Provinciales

La libertad con hambre es una flor sobre un cadáver

Valiéndonos de la poesía de Pedro Casaldáliga el martes le dijimos al presidente Milei frente a Casa Rosada: La libertad con hambre es una flor (marchita, ya maloliente) sobre un cadáver (el de nuestro pueblo). Empezando por las y los últimos, los y las excluídas de un mínimo de vida digna, la vida digna que toda persona por existir necesita y, por tanto, se merece.

Por Rodolfo Viano*

Mis compañeras y compañeros ayunantes me pidieron resumir un poco la intensidad de esta hermosa comunión que experimentamos estas mañanas, tardecitas y noches, entre quienes pensamos parecido -al cantar nuestro verdadero León… el Gieco.

Oponiëndonos claro a que, como cristianas y cristianos, tengamos la intención de protagonizar, monopolizar, el poder de una “nueva cristiandad”.

Sí en cambio, definitivamente sí, tenemos la humilde y perseverante decisión de alentar el despertar las conciencias… Y más: una vez despiertas, que las conciencias se rebelen a favor del único humanismo que nos cabe, el humanismo igualitario e incluyente de todas, todes y todos, empezando y poniendo en el centro a las últimas y a los últimos.

Hoy terminamos nuestro ayuno. Cuando digo “nuestro” es porque ha sido el ayuno de todas, todes y todos… de las Mamás y Papás del Garrahan, de ustedes también. ¡Basta de apropiarnos de lo que es colectivo!

Terminamos, decía, por ahora nuestro ayuno, suspendemos por ahora nuestra huelga de hambre, cada vez más concientes, ojalá que cada vez más corresponsables, de que hay muchísima personas que, con cada gobierno neoliberal -ya vamos por el quinto-, van quedando con menos oportunidades y con más hambre.

Empezamos el martes 2 de junio blandiendo un llamado a la unidad de todo el valioso, creativo, audaz y valiente campo nacional y popular, empleando como herramienta clave a la Tolerancia, que Paulo Freire calificó como virtud revolucionaria, para superar personalismos competitivos que nos dividen. Tolerancia entre nosotras, nosotres y nosotros, para enfrentar a los poderes antagónicos que nos amenazan de muerte.

El martes un histórico referente de la resistencia de la Carpa Blanca Docente, Pepe Leonfanti, decía que la gran virtud revolucionaria que necesitamos sufrir, parir y disfrutar es la unidad. La Unidad en la diversidad, en la escucha recíproca, pero lúcida, porque es imposible dialogar con las fuerzas antagónicas del bien para pocos. El papa Francisco nos recordaba que Jesús no dialogó con el demonio, Jesús lo echó, lo expulsó.

Estas jornadas de nuestro ayuno polifónico se concretaron en un puñadito de mujeres, varones, no creyentes y creyentes, militancia variopinta. El Indio nos sumergió en un tsunami el viernes en esta Plaza de Mayo, del que salimos con más vida, vida ricotera, que una vez más las fuerzas represivas del “Estado para pocos” pretendió acallar. Pero no pudieron. Y en Villa Dominico, como en cada movilización masiva, como en Ni Una Menos, las “fuerzas del suelo” nos dan ejemplo de que el pueblo unido sabe organizarse en paz.

Una de las ayunantes, Guadalupe Bargiela, militante ciega, escribió en estos días: “Sabemos del hambre del pueblo, de las personas con discapacidad… Y cómo nos hierve la sangre mientras nuestro Pueblo parece dormido… Me acuerdo de Carlos Mugica: ‘Señor, perdóname porque no se puede hacer huelga con la propia hambre. Yo me puedo ir, ellos no’. Las oraciones se oran, pero fundamentalmente se viven en la comunidad, la solidaridad, el abrazo.

Me dicen que soy la hija de Norita, me dicen que soy la hermana de todas las batallas. Estoy feliz donde tengo que estar, junto a mis compañeras y compañeros. Con Fabián Grillo (papá de Pablo), en el medio de la misa ricotera, me duele que Hay ruido de platos vacíos, como dijera el Indio. Y no vamos a dejar de luchar hasta que la dignidad sea costumbre.”

Hasta que todas, todes y todos, nos rebelemos con profundo y amplio amor político, que es amor por el Bien Común, el que nos propuso el papa Francisco, para rebelarnos contra la sordera pertinaz de tanta crueldad. Y, como nos recordara Quique Spinetta, que las únicas privilegiadas sean las niñeces, llegar a la ancianidad sea una bendición, y el trabajo sea derecho.

Paz y Bien Común, con Ni Una Menos, con Cristina, Milagro y cada presa y preso político libres, con Paula y Lucas -nuestros periodistas torturados en Libia- libres, con Palestina, Cuba y Nuestra América libres, con Justicia Social y Justicia Ambiental.

Amén.

(*) Hermano franciscano y cura en opción por los pobres. Escrito tras la semana de ayuno y oración de la Mesa Ecuménica en Plaza de Mayo.

Publicado en Página 12


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