grupos de ayuda cocinan pizza, lasaña, distribuyen agua y comida en medio del desastre

Cuando el equipo de Clarín desembarcó en el aeropuerto de Maracaibo, este viernes por la tarde, lo recibió un calor intenso y húmedo, y una nube de gente, otros periodistas y televisores encendidos con el mundial de fútbol incluso en las zonas para el retiro de las valijas. Ese bullicio se combinaba con los comentarios de todos por el horror creciente que envuelve ahora a Venezuela.
El personal de seguridad y aduana se comportó con enorme amabilidad, sin las desconfianzas de otros momentos que en general se percibía en los ingresos al país. Incluso cuando vieron los pasaportes argentinos los agentes lanzaron algún comentario sonriente sobre Lionel Messi y el seleccionado. Solo nos retiraron el dron porque está legislado en el país la prohibición del uso de estos aparatos, con excepción de las autoridades. Lo devolverán cuando salgamos, prometieron.
Este aeropuerto releva al internacional de Maiquetía, vecino de Caracas que sufrió graves daños. Parte de su techo se desprendió y debió ser cancelado. Para llegar aquí el equipo de Clarín debió viajar a Brasil de allí conectar a Panamá y luego con otro vuelo a Venezuela.
En Maracaibo, a 700 kilómetros de la capital, los edificios soportaron bien los dos terremotos consecutivos de 7,2 y 7,5 en la escala Richter, pero igual se palpa desesperación.
En los diálogos con la gente, en la recorrida por la ciudad, se percibía la ansiedad por la búsqueda de familiares que aún no responden y forman parte de la enorme lista de desaparecidos que ronda los 50.000 ya. La percepción de todos es que este drama se saldará con una enorme cifra de víctimas fatales. En muchos casos ese sentimiento y desesperación es canalizado en aceleradas muestras de solidaridad.
Brigada de ayuda
Las redes sociales, tantas veces usadas para expresar críticas políticas, que acababan en represiones, ahora son el punto de encuentro para organizar la ayuda.
“Necesitamos voluntarios. Urgente: convocatoria de personal. Médicos y enfermeros, veterinarios, paramédicos, rescatistas. Interesados, por favor se pongan en contacto. Viaje inmediato a Caracas”, dice uno de los flyers y debajo aparece un número de WhatsApp.
Voluntarios organizan y reciben donaciones en un centro de acopio de emergencias en Maracaibo, Venezuela. Foto: EFE Clarín recorrió algunos de los puntos donde la gente reúne agua, productos de limpieza, alimentos para acopiar y enviar a Caracas pero especialmente a La Guaira, la ciudad costera cercana a Maiquetía, que quedó destruida y donde se acumula la mayor parte de las víctimas de este desastre sin precedentes en el país caribeño.
Un grupo grande de autoconvocados se organizó en la Facultad de Medicina de la Universidad Zulia. Maracaibo es la capital de este estado, el centro petrolero venezolano. Nos dicen que son más de noventa personas entre estudiantes de medicina, médicos, estudiantes de enfermería, enfermeras, y personal del hospital universitario de Maracaibo que se han sumado a esta brigada de ayuda con equipos que se van coordinando.
“Juntamos comida, insumos, ropa. Vamos en tres micros desde Maracaibo a Caracas y La Guaira. Mañana salen más grupos”, remarca a este cronista Cleidy Hidalgo, organizadora de los autoconvocados de la Facultad de Medicina.
En las colectas locales también participa la Iglesia Católica. “La arquidiócesis de Maracaibo, junto a la parroquia Nuestra Señora del Carmen y el Complejo Educativo San Antonio nos unimos para brindar apoyo a nuestros hermanos”, dice uno de los mensajes que se publica en pantallas y pequeños volantes en la muy calurosa Maracaibo.
Esa sede católica ahora funciona como un centro de acopio de alimentos no perecederos, agua potable, mantas, linternas, velas y artículos de primeros auxilios. En la misma línea, el Centro Comercial Gran Bazar de la ciudad también oficia ahora es un lugar para recibir donaciones.
Una carpa de un centro de acopio de la ayuda para víctimas de los terremotos, en Maracaibo, Venezuela. Foto: EFE Atilio, dueño de una pizzería en el coqueto barrio de Altamira, en Caracas, de paso en esta ciudad, es uno de los colaboradores a su manera de la solidaridad colectiva. “Hicimos 150 pizzas y 100 pastichos (lasaña italiana). Lo llevamos para repartir entre los rescatistas de Palos Grandes, donde se han caído edificios, y trabajan sin parar para rescatar a personas con vida”, dice. Prefiere no dar el nombre de su local, justamente por el espíritu solidario que afloró entre los venezolanos.
Voces bajo los escombros
El otro fenómeno son los videos de venezolanos que piden ayuda porque aún escuchan las voces de sus familiares debajo de las ruinas. Durante el feriado por la conmemoración de la Batalla de Carabobo, sus departamentos se convirtieron en trampas.
«Las primeras 72 horas son críticas para poder salvar vidas, por lo que se han intensificado las operaciones de búsqueda, rescate y salvamento, ampliadas con el apoyo internacional que está llegando a nuestro país”, subrayó este viernes el embajador venezolano ante la ONU en Ginebra, Alexander Yánez.
«Toda forma de solidaridad material y moral resulta esencial en estos críticos momentos”, señaló. Ese comentario lo repetía la televisión estatal venezolana que conecta entre el fútbol y los informes sobre la crisis.
Tregua política
El volumen de la catástrofe humanitaria por los dos terremotos consecutivos en Venezuela parece haber pausado las diferencias políticas internacionales. Con una situación que empeora con el pasar de las horas, se multiplicó la colaboración de distintos países, varios críticos del régimen.
En distintos aeropuertos habilitados de Venezuela, entre ellos particularmente el de esta ciudad, han aterrizado vuelos con ayuda, rescatistas, transporte militar de países como Alemania, El Salvador, México, Chile, España y Suiza. También prometieron colaboración Estados Unidos, China, Qatar, Brasil, Portugal y Canadá, además de Argentina.
Al menos 16 países han comenzado a enviar equipos de búsqueda y rescate para ayudar a buscar víctimas de entre los escombros, con 25 equipos que suman más de un millar de rescatistas. Cada minuto cuenta, en una cuenta contrarreloj que tiene a miles de personas pendientes dentro y fuera de Venezuela.
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