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Rafa Márquez, el sello de la defensa de hierro de México en el Mundial

Antes de que Javier Aguirre aceptara ser técnico de la selección mexicana por tercera ocasión, le ofrecieron tener a Rafael Márquez como su aprendiz. “No lo dudé ni un segundo. Trabajó en Barcelona. Tiene una escuela buenísima de fútbol. Estamos en muy buenas manos. Estoy encantadísimo con él y con el cuerpo técnico. Somos una buena banda, eso se nota en la armonía que hay”, contó el Vasco hace unos días. Márquez ha sido el asesor en trabajo defensivo para el equipo. Sus consejos han ayudado para que la línea defensiva sea la principal muralla de México en el Mundial. México y España son las únicas selecciones que llegaron a octavos de final con la portería imbatida.

Márquez, de 47 años, tenía la madera para ser entrenador porque sus compañeros siempre le vieron con admiración. El Káiser de Zamora no necesitaba gritar para que le hicieran caso. Hablaba y todos guardaban silencio, hasta el insumiso Cuauhtémoc Blanco. La capacidad de unir a los grupos le sirvió para jugar cinco Copas del Mundo. En la última que disputó en 2018, tuvo el primer gran acertamiento como si fuera un entrenador más, un confidente de Juan Carlos Osorio, entonces seleccionador. Márquez impulsó a un juvenil Edson Álvarez que había marcado un autogol. Eso, ante la dura crítica, significaba que la carrera del mexicano pendía de un hilo. Márquez le cobijó y, con los años, Álvarez se convirtió en el capitán de la selección.

Márquez empezó a hacer todos los cursos para validarse como entrenador en Europa. Eso sirvió para que Joan Laporta, presidente del Barcelona, le ofreciera un puesto como entrenador del equipo filial en julio de 2022. Poco a poco, Márquez ganó experiencia. En 2024, la Federación Mexicana de Fútbol tuvo la oportunidad de darle el mando absoluto de la selección, pero los dirigentes se decantaron por la dupla Aguirre-Márquez. A ellos se suma el español Toni Amor como entrenador auxiliar y Jon Moreno como analista. Después de este Mundial, la promesa es que el exdefensor se quede con el cargo rumbo al Mundial de 2030.

Márquez se enfurece cada vez que los jugadores pierden el balón, cuando los defensas pierden la marca o cuando nota que bajan la intensidad. Aguirre le da vuelo a esas indicaciones, no le limita ni exhibe. En las pausas de hidratación, el exjugador pide mantener la concentración, toma la pizarra y les enseña los movimientos. Eso ha sido casi efectivo, salvo la expulsión del central César Montes en el partido inaugural en la recta final del partido, cuando todo estaba decidido. Márquez también sabe de eso porque en el Mundial de 2002 se hizo expulsar por un arrebato frente a Estados Unidos en octavos de final o cuando se ganó otra tarjeta roja en la Copa Confederaciones de 2005.

Antes del México-Sudáfrica, la selección mexicana abrió a los medios un entrenamiento completo por única vez durante el torneo. Ahí se vio a Márquez en su mayor esplendor. Con pantalones cortos y botines negros, Márquez decía a los jugadores cómo dar el pase, cómo moverse y hacia dónde dirigirse. Cuando puede, se pone a pelotear junto a Gilberto Mora, la promesa mexicana.

Los números le respaldan. En el Mundial registran cuatro victorias sin gol recibido: Sudáfrica (2-0), Corea del Sur (1-0), Chequia (3-0) y Ecuador (2-0). En todo 2026, la selección solo ha encajado dos goles en los ocho partidos amistosos que sostuvo antes de la Copa del Mundo en el empate contra Bélgica (1-1) y en la goleada sobre Serbia (5-1).

Márquez es el único futbolista en ganar una Champions League, en ser parte del histórico Barcelona que lo ganó todo, capitán mexicano en cinco Mundiales y hasta fue iniciador del sindicato mexicano de futbolistas. Aguirre asegura que la selección mexicana estará en “buenas manos”. Pero antes de pasarle la estafeta, quiere engrandecer la historia del fútbol mexicano ante Inglaterra.


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