Puebla se entrega al frenesí por la Roja: “España siempre tiene cracks”

Había miedo de que Tláloc, el dios de la lluvia, frustrara el amistoso entre España y Perú en Puebla. Las lluvias, que empapan e inundan la ciudad, alertaron a los organizadores del partido del año para la ciudad poblana. Un amistoso, sí, pero con una fuerte carga simbólica porque jugaba una de las favoritas a ganar el Mundial. En Puebla, el espíritu mundialista podía más. No todos los días la campeona del mundo en 2010 visita México ni menos a días de que inicie la Copa del Mundo. La llegada del equipo vino acompañada de lluvia, mariachis y decenas de aficionados que esperaron por algún autógrafo. La cancha del Cuauhtémoc, horas previas al encuentro, fue cubierta con una gigante cobija de plástico para protegerla. No hubo necesidad, hubo espectáculo de Pedri y compañía con la victoria ibérica (1-3).
El España-Perú impulsó el movimiento de turismo las calles de Puebla. En el Centro Histórico se veían las camisetas rojas españolas, algunas del Barcelona y del Real Madrid. También había algunos peruanos que, pese a no ir al Mundial, se suman al festín del Mundial que arranca este jueves 11 de junio. No vinieron Nico Williams ni Lamine Yamal por recomendación médica, pero había cientos de camisetas en honor al jugador del Barça, uno de los favoritos de la afición mexicana. Sí vinieron Rodri, ganador del Balón de Oro en 2024, Pedri, Marc Cucurella y Mikel Oyarzabal.

Gabriel Martínez apura a su hijo de 14 años, Bryan, para que se aproxime a tomarse una fotografía con una de las decenas de banderas españolas que hay en el exterior del Cuauhtémoc. El padre luce su camiseta del Barça, el hijo la segunda equipación crema de España. Nunca ha visto un partido de selecciones, ni siquiera de la selección mexicana que los juega casi todos en Estados Unidos. “Es mi primer partido oficial, una selección europea. Es una selección favorita para ganar el Mundial”, comenta. Ambos vienen de Córdoba, Veracruz, a tres horas de distancia. En cuanto termine el partido tendrán que regresar corriendo a la central de autobuses para volver porque su trabajo como cocinero en un restaurante de mariscos le espera.
Las Marías también llegan al estadio con antelación, vestidas con los colores de la bandera española. “Ahí está el sustituto de Messi: Yamal. Yo recuerdo a Andoni Zubizarreta y empecé a apoyar a España por el Pentapichichi [Hugo Sánchez]. Soy del Barça, pero reconozco que el Real Madrid compite”, cuenta la madre, de 52 años. “España siempre tiene cracks. Nosotros apoyamos primero a España en casa porque México… De corazón quisiéramos que les fuera bien, pero las grandes ligas están en Europa”, agrega. Todos lucían, aunque hiciese un poco de fresco, su camiseta roja y en la mano el chubasquero por si el cielo se caía.

Un partido bajo la lupa del Ejército
Las entradas para ver este amistoso iban de los más de 2.000 pesos (100 euros) hasta los 5.310 pesos (263 euros). Eran elevados los costes, por lo que los organizadores empezaron a hacer un descuento del 30% para los vecinos de la ciudad. La seguridad para este partido era altísima con cientos de miembros de la Guardia Nacional y del Ejército mexicano en los alrededores del estadio. Las autoridades cifraron en 1.780 los elementos que resguardaron el lugar.
Cuatro horas antes del comienzo del amistoso, un colectivo de búsqueda de personas desaparecidas protestó en el estacionamiento del estadio para lanzar consignas para esclarecer el paradero de sus hermanos, hijas, esposos. “La pelota vuelve a casa. Y nuestros desaparecidos, ¿cuándo regresarán a casa?“, se leía en uno de los carteles. Este tipo de escenas se han multiplicado en los estadios mexicanos con tinte mundialista. Para la inauguración en el Estadio Azteca se espera una masiva manifestación.
Un partido como premio de consolación
Yaret Fernández, de 37 años, está sentada junto a su hija Arantxa, de 10 años. Ambas vienen de la Sierra de Zongolica, en Veracruz. Fernández es docente y quería venir a Puebla a ver a Pedri. “Somos barcelonistas. Nos gusta mucho Pedri, venimos aunque sea a verlo de lejitos. Esto es un gran premio de consolación porque los boletos para el Mundial son caros. Esta era nuestra oportunidad de verlos y de disfrutar con mi hija”, cuenta mientras acomoda una bolsa con frituras y a lo lejos vislumbra a los futbolistas españoles que reconocen, por primera vez en sus vidas, un estadio mexicanos.
Hay mexicanos que creen que el Mundial es una fiesta que, en parte, organizan y de la cual se sienten excluidos. En Puebla, Toluca, León y Torreón, por ejemplo, se sintieron en fuera de lugar de esta Copa del Mundo por no contar con un partido mundialista ni ser sede de entrenamiento de alguna selección. En Cancún, la selección uruguaya se concentrará en el lujoso Mayakoba Training Centre; en Pachuca se quedó Sudáfrica; en Guadalajara harán base Colombia y Corea del Sur; en Monterrey han ido los japoneses y luego llegará la delegación de Túnez. A ellos se une Irán en Tijuana. Así que cualquier amistoso en las ciudades excluidas era visto como una excusa para montar un festival y más con la visita de la selección española, ganadora de la última Eurocopa.
Puebla tiene mucha conexión con el fútbol de élite. En el Mundial de 1970, Puebla fue una de las cinco ciudades que albergó el Mundial. En esa edición le tocó ser sede de Uruguay, quien enfrentó en el pasto del Estadio Cuauhtémoc a Israel, Italia y Suecia. El recinto tenía menos de dos años de haberse construido. Para el Mundial de 1986, Puebla fue elegida entre las nueve metrópolis para volver a tener partidos y quizá de un espectáculo mayor: el empate 1-1 entre italianos y argentinos, comandados por Diego Armando Maradona. Ahí también se jugó un Corea del Sur-Italia (2-3). Los poblanos disfrutaron de lo lindo tener un Argentina-Uruguay (1-0) de octavos de final y uno de cuartos de final que los une a España: la derrota en penaltis de la Roja ante Bélgica. La generación de Emilio Butragueño estuvo cerca de estar entre las cuatro mejores del mundo y de enfrentar a Maradona. “Mi amargura y decepción no se las deseo a nadie”, dijo Eloy, quien falló su chute frente al meta Jean Marie Pfaff. Hoy España sueña lindo porque sabe que tiene un plantel lleno de arte.
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