Colombia se abre camino entre los grandes

Los empates no son todos iguales y Colombia, a diferencia de sus comienzos frustrantes en los Mundiales, lo terminó de entender este sábado en Miami. Al inicio de su participación, en Chile 1962 -o sea recién en la séptima edición de la Copa del Mundo-, los cafeteros festejaban cuando no perdían contra las potencias. Ya en el cierre de la primera ronda de 2026, luego de sus amplios merecimientos para ganarle a Portugal, Colombia únicamente se abrazó al 0-0 contra uno de los favoritos para ganar el Mundial porque terminó de concederle el primer puesto del grupo K.
La falta de efectividad de sus centrodelanteros, primero de Jhon Córdoba y luego de Luis Suárez, y sobre todo la uña en el zapato de Dávinson Sánchez que el VAR detectó en el gol que el defensor del Galatasaray había convertido sobre el final, le privaron al equipo de Néstor Lorenzo el triunfo por el que había hecho méritos suficientes. Colombia se llevó dos puntos menos pero se recibió de equipo serio: protegido también por el calor de Miami, un factor que pareció favorecer a los cafeteros, no se dejó intimidar por la supuesta superioridad portuguesa.

A Luis Díaz y sus muchachos les alcanzaba el empate para terminar por encima de la Portugal estelar de Cristiano Ronaldo y varios de los mejores mediocampistas del mundo y, sin embargo, salieron a buscar su tercer triunfo consecutivo luego de sus victorias 3-1 contra Uzbekistán y 1-0 sobre República Democrática del Congo. A lo largo de los 90 minutos que se parecieron más a un cruce por los cuartos de final que a uno de la primera fase, la actitud no cambió: Colombia quería ganar.
Atrás en el tiempo quedó una época en que los empates eran bienvenidos. Por ejemplo, en Chile 1962, un 4-4 contra Unión Soviética —el único punto conseguido entre dos derrotas— incluyó una broma como autocelebración: como los soviéticos jugaban con la sigla CCCP en su camiseta, el acrónimo en alfabeto cirílico ruso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), los colombianos la transformaron en un orgulloso “Con Colombia Casi Perdemos”.
Ya en Italia 1990, el 1-1 ante Alemania Federal —que le ganaría la final a Argentina— con un gol de Freddy Rincón en el minuto 92 también se le pareció a un triunfo. Portugal no tiene el mármol de un campeón del mundo, pero, 36 años después, no deja de ser uno de los favoritos: el inconformismo que le quedó a Colombia tras el 0-0 marca ese cambio en la ambición y el protagonismo.
Para el próximo paso, eso sí, el viernes contra Ghana, Colombia necesitará un mayor poder de gol. Con sus centrodelanteros sin fuego y un James Rodríguez por ahora lejos de su esplendor, el desequilibrio ofensivo depende de Lucho Díaz, Jhon Arias y las proyecciones de Daniel Muñoz, este sábado reservado durante 85 minutos. Juan Fernando Quinteros, como siempre, asegura su clarividencia cuando ingresa sobre el final. El arquero Camilo Vargas no había arrancado bien el Mundial, pero se resarció ante Congo y Portugal. Los centrales, Sánchez y Jhon Lucumi, parecen murallas.
Colombia no llegó como favorita pero, además de recibirse de equipo serio, también se ganó otro rótulo: nadie podrá menospreciarla.
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