”, dijo ante el anfitrión de la cumbre, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan. “No necesitábamos ninguna ayuda, sólo estaba probándolos”. Aseguró que sólo asiste a la reunión “por Erdogan”, despreciando a los otros 30 gobernantes presentes.
El presidente estadounidense volvió a amenazar a Dinamarca al decir que “Groenlandia debería estar bajo control de Estados Unidos”, elevando la tensión de la cumbre incluso antes de su inicio formal. Trump hizo incluso referencias a la política migratoria europea (le parece blanda) y a la energética (rechaza las renovables que va sumando Europa).
Hace un año, en La Haya, Trump les exigió gastar en defensa el 5,0% del PBI. Todos aceptaron excepto el español Pedro Sánchez, que se sigue negando con el argumento de que no es ni militarmente necesario ni económicamente sostenible. La OTAN, sin Estados Unidos, ya gastaba en defensa siete veces más que Rusia antes de los aumentos del año pasado.
Los Estados miembros de la organización deben presentar en esta cumbre sus programas de gasto de los próximos años para llegar a ese 5%. España no lo hará. Otros lo harán a sabiendas de que su situación económica (deuda pública italiana por encima del 130% del PBI, francesa ya rozando el 120%) o política (el Reino Unido y sus recurrentes cambios de primer ministro) complican cumplir cualquier promesa.
Pero hay que contener a Trump. Así que la cumbre arrancó con un foro empresarial en el que se anunciaron acuerdos con la industria estadounidense por valor de 1.600 millones de euros, pecata minuta en un gasto militar que el año pasado subió en Europa un 20%. Alemania por su cuenta ya gasta más de 100.000 millones de euros al año.
Mark Rutte, secretario general de la Alianza Atlántica (el cargo es más de coordinación que de liderazgo) y ex primer ministro holandés, dedicado desde hace año y medio a aplaudir y halagar a Trump hasta límites que rozan el ridículo, vende una cumbre sin problemas, exitosa y de consolidación de la OTAN. Pero a los europeos les valdría con que Trump no rompiera nada.
La situación es tan incómoda que del borrador de declaración final se cayó por ahora toda referencia a la cumbre del próximo año, que debía celebrarse en Albania. Algunos creen que si no hay cumbre, hay menos posibilidad de chocar con el inquilino del Despacho Oval.
Rutte vende que los europeos están dando pasos rápidos y reales para asumir la seguridad del continente sin Estados Unidos, también en el flanco oriental y en el Ártico, donde Trump amenaza desde hace meses con arrebatarle por la fuerza a Dinamarca la isla de Groenlandia. Rutte, ciego a eso, dice que “toda la evidencia es de una Europa y una OTAN más fuertes”.
Pero Trump no parece escuchar. En los últimos meses dijo varias veces que la OTAN es “un tigre de papel” y critica con dureza que los europeos no quisieran ayudar a Estados Unidos en su aventura militar contra Irán, fuera del marco de la OTAN, sin haberles consultado y sin estrategia evidente.
Jens Stoltenberg, antecesor de Rutte en el cargo, decía este lunes que si Trump simplemente anuncia que Estados Unidos no se siente obligado por el tratado de la OTAN, es decir, que no defendería a un país aliado atacado por un tercer país, en la práctica la organización habría muerto.
Rutte intenta que se mire a otros lados. El lunes a última hora, después de que China hiciera un lanzamiento de un misil de prueba desde un submarino nuclear en el Pacífico, Rutte dijo que la OTAN no puede ser “ingenua” sobre el desarrollo militar chino, aunque el tratado fundacional de la Alianza Atlántica sólo cubre el espacio noratlántico, no el Pacífico, salvo que a China se le ocurriera atacar en territorio europeo, estadounidense o canadiense.
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