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Inglaterra se enfrenta a un rival desconocido: los efectos de la altitud

En sus 78 partidos jugados en los Mundiales, Inglaterra enfrentó a 48 países diferentes. Uno de ellos fue México, su rival de este domingo por los octavos de final del Mundial 2026, a quien ya le ganó 2-0 en 1966 como anfitrión en Wembley. Los inventores del fútbol, sin embargo, no están acostumbrados a enfrentar a una adversidad que les resulta atípica: la altitud.

Los 2.240 metros por encima del nivel del mar sobre los que se levanta el estadio Azteca se convirtieron en el principal tema de conversación alrededor de la selección inglesa, y también dentro de la delegación, en la previa al partido contra uno de los anfitriones. Por las características geográficas de su continente, en cambio, las selecciones de América Latina ya saben que jugar al fútbol a veces quita el oxígeno.

Luego del 2-1 ante República Democrática del Congo que le concedió a Inglaterra el pasaporte a los octavos de final, el técnico Thomas Tuchel se refirió a ese tipo de rival desconocido en Europa. “Es uno de los fixtures más excitantes que nos podía tocar: México en el Azteca. Habrá muchos, muchos obstáculos para enfrentar”, enfatizó el entrenador alemán, antes de rematar: “La altitud será una gran desventaja. No nos podremos adaptar físicamente en cuatro días. Es simplemente imposible. Llegamos pronto a Estados Unidos antes del torneo para aclimatarnos al calor. En México, el calor y la humedad no serán problemas para nosotros. El principal problema será la altitud”.

Para evitar que sufriera los ruidos molestos con los que los hinchas mexicanos molestaron a los jugadores ecuatorianos en la noche previa al partido por los dieciseisavos de final, también en Ciudad de México, Inglaterra tomó medidas precautorias: el hotel en el que se aloja el equipo de Tuchel fue vallado varios metros alrededor para evitar que los fanáticos locales hagan sonar su pirotecnia. Pero hay otros obstáculos que el equipo de Harry Kane, según coinciden los médicos especializados en el deporte de altitud, no podrán contrarrestar: los 2.240 metros del Azteca son más del doble de altitud que el punto más alto de Inglaterra, el Scafell Pike, de 978 metros sobre el nivel del mar.

Acorde a un continente con capitales bajas, el fútbol europeo desconoce a la altitud como a un adversario. El estadio a mayor altitud de Inglaterra es The Hawthorns, el escenario del West Bromwich Albion, ubicado a 168 metros sobre el nivel del mar. En Alemania, el récord le pertenece a la casa del FC Heidenheim 1846, elevada a 504 metros. En el resto de Europa, los estadios más altos son el Republicano de Ereván, la casa de la selección armenia, a 990 metros, y el Nacional de Andorra La Vieja, el escenario de la selección andorrana, a 1.022 metros sobre el nivel del mar. El problema, coinciden los especialistas, comienza por encima de los 1.800 metros.

“La altitud no es broma, aunque México está a mitad de camino. Los efectos empiezan arriba de los 1.800 metros y recién son exagerados cuando superan los 2.800”, dice Roberto Peidro, exmédico de la selección argentina en el Mundial 1994. “La altitud de México no es tanta, pero además se le suma el smog y ese es un combo al que los europeos no están acostumbrados. Arriba de los 2.000 metros ya te complica”, agrega su compatriota Juan Manuel Herbella, médico deportólogo. Ambos, además, fueron futbolistas.

Peidro contextualiza: “En la altitud, el aire tiene menor presión de oxígeno, porque se expande más. Entonces, necesitamos respirar más rápido para que nos ingrese la misma cantidad de oxígeno. Eso se llama hiperventilación y aumenta la presión arterial y la frecuencia cardíaca. A la vez, afecta la capacidad aeróbica. Los músculos, también los de las piernas, reciben menos oxígeno y se cansan más rápido. Respirar más rápido, además, produce dolor de cabeza porque se produce una vasodilatación cerebral: la cabeza pide más oxígeno”.

