Bouaddi, el joven campeón de oratoria y matemático que Marruecos le arrebató a Francia y bailó a Brasil en su estreno en el Mundial | Mundial 2026 de Fútbol


Todavía con su larga cabellera húmeda y atusándose la perilla, Ayyoub Bouaddi (Senlis, Francia) saltaba de micro en micro en la zona mixta del estadio MetLife de Nueva Jersey. Con solo 18 años, la irrupción del mediocentro del Lille en el Mundial fue estelar. El novato que Marruecos le arrebató a la Francia de Didier Deschamps a menos de tres meses de iniciarse esta Copa del Mundo fue el reclamo de la prensa. Su elección por sus raíces marroquíes provocó un cisma en Francia similar al que ocurrió en España con Brahim Díaz, otro que también bailó a Brasil con la pelota.
“Lo más importante es que demostramos mucha fuerza colectiva. Todos trabajamos juntos, tenemos buena cohesión. Nos hubiera gustado ganar, pero lo dimos todo”, aseguró el causante del primer chaparrón de la prensa brasileña que se ha cernido sobre la figura de Carlo Ancelotti por el empate (1-1) y por el mal juego desplegado ante la vistosa y atrevida Marruecos.
Primero Casemiro y Bruno Guimarães y después Fabinho padecieron a un mediocentro de edad juvenil que jugó con galones de veterano resabiado. Por encima de la frialdad de las buenas estadísticas que registró, 90% de acierto en el pase y seis recuperaciones, lo que impactó de Bouaddi fue su aplomo y su naturalidad para jugar en su estreno mundialista. Rodó la pelota y el partido fue suyo. Con cerca de 1,90 metros de estatura comenzó a mostrar un fútbol de seda para el quite y para la distribución. Buen pie, buen físico y una cabeza privilegiada de perfil renacentista dentro y fuera del campo. Con 15 años ganó el concurso de oratoria para centros de formación en el Palacio del Elíseo, exponiendo el tema “¿Es el resultado superior al método?”. Apenas unos meses después obtuvo una mención de honor en el bachillerato científico que le abrió las puertas de una licenciatura a distancia en matemáticas.
“No suponía ningún riesgo alinearlo solo porque tuviera 18 años”, explicó con tono calmado el seleccionador marroquí, Mohamed Ouahbi, al término del encuentro que puso a Brasil y a Ancelotti en el disparadero de la prensa brasileña más purista. “Solo me fijo en el rendimiento de los jugadores, no en su edad. Puede tener 35 años y, si juega bien, jugará. O 17. No soy de los que tienen miedo de alinear a jugadores jóvenes; estábamos seguros de que iba a tener un gran partido, así que no fue ningún riesgo; no era el tipo de partido para arriesgarse contra Brasil”, abundó Ouahbi. Este fue escogido por la federación marroquí como el sustituto de Walid Regragui por su estilo menos sufrido y por haber coronado a Marruecos como campeona del Mundial sub 20. “Quizás sea porque es un jugador nuevo por lo que todo el mundo está tan emocionado; era su primer partido a nivel internacional, un partido importante a su corta edad, pero no le falta experiencia”, reflexionó el preparador marroquí ante el impacto causado por su avezado pupilo. “Tiene una madurez increíble en su juego. Tenemos suerte de que se haya unido a nosotros”, resumió su compañero en el mediocampo, Neil El Aynaoui.
El 15 de mayo, a menos de un mes del inicio del Mundial, recibió el visto bueno de la FIFA para jugar con Marruecos porque la normativa lo permite pese a haber pasado por todas las categorías inferiores de Francia. Fouzi Lekjaa, el influyente presidente de la federación marroquí, se desplazó en marzo a Lille para cerrar el acuerdo que hizo inútiles las promesas de Deschamps de que contaría con un volante que destila trazos de Fernando Redondo.
Frente al impacto y al sosiego que destapó Bouaddi se reveló una Brasil atenazada, fallona con la pelota e incapaz de descifrar y cortar el partido que quiso jugar el mediocentro marroquí. El equipo estaba ansioso, perdimos balones y hubo poco equilibrio en el campo. En la segunda parte fue mucho mejor, vamos a mejorar para el próximo juego”, acertó a decir Carlo Ancelotti. El empate y la imagen desataron la primera tormenta de críticas a su labor de los apasionados analistas brasileños. Algunos vociferaban que no tenía sensibilidad con el fútbol brasileño y que solo el golazo de Vinicius impidió que Brasil perdiera su primer partido en su debut en un Mundial desde 1934.
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