Deportes

Tierra de campos


Era sábado por la mañana y conducía a esa hora en la que apenas hay camiones por la autopista y los aparcamientos de los bares de paso están vacíos. Dejaba atrás las nubes del norte. En la radio alguien hablaba de la selección de Marruecos; decía que podía dar la sorpresa, mientras enumeraban países como si estuvieran colocando el tablero de una partida de Risk. Cuando pasé las últimas montañas, el verde se empezó a volver amarillo y aparecí en la llanura de la Meseta, con esa sequedad que parece crujir a través de la luna del coche. En apenas unos kilómetros, el termómetro casi había doblado sus grados. Fue entonces cuando lo vi.

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