Inglaterra llegó a Ciudad de México el viernes por la noche, 48 horas antes del partido programado para las 18.00 del domingo, hora local. Según Herbella, será un problema para Kane y compañía: “Para aclimatarse necesitaría una semana. La altitud genera una serie de efectos: te sentís más agotado, sufrís embotamiento y no resolvés bien”. Peidró agrega: “Los síntomas aparecen después de las 24 horas. Sentís las piernas más débiles, respirás más rápido y te aumentan la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Por eso lo ideal es llegar sobre la hora del partido, pocas horas antes, o directamente una semana antes. Recién entre los siete y diez días el cuerpo empieza a formar más glóbulos rojos y termina la aclimatación”.

Aunque no en todos los casos, algunos equipos sudamericanos recurren antes de los partidos al sildenafil, un medicamento más conocido por uno de sus nombres comerciales, Viagra. “Es un vasodilatador y además no está en el doping. En el fútbol se usa poco, pero se usa, aunque más para los casos por encima de los 3.500 metros”, dice Peidro, que agrega el factor psicológico (“hay futbolistas que entran sugestionados”) y la tolerancia individual, muy diferente en cada jugador.

El recelo inglés, además, tiene fundamentos históricos. En 1969, un año antes del Mundial 1970, Inglaterra jugó un amistoso contra México en el Azteca y sus jugadores terminaron agotados. “Sir Alf Ramsey [el técnico inglés] decidió que, para aclimatarse al Mundial de 1970 en México, necesitarían llegar casi un mes antes”, recordó en sus redes sociales Henry Winter, periodista inglés.

Ya en México 1986, Inglaterra fue víctima de su mala planificación. Tras su primera fase en el llano desértico de Monterrey, su debut en los 2.240 metros del entonces llamado Distrito Federal llegó contra Paraguay, por los octavos de final, el miércoles 18 de junio. Fue después de ese triunfo 3-0 que los británicos tomaron una decisión que sería festejada en la concentración argentina, su rival siguiente, ya en cuartos. En vez de volver a Monterrey, los ingleses se quedaron cuatro días en la capital mexicana a la espera del cruce del domingo 22, otra vez en el Azteca.

Fue un desafío a los manuales de adaptación a la altitud: los expertos, como Peidro y Herbella, sostienen que los organismos necesitan siete u ocho días para aclimatarse. El otro procedimiento habitual es el inverso, arribar justo antes del partido para que el cuerpo eluda los primeros síntomas, que suelen atacar después de las cinco horas, como hacen los equipos sudamericanos cuando juegan en La Paz (Bolivia, 3.600), Quito (Ecuador, 2.800), Cusco (Perú, 3.300) o Bogotá (Colombia, 2.600). En algunos de esos partidos se ven tubos de oxígenos al costado del banco de suplentes de los visitantes.

El último partido de Inglaterra en el Azteca fue aquel ante Diego Maradona y Argentina por los cuartos de final de 1986. Acaso porque el fútbol en Sudamérica está marcado su geografía alrededor de la Cordillera de los Andes, la Albiceleste se había preparado para la altitud de México seis meses antes del Mundial. Carlos Bilardo, su técnico, decidió que 14 jugadores viajaran a Tilcara, un pueblo de la Quebrada de Humahuaca tan elevado como la capital mexicana, a 2.465 metros, durante 10 días de enero de 1986. La elección fue sugerida por un especialista de la actividad deportiva en la altitud. Doce de esos 14 futbolistas pasaron el test, viajaron a México y se consagraron campeones del mundo.

Maradona no viajó a la Quebrada de Humahuaca pero tampoco llegó a México sin trabajos físicos previos. “Cuando faltaban tres meses para México 86, Diego me dice en Nápoles que quería ponerse las pilas. Yo había leído el trabajo de un ciclista italiano, Francesco Moser, que había batido en México el récord del mundo en altitud”, recuerda su preparador físico de entonces, Fernado Signorini.

“Moser se había entrenado con un tal Enrico, un fisiólogo de Italia. Lo contactamos y armamos una cita con Maradona. Allí Enrico nos dijo que teníamos que conectarnos con Antonio Dal Monte, capo de investigación deportiva, biomecánico de fama mundial. italiana. Diego sabía que era su Mundial o el del francés Michel Platini. Se jugaba en la altitud de México, había smog y las marcas no podrían ser persecutorias porque en la capital mexicana se cansarían enseguida”.


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