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Bélgica y la crisis nacional que acompaña la trayectoria de Thibaut Courtois | Mundial 2026 de Fútbol


“Buenos días, san Tibú. ¿Cómo desea su santidad el huevo?”, le lanzó la prensa belga a Thibaut Courtois hace tres años, mosqueada con el portero, que acababa de abandonar una concentración con su país y no se presentó a un viaje a Estonia porque, en ausencia de Kevin De Bruyne, el brazalete de capitán era para Romelu Lukaku y no para él. El episodio abrió una crisis entre el meta y Los Diablos Rojos. Mientras en el Real Madrid ha sido ungido en este ciclo mundialista como el mejor guardameta del planeta —y para algunos de la historia—, en Bélgica ha estado en la diana y bajo sospecha. “Estamos decepcionados”, reaccionó en público su excompañero Yannick Carrasco cuando sucedió aquello, en junio de 2023. “Sería raro que volviera como si no hubiera pasado nada”, apuntaló Timothy Castagne.

La escalada de tensión alcanzó tal punto que Courtois, que no fue a la Eurocopa de 2024 por no sentirse listo físicamente (según justificó) tras recuperarse de la grave lesión de cruzado, llegó a renunciar a la selección en agosto de ese año. Y lo hizo con un comunicado en el que señaló al preparador, Domenico Tedesco. Él o yo, vino a decir. Mientras siguiera el técnico, no volvería al equipo nacional. Dijo que aceptaba su parte de responsabilidad en el caso, pero avisó de que no contaran con él si el banquillo lo continuaba ocupando el mismo. Y, como suele pasar en estas situaciones, Tedesco dejó el cargo poco después. Tampoco le ayudó la floja Eurocopa de 2024 y los malos resultados posteriores.

El recurso de la federación en enero de 2025 fue Rudi García, el preparador francés que veranea en la costa almeriense (tiene abuelos de allí). A su cargo, Thibaut regresó al redil nacional y, a los 34 años, se prepara para su cuarto Mundial. Desde que acabó la edición de 2022 en el desierto catarí (sin superar la fase de grupos), apenas ha disputado siete encuentros con Bélgica entre la grave lesión de agosto de 2023, molestias varias y, sobre todo, el enfrentamiento con el antiguo seleccionador que abrió las costuras del vestuario. La cita de este verano al otro lado del Atlántico es su oportunidad para cerrar las heridas en un combinado que es el eterno esperado en un Mundial.


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