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Serena Williams vuelve a su manera: ganando | Tenis | Deportes

Desde el mismo día que se retiró, el 2 de septiembre de 2022, Serena Williams dejó una puerta abierta al retorno. Esa noche, sobre la Arthur Ashe de Nueva York y con 41 años, la campeona de 23 grandes deslizó un mensaje enigmático antes de marcharse a cantar a un karaoke: “No lo sé… No estoy segura de si este ha sido mi último momento [en las pistas] o no”. La estadounidense no empleó en ningún caso la palabra retiro ni tampoco hablaba de un adiós, sino de “evolución”. “Ha sido divertido”, añadía. Y esa es, precisamente, la simple y llana causa de que ahora vuelva a la actividad profesional. ¿Dinero? No parece necesitarlo, teniendo en cuenta que posee una fortuna cifrada por la revista Forbes en 300 millones de euros. ¿Superación? Ya se pasó el juego, más que de sobra… Entonces, ¿por qué regresar con 44 años?

“En diciembre estaba charlando con unas personas sobre la posibilidad de hacer algo diferente, y al final pensé: ¿Por qué no? Es el momento para salir ahí fuera, divertirme y ver qué pasa”, contaba el domingo a los periodistas en Queen’s, marco oficial de un retorno que ahora, 1.375 días después, se produce en medio de una enorme expectación, la inherente siempre a una figura que cambió radicalmente las normas del juego —un entorno de ricos y blancos al que 40 años antes desafió Arthur Ashe— a base de orgullo racial, compromiso, fuerza y transgresión. De elegir su propia vía: ¿Por qué hacerlo por la ordinaria cuando se puede ser Serena, probablemente la mejor tenista de todos los tiempos? Ella, mujer poderosa. La revolución. Un antes y un después. “Welcome back, Queen”, le dedica hoy Google.

Y ahí está ella de nuevo, La Reina, sobre el verde impecable del club londinense y en compañía de la joven Victoria Mboko, quien como tantas otras, encontró en Williams y su instinto de lucha la verdadera fuente de inspiración. Una forma de creer y competir. “Me envió un mensaje mientras estaba jugando en Estrasburgo [a mediados de mayo]… Y le respondí: ¡Claro que sí!”. “Quiero jugar bien para ella, pero también quiero ganar. Y sé que ella también”, afirmó la jugadora canadiense, novena del mundo y escudera en esta vuelta que se resuelve a favor de ambas: 7-6(2) y 6-2 frente a las terceras cabezas de serie, Nicole Melichar-Martinez y Erin Routliffe. El torneo inglés no acogía un partido femenino desde hace más de medio siglo (1974). Nada parece casualidad.

“Nunca había podido jugar aquí, solo era para hombres…”, introduce. Teñida de rubia y con 15 kilos menos —así lo precisó ella—, Serena reaparece más o menos en la misma línea que lo dejó; es decir, con el golpeo, los reflejos y el instinto de siempre, aunque difícil calibrar el estado real de su motor; lógicamente, tras cuatro años alejada de la competición a las maniobras les falta fluidez. Por encima de todo, seriedad, concentración y el apetito que la distingue; con la tensión necesaria, pero a la vez muy relajada. Servicios que superan varias veces los 180 km/h. Menciona la entrevistadora tras el desenlace la brecha entre ella y su compañera, los 25 años que las separan. Y bromea: “Puedo hacerlo mejor, seguro… Pero ha sido muy divertido. No tenía nada mejor que hacer; estaba cansada de estar sentada en casa”. Se enfrentarán al dúo Leylah Fernandez-Laura Siegemund.

Perfil bajo

“No necesito ganar, he ganado más de lo que la mayoría de las personas gana en toda su vida; para mí eso no es lo importante”, expone la norteamericana, con 73 títulos individuales y 23 de dobles en la vitrina. “Es importante que siga recordándomelo, porque no tengo nada que demostrar; no tengo nada que perder, aunque sé que aquí [el deporte de élite] todo se basa en ganar”, prolonga Williams, madre de dos hijas, de 8 y 2 años. Ellas son, dice, el origen principal de su regreso: “Son muchas cosas, pero quiero que puedan verme jugar”. También hay quienes además del componente personal y deportivo, advierten tras la maniobra un fin comercial, puesto que su marido es inversor de la empresa (GLP-1) que distribuye el fármaco —Ro, para la diabetes, en la línea de otros que se han popularizado para el adelgazamiento— que ella misma se inyecta y promociona.

“Ahora podré experimentar algunas cosas de una manera distinta. No estoy poniéndome ninguna presión, ya he tenido suficiente presión”, agrega, mientras a su alrededor se especula sobre la posibilidad de que esta irrupción en el dobles tan solo sea el anticipo de una vuelta posterior al formato individual. “No puedo decir que sí, ni que no… Pero ahora mismo es un no. Siento que necesito entrenar más para eso, así que ya veremos. Ahora mismo no es el camino”, contesta. En cualquier caso, su presencia en Londres —también ha recibido una invitación para Berlín, la próxima semana— ha supuesto ya una descarga emocional para un circuito en el que abunda la calidad, pero no tanto el carisma ni el impacto a excepción del que posee la mediática Sabalenka.

Con ella y su legado sobre el verde, un torneo que pasaría desapercibido a ojos del gran público cobra una relevancia diferente y el tenis recupera un activo incomparable. “Es como Roger Federer, una leyenda de otro nivel”, indica la ucrania Elina Svitolina. “Es fantástico tenerla cerca”, apunta la inglesa Emma Raducanu. Y, preguntada por este periódico después de haber triunfado en Roland Garros con la rusa Mirra Andreeva (19), la preparadora Conchita Martínez responde: “Es una gran noticia para nuestro deporte, por supuesto. Es impresionante que haya decidido volver. Creo que primero se probará en dobles para ver cómo se siente, pero luego entran en juego muchos factores. Para jugar individuales hay que estar muy, muy preparada. Es algo muy personal, ya veremos qué sensaciones tiene”.


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