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Wimbledon 2026: Roberto Bautista: “No he sido mediático, pero he sido el tenista que quería ser” | Tenis | Deportes

“Mi mujer quiere hacer un gimnasio en el sótano y yo le digo: ‘es que no voy a usarlo’. Después de tantos años, estoy cansado de los hoteles y estar encerrado; las paredes se me caen encima… Como aquí, en Wimbledon, en ningún sitio; poder estar en una casa es mucho mejor”, comenta Roberto Bautista (Benlloc; Castellón, 38 años) en el preámbulo de la entrevista, en la que el veterano viaja al fondo de una carrera silenciosa, ejemplar y muy productiva. Descartó el fútbol y llegó tarde a la élite, con 24 años, pero ha sido más de una década de plena dedicación que le ha guiado hacia 12 trofeos, el top-10 del circuito y aquella estremecedora Davis de la Caja Mágica en la que él, comprometido como pocos, dejó una huella imborrable. Próximamente se retirará “en paz”, remarca. Y bien rodeado por Ana, Roberto, Lucas y los caballos.

Pregunta. Decía David Ferrer que el adiós al tenis tiene un punto traumático. ¿Lo comparte?

Respuesta. Al final, las lesiones y la retirada son los momentos más difíciles para un deportista porque cuando uno va a irse, nunca ha pasado por ahí y no sabe a qué emociones se enfrenta ni qué sensaciones va a tener. Luego está lo de haber llevado el cuerpo al límite. Llevo muchos años como profesional [desde 2005] y con el estilo de juego que tengo, cada vez se hacía más complicado.

P. ¿Qué imagina el día después de colgar la raqueta?

R. Sobre todo, que mi cuerpo y mi mente van a descansar. El estrés de competir, de los resultados y del ranking, todo eso, va a terminar. Hay un momento en el que uno tiene ganas de descansar, así que te dices: ‘ya está bien’.

No todo el mundo puede estar muy centrado y eso me ha ayudado a ser un competidor muy regular

P. ¿Tiene este deporte un punto insano?

R. Bueno, es menos insano cuando eres joven, el cuerpo tira y no tienes el cuentakilómetros tan alto, pero conforme vas haciéndote mayor van saliendo cosas y el físico va resintiéndose. Yo me he cuidado mucho y he podido jugar hasta los 38 años, pero no todo el mundo puede hacerlo. Estoy muy agradecido de cómo ha ido todo.

P. Es un devoto de su profesión. ¿Cuánto va a echarla de menos?

R. Me encanta entrenar y el día a día, cuidarme e ir al gimnasio y tener unos objetivos, la competición, así que a partir de ahora tendré que llenar todos espacios de esa manera. Estoy contento porque voy a poder pasar más tiempo con mi familia [esposa y dos hijos] y me gustaría seguir ligado al tenis de otra forma.

P. Para que lo entienda la gente, ¿cuál es el grado de exigencia?

R. Es una dedicación completa. Significa dejar de lado a los amigos, tu casa, los viajes durante muchas semanas, las comidas, el descanso, la preparación, la prevención… Es levantarte y acostarte pensando en esto.

P. Pero compensa, ¿no?

R. Bueno, es a lo que me acostumbré desde pequeñito y desde entonces he intentado tener unas rutinas muy marcadas que me han ayudado hasta hoy. He sido muy meticuloso con los pequeños detalles y muy estable en el día a día; en ese sentido, quizá me cuesta menos que a otros jugadores que lo viven de otra manera, pero yo entiendo esta profesión así. No todo el mundo puede estar muy centrado y eso me ha ayudado a ser un tenista muy regular, a tener resultados buenos en todo tipo de superficies y a estar muy arriba [llegó a ser el noveno del mundo, en 2019] durante muchos años. He tratado de sacar mi máximo rendimiento.

P. ¿Cómo suplirá esos chutes de adrenalina, eso tan adictivo de la competición?

R. Intentaré buscar otras vías, jugando al fútbol con mis amigos o vivir esto desde otro punto de vista, de entrenador, por ejemplo. Seguramente no será ni parecido a lo que uno siente jugando o ganando un partido, pero seguro que también será bonito desde otro punto de vista.

Los resultados están ahí, así que hablamos de una carrera de alto nivel. Miro atrás y lo valoro más

P. Djokovic, al que se enfrentó en las semifinales de este torneo, en 2019, dice que usted es un competidor muy infravalorado. ¿Qué opina?

R. Yo creo que sí. Los números y los resultados están ahí, así que hablamos de una carrera de alto nivel. Ahora, cuando miro hacia atrás lo valoro todo mucho más. Cuando estaba ahí solo miraba hacia arriba y quería alcanzar a los mejores, y en ese sentido ha sido una carrera muy exitosa.

P. ¿Ha sabido venderse bien?

R. Quizá no he sido un jugador que montara pollos en la pista o que tuviera un saque a 250 km/h, pero he sido el tenista que quería ser; no tan mediático como otros, pero al final yo he querido ser así. No me gusta llamar la atención y soy una persona tranquila. Yo prefiero eso.

P. La industria del deporte va hoy día en un sentido radicalmente contrario. Casi todo es ruido…

R. Sí, puede ser. Quizá si hubiese sido de otra forma hubiese tenido mejores contratos con las marcas, pero estoy muy contento de cómo lo he hecho. Todo lo que tengo me lo he ganado a pulso y me lo he trabajado. Estoy muy orgulloso de haberlo conseguido así, a base de trabajo, esfuerzo y dedicación.

P. ¿Se deja algo en el tintero?

R. Sí, me quedo con las ganas de haber jugado el Masters [la Copa de Maestros], porque estuve muy cerquita. Llevábamos ocho o nueve años seguidos en los que alguien se borraba y yo acabé noveno, pero al final no se dio… De todos modos, también es verdad que ese año se ganó la Davis y no lo cambio por eso. Todos los objetivos que me he marcado he ido consiguiéndolos; podía haber conseguido más cosas, pero también podía haberme ido peor.

P. Ha vivido situaciones personales muy traumáticas, ¿hasta qué punto le ha ayudado el tenis a superarlas?

R. Para ser tenista uno tiene que ser resiliente, muy fuerte mentalmente y saber encerrarse en uno mismo durante los momentos complicados para salir adelante. Al final, esto es un reflejo de la vida y hay que pasar por momentos difíciles. Desgraciadamente, yo pasé por una experiencia muy traumática en mi casa, con mi familia [perdió a sus padres en un intervalo de año y medio], pero pude tirar hacia adelante. El que ellos me vieran fuerte fue una manera de enseñarles que se podía conseguir.


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